María Corina ya jugó, por Fernando Rodríguez
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Las últimas declaraciones de MCM ponen el juego siniestro que jugamos en un trance crucial. Son a propósito nada más y nada menos que del zarpazo petrolero del bucanero Donald y sus muchachos en esta tierra muy disminuida, alguna vez llamada de gracia.
Dicho movimiento era la jugada triunfal que motivó el sorprendente asedio de las costas venezolanas por una insólita armada, hasta con el portaviones más grande y terrorífico de la historia (esa es la escala habitual de la verborragia de Donald), y luego, ¿o antes?, la creación ex nihilo del trumpismo-chavismo que este sí, salvo que lo detengamos heroicamente, jamás será vencido.
Lo de María Corina es importante porque es la primera vez que se enfrenta con su otrora supuesto consorte político. Y luego por la importancia del tablero donde se juega, el de la energía y el billete.
Y sus declaraciones son secas y duras, casi se podrían sintetizar parafraseando sus primeras líneas en que los venezolanos andamos arrechos (claro, la fina dama no habla así, es que tenemos rabia) por el abuso de terceros entrometidos, lejos del soberano.
En síntesis casi sin ninguna duda o postergación dice lo que en esencia hay que decir sobre el esperpento. Por supuesto que uno aplaude, pero eso importa poco.
¿Y ahora? Le toca jugar a la Casa Blanca, a lo mejor delegan al cínico de Rubio. He ahí la cuestión, la incógnita. Hay algunas posibilidades visibles; la politología debería ser estudios de posibles, ni certezas ni enmudecimiento ante el futuro casi siempre opaco.
Este podría ser un rompimiento definitivo, de una de las dos partes o de las dos. Me voy de esta casa y no vuelvo, ¡no vuelvo! Aquí sí habría un cambio sustancial en el nudo siniestro en que se ha convertido nuestra vida pública.
Supongo que MCM tendría la titánica tarea, si quiere seguir luchando, de venirse al país y con ese gentío que la apoya –no baja en las encuestas, ni nadie sube–, tratar de alejar lo más posible la doctrina Donroe, de cuidarse de nuestras hieráticas y nada gloriosas (no lo diga) fuerzas armadas, de los restos violentos del chavismo que crecerían y forzar unas elecciones con presencia de gente seria internacional.
Claro que es difícil, un tareón, pero esas cosas pasan en medio de las diarreas de la historia. Resultado: democracia recobrada, seguro que reconciliación tibia con EEUU y neoliberalismo del bueno, la enfermedad del posmodernismo.
Otra posibilidad es que llegue a un arreglo –Con DT todo es posible–. Y alguno ceda un poco y el otro también. Dije pero no dije. Es una mujer sensacional y la protegeremos como si fuera nuestra.
Y entonces seguiremos en el ritmo presente, quizás un poco más acelerado hacia la soberanía y las instituciones. Pero Delcy seguirá en lo suyo. Y Trump dale con el petróleo para los próximos siglos. Y los militares callando. Y nosotros a la espera de Godot. Todo más o menos.
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Hay mucho más. En la historia también hay terremotos y temblores menores. No sólo en la geología.
Pero más allá de los que nos aparecen como probables no vale la pena seguir. Es muy tedioso y más bien inútil. Por ahora juega la Casa Blanca.
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