Receta con dos sabores, por Fernando Rodríguez
Correo: [email protected]
Nadie sabe, saber de veras, algo de lo que nos reserva el destino en Venezuela (perdone la necedad, pero sirve). Ya veremos, se propician apuestas. Hay dos opciones.
El congresillo de Panamá es un enorme giro de la política nacional. Dos actitudes ante la situación enigmática.
La una, en un osado vuelco político aparentemente las «fuerzas» opositoras se unifican y deciden un categórico plan para recuperar, bajo la égida de MCM secundada por toda la oposición, la democracia y el poder, también la soberanía, pero en tono menor para no pelear con quien sabemos.
En el fondo esta vía puede ser muy conflictiva, simplemente porque pretende que el documento breve y contundente del evento es obra del espíritu rebelde de nuestra famélica oposición, que representa a nuestro silencioso y casero pueblo.
Esto implica un eventual conflicto con Donald que ha dicho de todas las formas que ama y protege a la presidenta Delcy, y en cambio MCM «no inspira respeto en el país» como dijo desde el principio mismo del proceso de colonización y, salvo algún galanteo y un par de ofrendas gastronómicas, no ha variado políticamente ni por haberle cedido, singular y picaresco hecho histórico, el Premio Nobel.
Por si acaso, vainas de uno, recordar que Donald tiene el barco más grande del mundo y le va a ganar a las tropas nacionales que siguen, incluido el 3 de enero, sin causar una baja a un ejército extranjero en siglos (la invasión de europeos a Cipriano Castro quedó 100 a O, o algo así). En conclusión, el chavismo–imperialismo tiene todas las de ganar por un buen rato.
La segunda opción es optimista. Algunos parten del prejuicio de que MCM no estornuda sin comunicarlo a la Casa Blanca, pero aun siendo una hipérbole, se afirma categóricamente que es una política concertada con Trump y Rubio.
Por ende, tiene que tener un final pronto y feliz, es decir unas elecciones como Dios manda en las que sin duda ganará María Corina como indican las encuestas, enfrentada a la dama hoy en el poder, acompañada seguramente por su hermanazo y la desmoronada tribu chavista.
Donald tronó en estos días, y algunos maldijeron, que los fiscales gringos no debían acosar a la gentil Delcy. Lo cual, visto en esta perspectiva es otra cosa, es la manera de que MCM pueda ofrecer algo en el diálogo que el documento panameño plantea.
Seguro que la salida que despreció Maduro, ahora leyendo la biblia en un fétido hueco en Nueva York, a lo mejor por el resto de sus días. Además, así tendría menor pérdida la única victoria clara de Trump en este su segundo y más fiero round; más alocado, cruel y narcisista que el otro.
Salir, aunque sea con decencia, de la dama, estaría condicionado por su oscuro pasado que vuelve, al parecer por varias vías. Por ahora la mayor y más visible es la de Zapatero, tan entrañable, y cómplice que vino a saludar su curioso triunfo y a compartir su dicha.
Por supuesto un gobierno de MCM jamás contrariaría los mandatos del Norte, y decir mandato es mucho, la coincidencia sería cosa de natura política.
*Lea también: Comentarios sobre la reunión en Panamá, por Gonzalo González
Yo apuesto por esta segunda opción y votaré por MCM no por aupar el neoliberalismo y la amistad con la bestia de Trump y otros animalillos sino por salir de una dictadura de décadas que nos jodió la vida a casi todos los venezolanos, (exceptuados los que están bien ahora y siempre) entre ellos a mí, viejo profesor de la UCV a mucha honra.
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo





