Los dos compadres, por Marcial Fonseca
Eran compadres desde que llegaron de Caraquita; en Duaca tuvieron suerte, uno, Rogelio, que sería conocido como compa Rogelio, conseguiría trabajo casi inmediatamente como bedel del grupo Juan Manuel Álamo, muy cercano este de nuestra casa.
El otro, de gracia Aniceto, obtuvo trabajo en el Centro de Salud de Duaca y que luego sería conocido, el centro de salud, como Hospital Dr. Rafael Antonio Gil.
Mientras eran nuevos en el pueblo, ambos estaban muy dedicados a sus respectivas labores. El que laboraba en la escuela, como era pequeña, cuando le sobraba tiempo, que era casi siempre, se dedicaba a menesteres de policía escolar; arreaba a los muchachos que se quedaban rezagados jugando trompo, metra, zum zum, etcétera.
Las autoridades se dieron cuenta de que la labor de policía escolar era necesaria e hicieron las gestiones antes el Dirección de Educación del Estado para crear el puesto, y lo lograron.
Por su lado, Aniceto se compenetraba mucho en sus labores de vigilante; le iba muy bien y ya era una figura infaltable en la entrada principal del hospital duaqueño.
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A veces tenían turnos iguales, él y su compadre; en estas oportunidades, al finalizar la jornada laboral, pasaban por donde Pantaleón y pedían una buena ración de empanadas, que venían con to, esto significaba que eran «de carota y maj na».
Un fin de semana largo para los demás significaba para ellos dos una semana corta para beber, tanto que el ratón podía durar varios días.
Así sucedió el 24 de junio, día del patrono del pueblo, San Juan Bautista; pero era feriado para uno solo de ellos. Por ello, el compa Rogelio fue al hospital donde Aniceto cubría la guardia; al tener el sitio donde suponía que estaba a la vista, se extrañó porque no lo vio.
Ya a cincuenta metros, ciertamente su compadre no estaba en la puerta; en su lugar vio al policía que acostumbraba a estar ahí, pero se percató de que fungía de portero; se preocupó, seguro que a su compadre le había pasado algo.
Con temor preguntó:
–Buenas, ¿y el compadre Aniceto?
–Está operando –respondió el policía en susurro y a soto voz.
–Coño, ¡qué inteligente mi compadre, un simple portero y ya está operando!
–No sea bolsa, está cagando –gritó el otro.
Marcial Fonseca es ingeniero y escritor
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