Volver a escuchar, por Stalin González
Como país, atravesamos un momento político profundamente complejo. Después de años de crisis, confrontación, desgaste institucional y fractura social, enfrentamos el enorme desafío de reconstruir confianzas, fortalecer liderazgos y reencontrarnos como nación. No se trata únicamente de pensar en un cambio político, sino también de entender qué cosas deben corregirse, qué errores no pueden repetirse y qué tipo de relación necesita recuperarse entre la dirigencia y la gente.
En medio de ese proceso, la política venezolana también necesita hacer una reflexión profunda sobre sus errores y desconexiones. Mientras millones de ciudadanos enfrentaban las dificultades de la crisis, muchas veces el debate político se alejó de las preocupaciones y necesidades de las comunidades. Reconocer eso no debería verse como una debilidad, sino como un paso necesario para recuperar la confianza y volver a conectar con el país real.
La crisis venezolana no solo deterioró salarios, servicios públicos y oportunidades. También agotó emocionalmente a millones de familias que viven haciendo sacrificios para mantenerse de pie. Hay padres que trabajan sin descanso y aun así no logran cubrir lo básico. Jóvenes que crecieron viendo partir a sus amigos y familiares. Comunidades enteras acostumbradas a vivir entre apagones, escasez de agua e incertidumbre.
La gente ya no espera dirigentes inalcanzables ni discursos perfectos. Espera honestidad y capacidad de resolver. Hoy el liderazgo se construye caminando las calles, escuchando reclamos y entendiendo que la crisis no es una consigna política ni una estadística: es una angustia diaria.
Esta realidad nos obliga a ir mucho más allá de los discursos, las redes sociales o las coyunturas nacionales. Hace falta acompañar más, recorrer las comunidades y volver a compartir la vida cotidiana de la gente, porque representar sus angustias y defender sus necesidades es parte esencial de nuestra existencia.
Hoy más que nunca, la política venezolana necesita fortalecer valores como la humildad, la organización y la cercanía. Ningún proyecto democrático podrá consolidarse sin mantener un vínculo permanente con las comunidades y con quienes, pese a todas las dificultades, siguen sosteniendo al país todos los días desde sus barrios, pueblos y ciudades.
Durante años se intentó instalar la idea de que participar, resistir y mantenerse presentes equivalía a rendirse. Pero abandonar espacios nunca alivió el sufrimiento de la gente ni mejoró sus condiciones de vida. Al contrario, dejó a muchas comunidades sin representación y sin voces capaces de defender sus problemas cotidianos. Cruzarse de brazos nunca ha sido una solución.
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El reto que viene exige preparación, constancia y una política mucho más cercana a la realidad del país. Venezuela necesita instituciones fuertes, transparencia, estabilidad económica y condiciones que permitan recuperar el valor del trabajo. Pero también necesita dirigentes que entiendan que la reconstrucción nacional comienza mucho antes de cualquier cambio político.
Y aun en medio de tantas dificultades, Venezuela conserva algo invaluable: la esperanza. Está en quienes siguen apostando por sus comunidades, ayudan al vecino y se niegan a resignarse. La tarea de la política debe ser precisamente acompañar esa esperanza y convertirla en organización, presencia y resultados reales para todos. Porque ningún país puede reconstruirse si su política deja de caminar junto a la gente.
Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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