Peleas intestinas, por Marcial Fonseca
El nuevo hecho criminal que impactó a la población de Duaca hizo que el comisario F. Seamol [simol] fuera sacado de su meritorio retiro para que pusiera orden en la investigación. Esta era sobre un simple homicidio en una no corriente morada, con apenas, contando la víctima, tres ocupantes: dos hermanos y un tío; los dos primeros de diecinueve y veinte años; y el tercero, de cuarenta y ocho y ebanista de profesión.
Los jóvenes formaban un dueto musical y su subsistencia era mediante animación de fiestas locales. Hasta ahora, los investigadores se habían concentrado en analizar el crimen como un robo ordinario fuera de control.
Lo anterior no dio resultados satisfactorios, así que el comisario les pidió a los detectives locales que barrieran el pueblo y que le informaran si alguien sabía de alguna pelea de corte familiar habida en la semana anterior. Asimismo, instruyó a uno de ellos que estudiara el entorno de la escena del crimen buscando si fue un hecho espontáneo o, por lo contrario, si fue planificado.
Lo imponente de la casa de habitación: dos niveles, amplio garaje y bien ocupado este, demostraba que el dinero no era motivo de discusión, ¿pero podría ser motivo para matar? se preguntó el comisario. Por si acaso, asignó a su colaborador de más experiencia para que indagara en el aspecto pecuniario de toda la familia.
Nuevamente un camino sin salida, esta faceta dejó bien claro que eran realmente ricos, ahora y prácticamente para siempre. Los fideicomisos estaban bien elaborados, la distribución del dinero era muy justa; y lo más importante, todas las inversiones estaban en dólares norteamericanos.
Se establecía que si los herederos desaparecían por causas naturales, el montante sobrante debería ser entregado al colegio católico local. En resumen, por ahí no se veía una causa probable.
Luego de dos semanas del hecho, Seamol recibió una llamada telefónica anónima y una rápida conversación le recomendó que jurungara en el entorno de los hermanos. Se quedó pensativo, tomó una hoja de papel e hizo un árbol genealógico de la víctima. A continuación se reunió con los miembros familiares y les informó de que habría una nueva ronda interrogatoria. Empezó hablando con los parentescos lejanos; por acá no obtuvo resultados; continuó con los más cercanos.
Y lo hizo exhaustivamente, y le dio resultado; uno de los parientes colaterales se quebró mientras estuvo encerrado con el comisario en el «cuartico», y confesó que sí, que lo había hecho por dinero, habiendo un solo heredero, fue la conclusión de él, la herencia sería el doble.
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Marcial Fonseca es ingeniero y escritor
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