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Sanz; educación, civismo y política (IV), por Simón García



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Sanz; educación, civismo y política (IV)
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Simón García | @garciasim | diciembre 9, 2025

Para María Cristina Grimldi, educadora.

X: @garciasim


Miguel José Sanz no desarrolla una tesis educativa en términos de una metodología del aprendizaje o una didáctica de la escritura y la lectura, como si lo hizo Simón Rodríguez pedagogo de las primeras letras. Sanz concibe su proyecto como una reflexión concentrada en cómo aprender a cultivar los fines humanos, sociales y políticos de la educación.

La ruta a la libertad

En su visión, la educación es el motor de las mejoras que requiere la sociedad colonial y después de 1809, la herramienta para transformar la sociedad colonial en una nación independiente y libre.

La tarea requería acción de las élites interesadas en romper las imposiciones de la corona y a su vez, ideas propias y ajenas para poner fin al papel menos que secundario que los reyes españoles asignaban a una provincia sin oro ni plata.

Sanz conocía desde adentro las instituciones del poder peninsular y lo que significaban como obstáculos para el desarrollo de la economía y la formación de la vida cívica como precondición de la libertad.

Se opone a que la educación opere como un privilegio y a las discriminaciones que impiden su acceso a la mayoría de la población.

La utilidad social de la educación

Sanz propone una educación útil para incrementar la prosperidad social y por tanto se opone ardorosamente a la idea que «…la decencia prohíba trabajar la tierra y ordene el desprecio de las artes mecánicas y útiles».

Es por ello que concibe el proceso educativo como la pieza impulsora y formadora de una ética del compromiso con la sociedad de su tiempo y de apego a la sabia realización de la justicia. El eje de esta ética es la superioridad de los mandatos de ley sobre los personales.

Su crítica a la educación la extiende a los roles sociales que consagra el poder colonial: «Generalmente se cree que basta con saber redactar memorias, decir misa, lucir cordones de doctor… Pocos niños hay en Caracas que no se crean más nobles que todos los demás y no se precien de tener un abuelo Alférez, un tío Alcalde, un hermano monje o un sacerdote pariente…»

Para Sanz educar no es generar vanidades ni falsos sentimientos de superioridad, sino enseñar y aprender principios cívicos; regirse por normas jurídicas estables y tener los conocimientos necesarios para realizar un Estado nacional independiente con un régimen político republicano, alternativo y democrático.

La revolución de la minoría

La evolución de las ideas de Sanz, estuvo integrada a un proceso de desplazamiento de conceptos y estereotipos; al diseño de reformas según la sociedad existente de este lado del Atlántico y los avances de las ciencias y el pensamiento que ocurren en Europa y en la propia España. Internamente formó parte de una reflexión común a los hombres de la independencia, civiles y militares, que contribuyeron a elaborar un pensamiento alternativo de nacionalidad que, aunque inspirado en ideas que existían en otras naciones y pensadores, no constituyó una imitación servil. Una minoría de blancos criollos, incluso dentro los de su especie.

En esa época. Miguel José Sanz fue un revolucionario que pensó con moderación y actuó con determinación. Testigo y protagonista de un cambio de época, formado en dos trayectorias contrapuestas, una como funcionario colonial y otra como educador para un nuevo orden institucional y jurídico. En ese quiebre histórico, escogió vivir y luchar por los nuevos tiempos.

Su cautela producto de atender al análisis racional más que al peso de los prejuicios difundidos por la costumbre, no mermó su temperamento de hombre de la acción y del hacer pronto. Tenía una cabeza llena de los ideales del patriotismo ilustrado, pero con sus pies bien plantados en su hacienda de Capaya, productora de cacao.

Los dos anillos de la dependencia

Sanz abogó por una educación accesible a todos dentro de una distribución de funciones que requería una élite conductora de las instituciones, mientras que los demás supieran cumplir actividades económicas productivas como propietarios o trabajadores.

En el territorio de Venezuela se sobreponían dos instancias que amputaban la autonomía, la justicia y la libertad: las decisiones del Rey y las subordinaciones agregadas por los dictámenes judiciales de la Real Audiencia de Santo Domingo; en lo religioso por las órdenes, inicialmente del Arzobispado de Santo Domingo y luego del de Bogotá hasta 1804 cuando el Papa estableció la Arquidiócesis Metropolitana de Caracas.

En sus Ordenanzas para la ciudad de Caracas, presentadas al Cabildo en octubre de1802, señala que sus habitantes «han vivido sepultados en la barbarie y en la rusticidad».

La Capitanía General exhibía una geografía imponente y una devastadora ignorancia. Caracas tuvo que esperar 200 años para tener Universidad, después del esplendor de las tres primeras del Continente, creadas en Santo Domingo. Ciudad de México y Lima.

Otra muesca de la desolación educativa fue la negativa de Carlos IV a la solicitud que hicieron Sanz y Espejo en 1790, a nombre del Colegio de Abogados, para instalar una imprenta en Caracas.

*Lea también: Sanz, el ilustre patriota conservador (III), por Simón García

La modernización de las élites

La crítica de Sanz a la depresión económica y cultural de la sociedad colonial es la base para sus propuestas de una educación que añada a la instrucción religiosa, los avances de las ciencias y el ejercicio de la razón frente al aprendizaje dogmático. Ya nadie anhela una educación basada en sonidos vacíos ni la creencia estrecha en “la gramática latina de Nebrija, en la filosofía aristotélica, en los institutos de Justiniano …”

Al ímpetu renovador de la educación le resulta un fardo que en la educación mayor se aprenda en latín y no se aumente el espacio para el conocimiento de las Ciencias. La pervivencia de las viejas formas de conocimiento y los mecanismos autoritarios para verificarlos, conduce a una separación entre el saber técnico del profesional y la complejidad de la realidad; una brecha de errores “…a pesar de que hermosos cordones y gruesas borlas le pregonen doctor”.

En su discurso de inauguración de la Academia, inquiere a los asistentes: «¿Regirá con acierto los intereses exteriores e interiores de su nación quien ignora las producciones, giro y comercio de su país y sus relaciones con otros»?

Sanz es un bien de primera

La vastedad de sus conocimientos impacta a Humboldt de una manera tan monumental que escribe: «Puede hacerse viaje a Tierra Firme para conocer y tratar al Licenciado Miguel José Sanz».

En su concepción de la independencia, la educación es el triunfo del conocimiento sobre la ignorancia, de la idea sobre la pasión y de la libertad responsable sobre la indiferencia.

Los aportes de Miguel José Sanz, constituyen un esfuerzo por realizar el bien, orientado hacia el logro de un sistema educativo fecundo; adaptado a las condiciones sociales y naturales de la provincia de Venezuela y que pusiera en evidencia el fin de la inútil retórica escolástica.

Para Sanz la base de la paz es la justicia: «…no hay paz, libertad ni seguridad sin justicia». En su opinión la República debía nacer de la benevolencia y del perdón, no de la venganza.

Miguel José Sanz le abre al país los portones de la educación como prosperidad, felicidad y progreso humano.

 

Simón García es analista político. Cofundador del MAS.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.

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