Soy cargador de santos, por Jesús Hurtado
X: @jahurtado15
Dios tiene maneras peculiares de llamarnos. Aquel Miércoles Santo me iba de rumba como correspondía a alguien alejado por décadas de la Iglesia y que aprovechaba el asueto de Semana Santa para acabar los trapos.
Pero al pasar por Chacao, la música me regresó al Miraflores de la infancia. Me vi tomado de la mano de papá en una de las varias procesiones que se hacían en aquel pequeño campo petrolero monaguense.
Estacioné y contemplé por largo rato el lento avance del Nazareno y su encuentro con la Dolorosa, María Magdalena, San Juan y la Verónica. Me pareció interesante escribir de esa curiosa y colorida procesión, pero volvería al día siguiente por más datos. La rumba no podía seguir esperando.
La siguiente noche, Fernando Bello, a la sazón presidente de la Fundación de Cargadores de Santos de Chacao, me explicó todo sobre las procesiones y del oficio de cargar las imágenes. Me impresionó que tuviera rango hereditario, por lo que no cualquiera podía meterse debajo de la mesa para portar sus cientos de kilos sobre la cabeza.
Bello me invitó a la salida del Santo Sepulcro el viernes en la mañana desde El Pedregal. No fui. Pero aquella noche, sin saberlo, quedó sembrada una semilla.
Volví al año siguiente, y Fernando me preguntó si me atrevía a cargar. Me pareció entretenido, y algo intuyó él pues me asignó un tutor, Argenis Carrasquel, quien junto a su sobrino Carlos entrenaron al periodista recién llegado en esa tarea de guapos.
Así fue como obtuve mi primera franela de cargador, pero no el compromiso real que ello demanda, aunque cada año iba a por lo menos un par de procesiones.
Casi dos décadas después se publica este primer libro sobre el bicentenario oficio y, ¡oh sorpresa!, veo mi nombre inscrito junto al de cientos de maestras y maestros en este arte, hijas e hijos, nietas y nietos, choznos de cargadores que por generaciones han honrado el legado de sus ancestros.

Lloré a mares por ese honor, y más aún al descubrir una foto mía con el padre Reinaldo Gámez ilustrando esas páginas de historia añeja y nueva.
Gracias, Señor, por ese inmerecido honor. Gracias Fernando y Argenis por haber sido los emisarios que Dios utilizó para llamarme a su servicio. Gracias Tito Blanco y Adriana Schoen por incluirme en tan ilustre listado.
Gracias Carlos Carrasquel, tocayo Jesús Jiménez y su hermano Edwurd, a Martín Jurado, los hermanos Rangel Blanco y muchos otros por abrirme paso en esta hermosa hermandad.
Orgulloso de ser cargador, espero, Señor mío, seguir portando tus imágenes y la de tu santísima madre mientras las fuerzas me asistan, un pobrísimo pero devoto agradecimiento al sacrificio que hiciste por mí.
Jesús Hurtado es periodista
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