Tiempo al tiempo, por Gregorio Salazar
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Ahora que se ha disipado la humareda dejada por las explosiones de los Tomahawk y los Helfire sobre Caracas, va surgiendo rápidamente el nuevo panorama político y económico que se levanta ante los venezolanos y en el que sobresale el reacomodo de la cúpula del régimen, una especie de «santísima» trinidad integrada por los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello.
Los dos brazos de la pinza que ahora atenaza a Venezuela, Delcy y Jorge, cabezas del Ejecutivo y el Legislativo, y los únicos dos miembros de la cúpula a los que la administración Trump había extendido especie de cartas de buena conducta —sin imputaciones ni recompensas millonarias— han conjurado los atisbos de división surgidos horas después de la extracción de Maduro, cuando Cabello y Nicolás Maduro Guerra mencionaron la terrible palabra «traición».
Los dos últimos han reconocido el poder de los Rodríguez Gómez y estos los han cobijado ante los requerimientos judiciales de los Estados Unidos.
Una reunión en Caracas con el director de la CIA, según reseñó The New York Times, habría rubricado la nueva relación sobre la base de cooperación en materia de inteligencia, estabilidad económica y nada de condescendencias con rivales o enemigos de los EEUU, sean económicos o narcotraficantes. Todo el mundo quieto.
Total que ahora parece que el único que estorbaba era la yunta integrada por Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, cuyo regreso pide a voz en cuello el chavismo en la calle, mientras en las trastiendas o en línea telefónica directa con la Sala Oval se va fraguando el nuevo escenario acordado con las camaradas imperialistas y que, para desconsuelo de la mayoría opositora, regirá por ahora para Venezuela sin horizonte temporal definido.
Con la situación política estabilizada, sin desbordes de violencia ni brotes de anarquía, Delcy y su «mejor nuevo amigo» Donald Trump avanzan en los planes petroleros en los que más temprano que tarde, y a pesar de las quejas e incertidumbres que pusieron sobre la mesa las transnacionales, todo indica que entrará la gran mayoría.
La definición y evaluación de condiciones, la configuración del nuevo marco normativo y la llegada de la inversión llevará su tiempo, a lo cual hay que agregarle el que buscará extender por todos los medios el oficialismo para volver a contar con una masa de recursos sobre los cuales intentar la ansiada reconexión con el sentimiento popular rota desde hace más de una década y hoy en mínimos históricos.
De esa reconexión dependerá para el chavismo tener posibilidades de mantenerse en el poder —probabilidad muy remota, pero no descartable— a través de unas elecciones que, al decir de la portavoz de la Casa Blanca, se realizarán «algún día».
¿Tendrá conciencia esa funcionaria y su jefe de lo que esas palabras significan para una inmensa mayoría anhelante de cambios para el retorno a la democracia? Una cosa es intentar «pasar la página» y otra arrancarla de cuajo.
Ya circulan noticias sobre un fondo de $500 millones que serán subastados a cinco bancos nacionales para estabilizar el dólar y detener la escalada hiperinflacionaria que asomó en diciembre. Y Delcy, la «estupenda» (Trump dixit), habló en su mensaje a la AN de crear dos fondos, uno de protección social y otro de infraestructura y servicios.
Mientras Rodríguez hablaba en la AN, María Corina Machado no la tenía fácil en la Casa Blanca, donde fue nuevamente objeto de un trato desdeñoso y, peor aún, por su empeño en entregarle la medalla del merecido Nobel de la Paz a Trump, a pesar de todas las advertencias del comité noruego del premio.
En Noruega el gesto de Machado ha sido de abierto rechazo. Ha sido su peor momento en mucho tiempo, pues su visita sirvió para confirmar que ni ella ni la Venezuela que representa parece ser —en lo inmediato— una prioridad en los ambiciosos proyectos políticos y económicos de Trump.
Mas si tomamos en cuenta que el mismo día que Machado almorzaba en la Casa Blanca, tropas de Francia, Alemania, Suecia, Noruega y Dinamarca llegaron a Groenlandia para intentar disuadir a Trump de tomar la isla danesa «por las buenas o por las malas», habrá que concluir que si para el mandatario del norte no es difícil desairar y poner en riesgo la unidad con sus socios de la OTAN, mucho menos lo será dejar en segundo plano, como lo ha hecho, a la líder indiscutida de la oposición venezolana.
El gobierno de los Rodríguez promete no permitir «odio, intolerancia ni acciones de violencia», con lo cual nombra la soga en la casa del ahorcado. Bienvenidas las excarcelaciones de los últimos días, pero ahora es cuando faltan venezolanos injustamente presos por recobrar la libertad.
Por último, ya se vislumbra que la apuesta del neorégimen con acicalamiento imperialista está puesta en ver la derrota de Trump en las elecciones legislativas de noviembre y que el poder omnímodo que ha ejercido hasta ahora sea resquebrajado y limitado.
Tiempo al tiempo, que ese todo lo puede, enseñanza que no han olvidado de Fidel Castro, que después de tres décadas logró a través de ellos ponerle mano a la riqueza petrolera de Venezuela.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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