¿Bueno… y la justicia?, por Fernando Rodríguez
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Uno oye hablar de muchas cosas en este camino de tres etapas (no se sabe la extensión ni los contenidos de estas, pero valga) hacia la democracia en Venezuela, transición de una desalmada tiranía patrocinada y amada ahora por la democracia norteamericana; no sé y creo que nadie sabe cómo se engendró el monstruo, el raro animal, pero ahí está y hay que vérselas con él.
Se habla de presos políticos, CNE, Tribunal Supremo, libertad de expresión, petróleo por siglos y otras banderas. Se habla a media lengua, es decir, no del todo, y, si se quiere, en dos lenguas: gringa y criolla; o mejor tres, porque están salpicadas de un recurrente argot malandro, mafioso.
Pero de lo que no oigo hablar es de justicia, simplemente quién va a pagar por los delitos contra los derechos humanos, innúmeros; por la corrupción que se considera la más grande de América Latina, de toda su historia republicana (para decirlo a lo Trump); por los millones de migrantes y las familias deshechas; por la difícil hazaña de medio matar el petróleo; por acabar con los sueldos o prostituir todas las instituciones… en fin, por acabar un país que no era el Paraíso, digamos, pero tampoco el Infierno.
¿O eso no cuenta? Nos vamos a reconciliar, dicen, pero así no más, me pregunto, ¿sin culpables de semejante hecatombe de treinta años? ¿Quién me devuelve mi sueldo envilecido de profesor de la UCV o mis hijas que tuvieron que huir al exterior para sobrevivir, cuando más las necesitaba por viejo (tono María Corina esta vez, pero es la pura verdad)? A todo eso tan simple y evidente llamo delito y merece justicia.
El rector Peraza de la UCAB, cuyo verbo me gusta, preciso y seco, sin mezclar de mala manera religión y política, planteaba en estos días que sí, el país debe reconciliarse, pero, sin que sea venganza, hay que castigar los crímenes cometidos.
Lo que no explicita es cómo se pueden conciliar esa mano tendida y la aplicación de la justicia, aparentemente contradictorios. Bueno, es un problema mayor de toda transición que va de cortar cabezas a granel simplemente a hacerse los locos por mucho tiempo y apostar al olvido.
Pero es toda una disciplina jurídica que pretende castigar el pasado criminal, en especial sobre derechos humanos, advenir a la paz y la concordia y consolidar un Estado democrático y sus instituciones. Nada menos, pero en realidad se hace como se puede. Y menos se puede que se hace.
A veces se apela a fórmulas tan raras, por ejemplo, que las víctimas juzguen a los victimarios para que fusionen perdón y venganza o que haya macrosentencias que engloben cantidad del mismo delito o parecido (Paz en Colombia).
Bueno, lo que quiero subrayar es que nadie se está ocupando, ni siquiera la veo programada, las instituciones y maneras que algún día se emplearán para que tanta barbarie y crueldad no solo queden impunes sino que no se repitan.
*Lea también: Y con las mismas órdenes de siempre, por Luis Ernesto Aparicio M.
No sé si hay un veto trumpista, quien ama tanto sus ayatolas caribeños que impide hablar de lo que no se debe. Es posible, con Donald todo es posible. De haberlo, habría que tratar de levantarlo, ¿no le parece, patriota?
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