Los principales reclamos de la UCV y USB a la ministra Sanjuán: presupuesto y autonomía
Representantes de la UCV y la USB se reunieron con la nueva ministra de Educación Universitaria y denunciaron en el programa Noche D de TalCual más de dos décadas de asfixia presupuestaria que han dejado universidades sin comedor, transporte ni laboratorios funcionales. La ministra Ana María Sanjuán ha rechazado que haya existido una política deliberada de asfixia a las casas de estudio, pero los hechos descritos por los propios estudiantes así como los documentos recopilados por Aula Abierta contradicen esa afirmación
Dos representantes estudiantiles de las principales universidades autónomas del país describieron en el programa Noche D de TalCual, transmitido este lunes 27 de abril de 2026, la devastadora situación que atraviesan la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB) luego de décadas de reducción presupuestaria por parte del Estado venezolano.
Octavio González, consejero universitario de la UCV, y Wilmary Venal, presidenta de la Federación de Centros de Estudiantes de la USB, relataron los resultados de sus respectivas reuniones con la nueva ministra de Educación Universitaria, Ana María Sanjuán, quien lleva apenas mes y medio en el cargo y ha iniciado un proceso de diálogo con las comunidades universitarias.
González fue categórico al calificar la situación de la UCV como producto de una «asfixia presupuestaria» acumulada durante casi dos décadas. «El Estado venezolano tiene diecinueve años de deuda con la Universidad Central de Venezuela», señaló. «La última vez que se aprobó un presupuesto completo para la universidad fue en el año 2007». Desde entonces, explicó, los montos asignados permanecieron estáticos en un contexto de hiperinflación, lo que los volvió nominales.
La ministra de Educación Superior dijo en los encuentros con estudiantes que «no existe ninguna intención premeditada por parte del gobierno nacional para asfixiar a las universidades, para liquidar a las universidades». Ante esa declaración, González fue enfático: «La respuesta es un absoluto sí. La política de asfixia viene de hace mucho tiempo».

González describió las consecuencias concretas para los estudiantes en Caracas y en los núcleos de Barquisimeto y Maracay: comedor universitario que funciona solo tres días a la semana y ofrece únicamente el almuerzo; transporte insuficiente o inexistente en Maracay, donde los estudiantes deben caminar kilómetros entre aulas; laboratorios cerrados; y becas que, cuando llegan, equivalen a unos cinco dólares y se tramitan a través del Sistema Patria, por donde también cobran los profesores. El núcleo de Cagua prácticamente dejó de existir.
Sobre la reunión con Sanjuán, González reconoció que la ministra «entendió la urgencia» de los problemas más inmediatos y que se asumieron compromisos concretos: cinco unidades nuevas de transporte para la UCV Caracas, dos autobuses nuevos y uno reparado para el núcleo de Maracay, transferencia de presupuesto para reactivar el comedor y trabajos para ampliar cupos en la Escuela de Medicina. También mencionó un posible acuerdo para la devolución de la Zona Rental, terrenos adyacentes a la UCV que el Estado tomó y cuyos dividendos nunca fueron retribuidos a la institución.
Sin embargo, González fue cauteloso: «Son compromisos asumidos. Todavía no se ha consumado el hecho». Anunció que la representación estudiantil ejercerá contraloría social sobre lo pactado con la ministra Sanjuán, y que de no cumplirse en el plazo acordado, irán nuevamente a las calles.
La USB: autoridades impuestas y deserción masiva
El caso de la USB llegó al programa a través de Wilmary Venal, quien también se reunió con Sanjuán la semana previa. En ese encuentro, la dirigente estudiantil entregó un documento de dos páginas con el pliego de peticiones de la comunidad de la USB, recibido y firmado por la ministra.
Venal describió una situación más crítica aún que la de la UCV. La USB, que llegó a tener más de 10.000 estudiantes, hoy cuenta con apenas alrededor de 2.100 inscritos activos; la deserción supera el 70%. Las causas, según Benal, son múltiples: el transporte casi inexistente —de más de 100 unidades, quedan solo tres operativas, con rutas reducidas a zonas cercanas como Baruta y Hoyo de la Puerta—; el comedor cerrado desde hace semanas por falta de presupuesto; becas de cinco dólares mensuales que no alcanzan para pagar el pasaje diario; laboratorios de biología infestados de humedad y moho; bibliotecas cerradas, y canchas deportivas convertidas en maleza.
El Laberinto Cromovegetal de la USB, espacio emblemático de ese campus en Sartenejas, se hizo viral recientemente al ser fotografiado en un estado de absoluto deterioro. «No es solo el jardín, es la universidad entera la que se ha ido deteriorando y vaciando».
Venal denunció además el problema de gobernanza que, a su juicio, agrava todo lo demás: la USB lleva más de cinco años bajo autoridades designadas directamente por el Ejecutivo Nacional, luego de la muerte del rector Enrique Planchart en 2021. La ley universitaria permite que una rectoría interina se mantenga hasta 180 días, con el único mandato de convocar elecciones. «Van para cinco años. Este desastre que están haciendo… han perseguido estudiantes, le han quitado espacios a los gremios, han infundido miedo», dijo Venal. La presidenta de la Federación de Centros de Estudiantes añadió que ese miedo ha silenciado a muchos universitarios, y pidió públicamente que rompan ese silencio.
Con respecto a la reunión con Sanjuán, Venal precisó que a diferencia de la UCV, la USB no obtuvo compromisos concretos con cifras o plazos. «Nos dijeron nos vamos a poner en contacto con ustedes, vamos a hablar con la dirección de servicios de la universidad, y ya». La próxima cita con la ministra fue fijada para el lunes 4 de mayo, específicamente para abordar el tema de las elecciones rectorales, que es la principal exigencia estudiantil.
Cuando el conductor le preguntó si la ministra se equivoca al negar una política de asfixia, Benal fue directa: «La ministra dice algo que no es cierto. Si ha habido una política de asfixia a las universidades. La Universidad Simón Bolívar es un ejemplo de ello».
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