Y con las mismas órdenes de siempre, por Luis Ernesto Aparicio M.
Hay una frase que quiero rescatar de uno de mis artículos y que vuelve a aparecer cuando uno observa lo que está ocurriendo en Venezuela: cambiar para que nada cambie. La frase es de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en El Gatopardo.
Pero, más allá de su origen literario, pocas expresiones parecen describir mejor el riesgo de una política en la que algunos elementos del poder cambian mientras otros permanecen prácticamente intactos.
El más reciente informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de las Naciones Unidas sobre Venezuela vuelve a colocar esa preocupación sobre la mesa. Porque, aunque en Venezuela comienzan a observarse algunos cambios y se han producido decisiones que durante años parecían imposibles, la pregunta fundamental sigue siendo qué ocurre con las estructuras que hicieron posible la persecución, la represión y la violación sistemática de los derechos humanos.
Pues la respuesta la dejaron ver los mismos organismos de represión que se mantienen agazapados para saltar y actuar de inmediato, bajo las mismas órdenes que se han mantenido vigentes a lo largo de las dos décadas en las que el régimen, con sus mismos protagonistas, se ha mantenido en el poder.
Esa respuesta fue la detención del exalcalde de Carora, estado Lara, Javier Oropeza, ocurrida pocas horas después de que saliera a la luz pública el referido informe.
Esta detención permite confirmar lo que el texto emanado de la instancia multilateral deja más que evidente: los métodos de persecución y captura, y quién sabe qué otras prácticas, se mantienen activos. Y ese ha sido el caso de un dirigente al cual los medios de comunicación tienen acceso y cuyos hechos son ampliamente reseñados.
Para aquel que no posee la relevancia política del señor Oropeza, pero que, según el gobierno, debe algo, político o hasta personal, la situación puede ser mucho peor porque su caso puede pasar desapercibido, a pesar de la existencia de organizaciones civiles que hacen seguimiento a estos últimos.
El asunto es que en Venezuela no se puede hablar, aún, de que existen las condiciones para que sus ciudadanos puedan contar con las libertades suficientes como para vivir en paz en su país. Y eso es lo que han confirmado tanto la detención del mencionado político como el informe, que, por cierto, va mucho más allá.
El informe, además de dejar claro que el riesgo de persecución política solo se ha pausado, señala que los grupos de civiles armados se mantienen en su función de amedrentamiento y control social, en donde se podría ubicar la vigilancia y delación, conocida popularmente en Venezuela como «sapeo». Lo que significa que el miedo a la protesta, pese a que se han visto algunas manifestaciones, se mantiene latente por aquello de que algo pueden hacer en contra de quienes manifiestan o de sus familiares.
De tal manera que, para quienes dudan o tratan de esconder la verdad, la advertencia que surge del informe de Naciones Unidas es clara: el aparato estatal y los mecanismos que durante años permitieron ejercer la represión no desaparecen simplemente porque se estén produciendo tímidos cambios y algunas conversaciones en el escenario político.
Las estructuras de seguridad, inteligencia, justicia y control que fueron –y son– utilizadas para perseguir la disidencia requieren algo más que una nueva orientación política. Requieren ser cambiadas, junto con quienes las han dirigido y han sido responsables de su funcionamiento.
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Porque si quienes ayer tuvieron la capacidad de perseguir, detener, intimidar o silenciar continúan ocupando posiciones de poder y las instituciones que lo hicieron posible siguen funcionando bajo las mismas lógicas, entonces el cambio puede ser mucho menor de lo que intentan aparentar.
El verdadero cambio, por tanto, no debería preguntar solamente quién gobierna Venezuela, sino qué Estado queda después de tantos años de autoritarismo. Y esa diferencia puede determinar si estamos realmente ante el comienzo de una nueva etapa o simplemente ante una nueva forma de administrar las estructuras de la anterior.
Luis Ernesto Aparicio M. es periodista, exjefe de prensa de la MUD
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