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No hay horizonte, sin calor de hoguera, por Víctor Corcoba Herrero



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No hay horizonte, sin calor de hoguera
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Opinión TalCual | mayo 26, 2026

«El futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades».

Correo: [email protected]


Pongámonos en camino, o sea, en el quehacer cotidiano. Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta iluminando cada dimensión de la actividad humana, no desde el individualismo, sino desde el compartir, haciendo familia, que es como se custodian voces y rostros humanos.

Hoy más que nunca, precisamos que la concordia como deseo y vocación, nos congregue a reflexionar, sobre lo que significa ser artífices de lo armónico en momentos muy complejos, conflictivos e inciertos.

Para empezar, tenemos que avivar el encuentro, con el testimonio doméstico del calor de casa, el único capaz de enseñar muchas más cosas de las que pueden decir las palabras. No tenemos otro horizonte más sublime, que allí donde el ser humano viene a la luz.

En efecto, sin esa llama de auténtico amor, todo se desvanece y se derrumba. Son en las raíces de uno mismo donde se aprende humanidad, anteponiendo el auténtico amor, en continuo ofrecimiento natural, por encima de cualquier otro interés y pretensión.

Está visto, que nuestra época tiene necesidad de esta sabiduría vinculante para humanizar los nuevos descubrimientos, y no tomar la vía inhumana, que nos deshumaniza por completo.

Por ello, la tarea ahora fundamental, al habernos globalizado con lo que esto supone de universalización, es reconstruir pueblos y ciudades inclusivas, resilientes y capaces de proporcionar vivienda segura y oportunidades para todos, garantizando al mismo tiempo que nadie quede atrás. Sin embargo, cada día tenemos más desempleados, hambrientos o sin techo.

Indudablemente, el hogar es donde comienza la dignidad. No hay otra alianza más nívea que la mística cognición progenitora, la que por cierto, debe ser profundamente reconstituida en la cultura actual.

Porque es desde este lazo familiar de sensatez y humanidad desinteresada, como podemos influir positivamente en la construcción de un orbe más justo y fraterno. Comencemos por poseer una vivienda adecuada, con acceso a agua limpia y saneamiento, con la energía suficiente para cocinar comida o calentar e iluminar. Se trata de dar, tenencia a lo básico.

Sea como fuere, el futuro de la humanidad se proyecta en la familia, forjando comunión y comunidad entre sus miembros, hoy con frecuencia tentada por el desánimo y apenada por las dificultades.

Está bien que, ante los crecientes aprietos, miremos a las estrellas, pero no olvidemos de encender la lumbre en el nido. Seamos como llamas que enciendan otras llamas, en las relaciones familiares. Nuestra perspectiva es la morada, donde se ubica el amor y los seres que nos esperan, con la llave del corazón siempre abierta.

Esto requiere el fermento de un espíritu humilde, tanto para acoger como para ser recogido. Al fin y al cabo, todos somos dadores y receptores, nos necesitamos entre sí, y estamos llamados a enriquecernos mutuamente.

Recordemos que esto no sucede únicamente a través de los dones materiales, sino también vertiendo una sonrisa, echando una caricia en la mirada, o simplemente, poniéndonos en disposición de escucha.

Personalmente, confieso, que me entusiasma ponerme el oído hacia mí mismo. Hacer balance de lo vivido, me obliga a mantener largas conversaciones en la noche.

Sea como fuere, entrar en sintonía con los pulsos y las pausas, que cada cual lleva consigo, es una de mis mayores satisfacciones, aunque no entienda ni una palabra de lo que me digo. Quizás sea, porque aunque uno viva aquí abajo, tenemos nuestros enraizados latidos en los de arriba.

Tampoco tiene sentido alguno, constituirnos en amos de nadie ni de nada. Abramos los ojos y que sean las entretelas, las que nos reencuentren. Seguramente entonces, descubramos que el mejor cobijo está en las alturas y nuestra mejor residencia en lo que permanece como patria llena de esfuerzo y ternura, obviando ser alcoba de perversiones.

 

Víctor Corcoba Herrero es escritor

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.

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