Onai Quiñonez, por Valentina Rodríguez
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Después de más de 100 horas bajo los escombros de un edificio en La Guaira falleció el artista plástico Onai Quiñonez (Mérida, 1993). El pintor tovareño es uno de los cientos de víctimas del devastador «terremoto doblete» que sacudió Venezuela el pasado 24 de junio, que hasta el 2 de julio sumaba 2.595 muertos y 12.400 heridos, según cifras oficiales.
Onai fue uno de los primeros rostros públicos que supe atravesaba esta calamidad debajo de las ruinas, horas más tarde de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 la Galería Beatriz Gil informó que el ganador del Jóvenes con FIA de 2024 estaba atrapado en el edificio Yurre Beach, ubicado en Caraballeda. Luego la coleccionista y filantropa Ella Fontanals-Cisneros hizo eco de la información, pidiendo ayuda y llamando a grupos de rescate para salvar al autor de «Carne refrigerada».
El domingo 28 de junio anunciaron la presunta muerte del artista. Su familia desmintió esta información e indicó que había esperanza de que siguiera con vida. Finalmente, este 1° de julio, a través de las redes sociales de su hermana, Nahiara Tolosa, y de varias instituciones culturales, se confirmó su muerte.
Onai Quiñonez era un pintor figurativo, licenciado en Artes Visuales por la Universidad de Los Andes. A su corta edad ya había ganado el primer premio en la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de la ULA (2022); una Mención Especial en el primer Premio de Arte Contemporáneo Luis Ángel Duque, en 2022; y el máximo galardón de la edición 24 del prestigioso Salón Jóvenes con FIA (2024), titulado «Neo-Contemporánea. Rupturas y filiaciones», donde presentó «Res de todas las carnes»; obra que lo catapultó: un imponente óleo sobre tela de 3 metros de altura, de corte expresionista, caótico y visceral. Una poderosa reivindicación de la pintura que exploraba el dolor, el cuerpo y la condición humana.
La carne fue el eje central de su obra. A través de la representación de reses colgadas, mataderos o despojos cárnicos, el artista no buscaba simplemente el impacto visual del horror o lo grotesco, sino reflexionar sobre la fragilidad de la materia viva. Rembrandt y Francis Bacon fueron algunos de los grandes maestros a los que rindió homenaje y reinterpretó. Los trabajos de Maurice Merleau-Ponty fueron parte de sus lecturas e investigación.
El caso de Onai Quiñonez es uno de los tantos que he seguido por redes desde el 25 de junio. Cada actualización me hacía pensar en su tragedia, en nuestra tragedia y volver a su obra. La vida, el arte y sus particulares formas. La partida prematura del artista, una de las figuras emergentes más destacadas de la pintura contemporánea venezolana, deja un dolor inmenso en la plástica nacional. Paz a sus restos.
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Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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