Dinero del FMI no rescatará al bolsillo del venezolano, advierte economista Omar Zambrano
Los cinco mil millones de dólares que Delcy Rodríguez anunció que Venezuela reclamará al Fondo Monetario Internacional (FMI) no pueden usarse para proyectos ni para mejorar los salarios. El economista Omar Zambrano explicó en Noche D de TalCual que ese dinero está destinado, en teoría, a fortalecer las reservas del Banco Central, no el bolsillo de los venezolanos. Aunque también apunta alternativas para sacarle el mejor provecho
La encargada del Ejecutivo, Delcy Rodríguez, anunció esta semana que Venezuela pedirá formalmente al Fondo Monetario Internacional (FMI) acceso a aproximadamente cinco mil millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG), fondos que habían quedado congelados desde la pandemia por la disputa sobre qué gobierno era el legítimo representante del país. El anuncio generó expectativa, pero también confusión sobre el alcance real de esos recursos.
«No, sencillamente», respondió el economista Omar Zambrano cuando se le preguntó en el programa Noche D de TalCual si ese dinero podía destinarse a los fines que describió Rodríguez: electricidad, agua, estabilidad cambiaria y recuperación del ingreso de los trabajadores. Zambrano, economista jefe de la firma Anova y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, fue categórico: los DEG son un activo de la República que pertenece al Banco Central y su propósito es fortalecer la posición financiera del país frente al resto del mundo, no financiar gasto público ni proyectos de inversión.
Esta semana, Delcy Rodríguez dijo que «son 5.000 millones de dólares que tenemos en el Fondo Monetario Internacional para que podamos recuperar infraestructura vital, electricidad, agua». Pero ese dinero no debería tener ese destino.
Zambrano no descartó que Miraflores decida darle a esos fondos un uso distinto al técnicamente previsto. «El chavismo creó el Fondo Nacional de Desarrollo, el Fonden, básicamente alimentado con dinero que sacó de las reservas internacionales del país. Entonces, eso es posible hacerlo», dijo. Pero subrayó que, en ese caso, se estarían desviando recursos de su función original.
Sin embargo, el economista sí identificó una vía legítima y estratégica para que esos recursos terminen beneficiando la inversión nacional: usar una parte de los DEG para saldar las deudas que Venezuela mantiene con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Corporación Andina de Fomento (CAF). Ponerse al día con esos organismos multilaterales abriría la puerta a solicitar nuevos préstamos con ellos —estos sí destinados a proyectos concretos de infraestructura y servicios— que de otra forma están vedados mientras el país permanezca en mora. Sería, en palabras de Zambrano, un uso indirecto pero mucho más productivo de los fondos del FMI.
¿Qué son los derechos especiales de giro del FMI?
Los DEG son la unidad de cuenta del FMI. Durante la pandemia, el organismo aprobó una asignación extraordinaria a todos sus países miembros para reforzar sus balanzas de pago. A Venezuela le correspondió su parte, pero el dinero quedó en suspenso porque el directorio del FMI decidió no reconocer ni al gobierno de Nicolás Maduro ni al interinato de Juan Guaidó mientras la disputa política permaneciera sin resolver. Esa situación cambió recientemente, cuando el organismo, con mediación del gobierno de Estados Unidos, reconoció a la administración encabezada por Delcy Rodríguez como el interlocutor legítimo.
«No es deuda, es un activo que tiene la República de Venezuela en sus cuentas en el Fondo Monetario», aclaró Zambrano. Sin embargo, insistió en que tampoco es «dinero fresco» disponible para el gasto: «ese dinero debería venir a fortalecer las reservas internacionales del Banco Central y no ser gastado inmediatamente».
El antecedente inmediato es el año 2020, cuando Maduro ya había intentado acceder a esos mismos fondos. En aquel momento, el vocero del FMI para el hemisferio occidental, Rafael Anspach, explicó que la solicitud no podía procesarse por falta de reconocimiento. A eso se sumaba el historial de ruptura: en 2004, Hugo Chávez ordenó cerrar la oficina del FMI en Caracas y expulsar a sus funcionarios.
El bolsillo, el problema que no espera
Más allá del debate sobre el FMI, Zambrano llamó la atención sobre una amenaza más inmediata para los venezolanos comunes: el riesgo de que la inflación vuelva a descontrolarse. Venezuela ha logrado reducir la hiperinflación de los años anteriores, pero el economista advirtió que la estabilidad macroeconómica sigue siendo frágil. Las reservas internacionales son «extremadamente precarias», lo que presiona al mercado cambiario y, con él, a los precios. Los salarios reales siguen sin recuperarse y la brecha entre el ingreso de los trabajadores y el costo de vida continúa siendo uno de los problemas estructurales más graves del país.
En ese contexto, los cinco mil millones de dólares del FMI, aunque sean un activo real de Venezuela, difícilmente representarán el alivio inmediato que el discurso oficial sugirió.
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