Venezuela: lo que no me gusta, echo de menos y quisiera ver, por Arturo Araujo Martínez
Lo que no me gusta de lo que leo, escucho y veo a través de la prensa o a través de las redes sociales que tratan el tema de lo que viene ocurriendo en Venezuela desde el 3 de enero del 2026 hasta hoy, es constatar con demasiada frecuencia y altisonancia las expresiones de pugnacidad, revanchismo, de intereses personalistas o partidistas, de miserias y mezquindades de no pocos venezolanos. Sean líderes políticos o sociales, «comunicadores», o simples ciudadanos, parecen olvidarse que a todos conviene el retorno de la democracia a Venezuela , y que esto no es ni tarea fácil ni se decreta de un día para otro.
Echo de menos la ausencia de posturas ciertas, reales y relevantes de una oposición unida; de contar con muchas voces que se expresan en una misma voz, que se escuche en todo el país y en las naciones que pueden influir en cambiar la realidad interna.
Voces y voz inteligentes, calmas, pacientes, que se den tiempo y lo inviertan en entender, conciliar, buscar y encontrar los acuerdos básicos necesarios con quienes haya que acordar, priorizando aspectos urgentes e importantes de alto impacto, y postergar para después lo no urgente y de menor impacto.
A partir de ahí, toca jugar un partido que va a ser largo y difícil, jugarlo de manera más determinante de lo que lo hemos hecho. Eso se traduce en hacer equipo junto con los jugadores que realmente están en el terreno, aceptándolos como realmente son: desde sus características de personalidad, pasando por las posiciones de poder e influencia que realmente tienen. Debemos asumir que las reglas de juego ayer fueron unas, hoy son otras y mañana podrán ser más o menos favorables.
Dependiendo de si ganamos o perdemos influencia en el juego, sabiendo estar y mostrarnos unidos —We are in the game, not waiting on the sidelines — pondremos reglas y jugadores más democráticos e inclusivos. Esos son hechos a lograr, acuerdos reales que alcanzar y hacer que se cumplan en el tiempo y en las palabras. Debemos demostrar que podemos ser algo más que rivales entre nosotros, ganarnos el puesto y demostrar que en este nuevo escenario de cambios podemos seguir siendo protagonistas de cambios positivos.
Sí, hay que ponerse casco y protectores; tocará mojarse cuando llueva, ensuciar las botas en fango y tragar grueso muchas cosas que querremos cambiar más adelante. Pero, si realmente asumimos que la libertad y la democracia en Venezuela todavía está por ser alcanzada, valdrá la pena.
Nos falta mucha dosis de «ubicatex» a todo el espectro opositor, ampliar el lente, ser más humildes, modestos y moderados a la hora de sentenciar un nuevo partido cuando apenas está comenzando; desechar la descalificación a los que estamos en la misma acera en momentos tan críticos, tan confusos, tan inciertos y, probablemente, tan determinantes para el país.
Perdónenme si lo digo alto y claro, pero estoy hasta las narices de tanta división, de tanta descalificación, de tantos que analizan realidades actuales y escenarios futuros desde sus posiciones de «mariaconinistaslovers», de «trumpistaslovers», de antimariaconinistas o antitrumpistas irreductibles. Me cansa ver todo a través de esos cristales que ensucian los análisis sobre la realidad país, que nos sesgan y mal llevan.
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Quisiera ver más reflexiones serenas, oír hablar de hechos reales sin ser contaminados por esas visiones tan parcializadas y distorsionadas por afinidades y odios a este u otro personaje. Es deseable ver las realidades como son, contextualizarlas por elementos sólidos y concretos, mucho sentido común y, sobre todo, asumir que lo que estamos viviendo no es un momento detenido en el tiempo; está en movimiento y será cambiante. Esto último puede ser visto como una amenaza, pero también como una oportunidad. Convirtamos los limones en refrescantes limonadas. Solo así se abre espacio para la esperanza, para eso que llamo «optimismo prudente».
La imagen de portada fue creada con IA
Arturo Araujo Martínez es economista, exdocente de Economía de la UCV y empresario en activo. Fue director de Planificación Estratégica de Alimentos Polar; director de Industrias PMC.
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