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Vecinos permanecen en edificios con etiqueta roja pese al miedo y en rechazo a refugios



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Luna Perdomo | agosto 8, 2026

Más de un mes después del doble terremoto, decenas de familias siguen viviendo en edificios que el Estado catalogó como de alto riesgo y los marcó con etiqueta roja. Entre grietas, miedo e incertidumbre, rechazan los refugios porque abandonar sus hogares también significa dejar atrás la vida que construyeron durante décadas

Fotos: Luna Perdomo


Desde hace poco más de un mes, Alex Paris y su esposa dejaron de acostarse en la habitación en la que pasaron casi cuatro décadas. Ahora extienden lo necesario para dormir en la sala del apartamento para estar más cerca de la puerta. Si la tierra vuelve a temblar, creen que estar a pocos metros de la salida puede hacer la diferencia para ponerse a salvo.

Su habitación, la que era de su hijo, y las demás paredes siguen allí, marcadas por las grietas y separaciones que los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 dejaron el pasado 24 de junio: «La fosa del ascensor está dentro del apartamento, esa pared se abrió completamente. Yo dije: ‘Hasta aquí llegué, me morí'», recuerda Paris, de 61 años de edad.

Él y su esposa siguen viviendo en el edificio ISSA, ubicado en la parroquia Altagracia, en el centro de Caracas, pese a que la inspección de la Comisión Presidencial dejó la infraestructura con una etiqueta roja, que advierte que el edificio presenta daños de alto riesgo y requiere nuevas evaluaciones.

«Peligro. No entre ni ocupe (esta etiqueta no es una orden de demolición). Esta estructura ha sido inspeccionada, encontrándose daños severos y es insegura para ser ocupada de acuerdo a lo siguiente: daño estructural en vigas. Piso 1 (2) y muro. Mampostería (8)», avisa el letrero pegado en la entrada del edificio, pero parece que los vecinos pasan y ya ni siquiera lo miran; no es que ya no sienten miedo, es que se están adaptando a vivir con él.

Edificio en rojo terremoto

Francisco Garcés, presidente de la Comisión Presidencial para Evaluación de Habitabilidad de Infraestructura, informó que han inspeccionado más de 32.000 edificaciones en el país como parte del plan de evaluación de daños. Precisó que un total de 18.139 edificaciones quedaron con etiquetas de color verde, 7.199 edificaciones con color amarillo y 7.147 edificaciones con color rojo.

El edificio ISSA fue clasificado entre los críticos, pero antes había recibido por parte de bomberos, funcionarios de Protección Civil y otros ingenieros particulares una calcomanía de color amarillo, quizás la dualidad es la que hace que la estructura no se vacíe al 100%.

*Lea también: Entre carpas y edificios rotos: un mes después, algunos esperan en refugios improvisados

Aunque muchos de los vecinos, principalmente los que tienen niños, abandonaron sus casas, detrás de las paredes de este edificio de 10 pisos y más de 100 apartamentos siguen habitando decenas de familias, pese a que parece una decisión incomprensible, algunos admiten que no tienen un mejor lugar a dónde ir.

«Sí me da un poco de miedo, pero uno no tiene para dónde ir. Han hecho varias inspecciones y dicen que las columnas, vigas y bases del edificio están bien. Creo que la etiqueta roja más que todo la pusieron por la situación en la que se encuentra el piso uno, que es el más afectado», expone Alex Paris, habitante de ese nivel.

Edificio en rojo terremotos
Edificio en rojo terremotos
Edificio en rojo terremotos

Durante 38 años esta familia ha construido su vida allí. En ese apartamente creció su hijo y cada pared guarda fotografías de graduaciones, de su nieto, de los seres queridos y es prueba de los años de trabajo: «Este apartamento se compró con mucho esfuerzo. Esto me lo gané yo con el trabajo de mi esposa y mío. Aquí está mi vida. A mí nadie me regaló esto», precisa el hombre.

