Venezuela en la penumbra, por Stalin González
Cada mañana, millones de venezolanos despiertan para enfrentar una nueva jornada marcada por condiciones de vida adversas. Incluso antes de salir de casa, las dificultades se hacen presentes: el aseo personal se ve afectado por los constantes cortes de agua potable y el desayuno suele ser insuficiente debido a que los salarios no alcanzan para cubrir la cesta básica.
Las carencias del transporte público hacen cuesta arriba su traslado al trabajo y la inflación obliga a muchos a tener dos o más empleos. El almuerzo y la cena también son modestos. Para millones de familias, hacer las tres comidas excede sus posibilidades. Al regresar a casa, su hogar está sumido en las tinieblas debido a los apagones diarios.
A esta realidad se suma el deterioro de los servicios públicos esenciales. Los hospitales se encuentran sin insumos, los colegios no están en condiciones para atender a nuestros chamos y 8 millones de compatriotas –familiares y seres queridos– fueron obligados a migrar por la crisis.
Por si fuera poco, alzar la voz te hace un blanco de la censura, la represión y la criminalización. Supervivencia permanente, calidad de vida inexistente.
Veintisiete años. Tiempo para hacer de la pesadilla una realidad cotidiana. Veintisiete años en los cuales un puñado se enriqueció a costa del país, de nuestro futuro. Y pese a las millones de vidas afectadas y las familias fragmentadas, ni siquiera veintisiete años parecen haber sido suficientes.
Hoy se habla nuevamente de reformas, pero también parecen nuevamente promesas vacías. Mientras tanto, la crisis continúa agravándose. En las últimas semanas, las fallas eléctricas se han hecho aún más frecuentes y severas a lo largo y ancho del país.
Las cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida 2025 (ENCOVI 2025) son contundentes. En Venezuela el 90% de los hogares sufre cortes diarios o esporádicos en el servicio eléctrico. Aproximadamente el 40% de los hogares del país sufre cortes cada día que duran horas.
En Mérida, Táchira, Lara, Zulia, Yaracuy, Apure, Carabobo y Portuguesa las familias reportan ciclos diarios de racionamiento no anunciado. Puede ocurrir en cualquier momento, sin aviso alguno. Y la duración de los mismos es igual de incertidumbre.
Sin electricidad no hay calidad de vida, no hay comercios que puedan funcionar correctamente, no hay reactivación económica. Vivimos en una penumbra física con cada apagón, pero también en una penumbra que abarca nuestra salud mental entre tanta incertidumbre.
El 22 de marzo de este año, hablaron de un «plan de ahorro energético» para hacer frente a un fenómeno solar. El tiempo pasó, pero las fallas empeoraron.
El 7 de este mes proclamaron que la demanda de electricidad del país era demasiado alta, por lo que empezarían a trabajar en un proceso para reestructurar el sistema eléctrico nacional. Sin embargo, sus promesas no son nuevas.
En el año 2010 Hugo Chávez firmó un decreto para la “emergencia eléctrica”, con el objetivo de recuperar el sistema con grandes inversiones del Estado, porque las fallas continuas eran evidentes. De todo esto queda claro que son incapaces de solventar la crisis que ellos mismos ocasionaron.
Nuestro sistema eléctrico necesita una reestructuración urgente. Pero solo podrá ser posible tras un cambio político que dé pie a un proceso democrático real, donde las instituciones del Estado trabajen por y para los ciudadanos.
¿Por qué? Solo unas instituciones democráticas podrían esclarecer públicamente el deterioro de la infraestructura nacional, y con base a estas evaluaciones, trazar una planificación realista sobre qué ruta tomar lo antes posible.
De esta forma, se harían bajo supervisión las inversiones y trabajos necesarios para dar fin a la crisis y el sufrimiento de los venezolanos. De lo contrario, los apagones seguirán persistentes.
Queda mucho trabajo por delante, pero la meta no es imposible. Si los venezolanos unimos esfuerzos y perseveramos, será posible construir un país donde cada hogar pueda disfrutar nuevamente de calidad de vida. Dejar atrás la penumbra sí es posible.
Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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