Los presos de la libertad, por Fernando Luis Egaña
Pero tampoco se puede proclamar que el cambio democrático se hace realidad. No es así. La hegemonía imperante no permite el cambio democrático: lo aprisiona. Y hay que ser cuidadosos en apreciar los hechos en su justa realidad.
No puede haber libertad política cuando la existencia de presos políticos, exiliados políticos y perseguidos políticos se convierte en regla general. Una cosa es incompatible con la otra.
Es más, la dimensión de esta tragedia da cuenta del grado de despotismo y arbitrariedad que prevalece. Si las presiones internacionales logran la excarcelación de un número estimable de las víctimas, no se puede bajar la guardia en ese camino.
Pero tampoco se puede proclamar que el cambio democrático se hace realidad. No es así. La hegemonía imperante no permite el cambio democrático: lo aprisiona. Y hay que ser cuidadosos en apreciar los hechos en su justa realidad.
Un país sin presos políticos —es decir, sin presos por razones de conciencia y oposición al poder establecido— solo llegará cuando se restablezca la soberanía constitucional, el Estado de derecho y el aseguramiento de los derechos humanos.
Solo la libertad, como fundamento del sistema institucional, permitirá que los presos políticos recuperen de manera plena sus derechos, que los exiliados políticos puedan regresar a su patria y vivir en paz, al igual que los otrora perseguidos políticos.
Serán los presos que la nueva libertad devuelve a sus familias, a su pueblo, al derecho esencial de la libertad política. Hay que luchar con mucha fuerza para que todo ello suceda.
*Lea también: El salto al vacío de Nicolás Maduro, por Gregorio Salazar
Fernando Luis Egaña es abogado (UCAB). Exministro de Información.
TalCual no se hace responsable por ni suscribe las opiniones emitidas por el autor de este artículo