Alex Paris explica que tampoco es que tenga tanto miedo porque cree que no volverá un movimiento tan fuerte y enumera otras razones por las que permanece en su hogar: «Por lo menos aquí tengo agua, luz, internet, puedo cocinar y tengo mi intimidad».

Al ser consultado sobre la posibililidad de irse a uno de los campamentos habilitados por las autoridades para atender la emergencia, responde firmemente: «No, no, no me iría a un refugio. Si de verdad tengo que salir, saldría, pero trataría de no ir a un refugio. Tampoco me quiero morir aquí«.

Este hombre afirma que semanas después de los fuertes sismos, las paredes ya no crujen, pero admite que las grietas se han abierto un poco más.

Edificio en rojo terremotos

En el edificio ISSA la normalidad desapareció y varios vecinos se marcharon con ella. Otros regresaron a los pocos días del 24 de junio y algunos van y vienen a recoger sus cosas o para revisar cómo evoluciona la situación en su edificación. Los que se mantienen revisan las tuberías, las fisuras y se reorganizan en su nueva rutina, que hasta les modificó el horario del agua.

Serge Planas, profesor de Artes Plásticas de 54 años de edad, vuelve a su casa varias veces por semana. Vive temporalmente donde su suegra para darle tranquilidad a su esposa, pero se niega a abandonar por completo su apartamento, donde ha vivido desde niño.

Detalla que cada vez que sube las escaleras se enfrenta a una realidad que le cuesta aceptar. Describe que las primeras veces que volvió sentía un vaivén, «una sensación rara, como de ansiedad, de miedo. Ahora es como un dolor».

La percepción de Planas es que el tiempo avanza y las respuestas tardan en llegar. Según cuenta a TalCual, tras la colocación de la etiqueta roja les informaron que una nueva comisión de ingenieros regresaría para determinar qué reparaciones son necesarias. Han pasado más de cinco semanas desde el terremoto y la segunda evaluación no se ha hecho.

Edificio en rojo terremotos

Serge Planas solicita a las autoridades entender la dimensión humana de la tragedia.

Mientras tanto, tampoco pueden iniciar los trabajos estructurales por su cuenta porque no están autorizados ni a martillar porque los movimientos pueden causar otros daños.

Serge Planas dice sentir mucha preocupación y confiesa que su esposa siente mucho miedo: «Se pone a llorar». También condena que pese a que ella trabaja en el Ministerio para la Mujer no ha recibido ninguna asesoría especial sobre qué hacer de ahora en adelante.

Al igual que Paris, Serge Planas se niega a ir a un refugio: «De irme para el refugio no. Eso sí me da miedo por todas las cosas que se oyen. He ido a visitar personas a refugios y salgo peor por las condiciones en que viven: en las carpitas, durmiendo en el suelo, unos enfermos..».

Edificio en rojo terremotos

 

Los vecinos aseguran que durante las primeras semanas recibieron la visita de ingenieros estructurales, patólogos, funcionarios de Protección Civil y bomberos. Las inspecciones, recuerdan, se prolongaban durante horas. Revisaban desde los sótanos hasta la azotea, observaban las columnas, las vigas, las tuberías y el estado de los apartamentos más afectados.

*Lea también: Dudas sobre etiquetas se suma a desconfianza sobre inspecciones en edificios tras sismos

Los residentes insisten en que los principales daños del edificio ISSA son en paredes y mampostería y que algunas vigas necesitan reforzamiento, pero que las reparaciones son posibles; según les indicaron los primeros ingenieros en visitar la estructura. En ese sentido, rechazan que la visita de la Comisión Presidencial apenas duró, según dicen, unos pocos minutos con un criterio de multiplicaión de paredes dañadas: «Ahí fue cuando empezó realmente la angustia», dice Zuleima Merlo, una de las residentes con más de cuatro décadas viviendo en ese edificio.

La clasificación no vino acompañada de un cronograma de reparaciones ni de instrucciones claras para quienes siguen habitando el inmueble y están en incertidumbre: «Hemos ido a la Alcaldía (de Caracas) buscando información y no hay respuestas. Nos mandan de un lado para otro. Lo que necesitamos es claridad», resume Merlo, de 67 años de edad.

Edificio en rojo terremotos

Zuleima Merlo, habitante del edificio ISSA, etiquetado en rojo tras los terremotos

«Más allá de las grietas, creo que la mayor grieta es la emocional», enfatiza Zuleima Merlo, quien también admite que vive entre la angustia y el miedo y cuenta que una de las ingenieras oficiales les recomendó: «Muévanse por su lado, empiecen a buscar porque aquí hay mayores prioridades».

Muchos de los inmuebles afectados fueron construidos hace más de medio siglo y en ellos viven personas mayores que compraron sus apartamentos décadas atrás, cuando aún se podía acceder a un crédito hipotecario o ahorrar para adquirir una vivienda propia. En la actualidad, con pensiones insuficientes, salarios deprimidos y un mercado inmobiliario prácticamente innaccesible, mudarse inmediatamente es una posibilidad irreal para la mayoría.

Merlo llegó al ISSA hace 43 años, allí formó su familia, creció su hijo y pasó gran parte de su vida participando en la junta de condominio. Conoce las tuberías, las filtraciones, los ascensores, las llaves de paso y opta por quedarse porque «no puedo abandonar el barco», dice y admite: «Soy muy nerviosa. Me ha pasado factura (la vivencia con los terremotos). Me mandaron hasta de reposo».

Cada mañana, cada día, en cada momento que pueden, Zuleima Merlo y muchos otros vecinos bajan las escaleras y revisan las grietas, calculan los milímetros que crecieron las separaciones: «Bajamos y decimos: ‘Mira, esa grieta se abrió un poquito más’. Vivimos revisando las paredes».

Edificio en rojo terremotos

Zuleima Merlo, junto a sus vecinos, ha buscado presupuestos. Las primeras estimaciones hablan de unos $7.000 únicamente para intervenir las vigas más afectadas. La recuperación integral supera los $40.000 o incluso los $50.000; cifras imposibles de costear por los habitates del ISSA.

Los tres vecinos de esta edificación coinciden en que les pesa más la incertidumbre sobre qué vendrá después que el mismo miedo de seguir habitando un edificio con una alerta roja. Siguen a la espera de que vuelvan los ingenieros prometidos por las autoridades, se preguntan si podrán comenzar las reparaciones por su propia cuenta o cuánto tiempo deberán seguir viviendo entre paredes agrietadas, caídas y separadas. Mientras esperan respuestas, sus distintas peticiones al Estado convergen en la idea del abandono.

Alexis Paris pide ayuda para recuperar el edificio donde compró su vivienda con esfuerzo: «Necesitamos material para arreglar. Se necesita dinero, que uno no tiene en estos momentos. La idea es que vengan a ayudarnos, a colaborar de una forma efectiva», expone.

Edificio en rojo terremotos
Edificio en rojo terremotos
Edificio en rojo terremotos

Por su parte, Serge Planas solicita a las autoridades entender la dimensión humana de la tragedia: «Que se pongan la mano en el corazón y ayuden a las personas. Cada familia vive una realidad distinta y no es fácil levantarse de todo esto uno solo», afirma.

Zuleima Merlo antes que el dinero pide certezas. Más de un mes después de los terremotos indica que los vecinos siguen sin conocer el procedimiento para intervenir la edificación: «Lo que necesitamos es claridad en los pasos a seguir. Estamos dispuestos a empezar a trabajar, pero no sabemos qué podemos hacer ni cuándo», resume.

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes «contra el odio», «contra el fascismo» y «contra el bloqueo». Este contenido fue escrito tomando en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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