Por aquí, por allá, por Fernando Rodríguez
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Si los republicanos, y su emperador, fuesen gente decente uno pudiera diseñar no digamos una, es mucho pedir, pero si dos o tres rutas para el futuro de la colonia que ahora somos y qué tenemos que dejar de ser por elemental dignidad nacional. Pero no es así.
Donald no funciona sino por frenesís egolátricos, apetitos de millones (de dólares, por supuesto) y mentiras a granel. Sus generales no conocen el «no» a los mandatados del Implacable. Esto lo saben hasta los que anhelan que nos convirtamos en el Estado 51 y no veneremos a Guaicaipuro.
Un ejemplo, nadie sabe, sabe de verdad, en qué estadio estamos, de los diseñados por Rubio y eso que enumera, tres, y más o menos se le entiende la coherencia verbal. Al no sugerirle un tiempo a las tales estaciones y no definir con relativa precisión los rasgos que las identifican seguimos en babia.
Pero más importante, lo decisivo para que analistas duchos se orienten, está bloqueado porque a Donald le encantan las mentiras; en estos días dice que está negociando con los iraníes de lo más reiteradamente y a la vez multiplica en significativas cantidades los soldados que manda al frente.
Por todo ello es que el hábil pensador Diego Bautista Urbaneja se pregunta si el tiempo por venir favorecerá a los muchos que suponen que al chavismo, y no puede sino poner en cuestión sus certezas, no suplirlas.
Nadie discutirá que lo que pasará no solo en Venezuela sino en este mundo dislocado, depende en una gran medida de nuestro ductor (llámelo como quiera). Y, por supuesto, hay que pensar que si partimos de esta premisa tenemos que atenernos a una dosis muy alta de incertidumbre.
Pero si a ver vamos la incertidumbre tiene sus limitantes cognoscitivos, pero también puede tener mucho de acicate para tratar de encontrar el camino bueno y la energía espiritual para asumirlo. Y yo diría que no habría que olvidar, sobre todo, la opción mayor que escinde las rutas a tomar: o mantener, incluso, contra los muros que se atraviesen.
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Y esa es entre la continuación de una dictadura de tres décadas y de una inmensa crueldad, brutalidad y corrupción, y la opinión expresada por el setenta por ciento de los venezolanos un 28 de julio contra una artera e impúdica voluntad de fraude.
Y, por último, o mejor para comenzar y recordar sin cese que esta es una vaina de venezolanos; solo de venezolanos en la medida de lo posible. Es una cuestión de honor.
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