Los chistes del rey, por Aglaya Kinzbruner
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El 16 de diciembre de 1773, en una noche helada de luna creciente, unos colonos bostonianos, los Hijos de la Libertad, disfrazados de indios Mohawk, se lanzaron sobre tres buques británicos que querían descargar cajas de té.
Y aquí les llegó la ayuda, pero no era la esperada. En menos que canta un gallo, los hijos libertarios tiraron al mar 342 cajas del mejor té de la China. ¡Una minucia! 46 toneladas.
Resulta que el té venía con los aranceles aumentados porque la East India Company estaba al borde de la bancarrota. ¿Por qué? Muy sencillo, entre otras cosas porque unos colonos habían empezado a importar el té directamente sin necesidad de intermediación alguna.
¿Suena familiar, verdad? Porque ahora en una especie de vuelco de la historia es nada menos el presidente Donald Trump quien le sube los aranceles a los europeos, británicos incluidos.
Ah, pero no contaban con los productores escoceses (Scotch Whisky Association) que, ni cortos ni perezosos fueron donde el Rey Charles III y le pidieron que hiciera algo, fuese a Estados Unidos y pidiese un trato preferencial para semejante néctar, ¡el whisky escocés!
A última hora se le unieron a los escoceses los de Irlanda del Norte que también producen un whisky nada despreciable. Total que Charles III no pudo decir que no a tan importante pedido y anunció a Washington una urgente visita de estado.
Sabía que Donald Trump lo recibiría muy bien porque siempre tuvo un débil para la familia real inglesa, muchos no entenderían el porqué, pero cada cual tiene sus razones para llevar la gata al agua.
Eso sí, la Casa Blanca fue informada a tiempo de una costumbre muy peculiar de la pareja real. Ellos, para dormir, necesitan de ¡tres dormitorios! Uno para Charles, otro para Camilla, y un tercero para cuando por cualquier razón que no necesita de mucha explicación, deciden visitarse mutuamente.
Así era la costumbre en Clarence House. No había razón alguna para cambiarla. A la pérfida Albión, así la llaman algunos, nunca le han gustado los cambios.
Mientras tanto Charles III fue a repasar unos cuantos chistes de su repertorio. Su madre, la Reina Isabel II era muy estricta en cuanto a los pormenores de una comida oficial. Estaban prohibidos los ajos, la pasta y hablar de cosas demasiado graves.
Unos cuantos chistes condimentados con algunas pequeñas indirectas históricas no estarían nada mal. De ninguna manera hablar de China, Irán y menos que menos de Venezuela, ahora que se acercaban las mid-term legislativas y cuatrocientos mil venezolanos en Florida estaban comentando que el trabajo comenzado en enero había quedado a medio hacer.
Según leyenda urbana fomentada por los Demócratas, también había cierto descontento por la suspensión del TPS pero a ellos siempre les ha interesado comentar que Donald Trump es anti inmigrante para difuminar la diferencia entre anti inmigrante en general y anti inmigrante ilegal.
Ese interés de los demócratas se basa en el hecho que fue justamente un presidente demócrata, Barack Obama, quien expulsó la cifra más alta de inmigrantes ilegales jamás vista, 2.5 millones. En la esgrima cuando está uno más débil puede usar la estocada «a fondo» para desviar la atención. Lo de Obama es cuento viejo pero no menos cierto por eso.
Igual de cuento viejo que ya habíamos oído pero no contado con la simpatía y la perfecta dicción y picardía de Charles III se refiere a la siguiente visita. En un tiempo que Churchill estaba alojado en la Casa Blanca el presidente Franklin Delano Roosevelt decidió visitarlo en su cuarto para discutir un asunto de las Naciones Unidas.
Él entrando y Churchill saliendo del baño en pelota. Sin perder la compostura, Churchill dijo: – Como ve, no tengo nada que ocultar –.
Otro de los chistes fue cuando el presidente Donald Trump dijo que si no hubiese sido por la ayuda norteamericana en la II Guerra Mundial todo el mundo en Europa estuviera hoy en día hablando alemán.
A lo cual el rey contestó – y si no hubiese sido por nuestra ayuda, (refiriéndose a una guerra con Francia anterior a la Independencia) aquí todo el mundo estuviera hablando francés. Aquí quizás sería oportuno recordar que la totalidad de germano parlantes en Europa es de unos 135 millones!
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El chiste más divertido quizás fue cuando el rey comentó las obras que se están llevando a cabo en la Casa Blanca y afirmó que ellos también habían contribuido a cierta reforma inmobiliaria en la Casa Blanca, refiriéndose a cuando la incendiaron en el 1814 en el curso de la guerra iniciada en 1812.
Este otro totalmente genial tiene como origen el escritor irlandés Oscar Wilde quien dijo una vez que – tenemos tantas cosas en común con Estados Unidos, menos el lenguaje –.
Cierto es que todos lo pasaron de maravilla en la cena y como corolario, el presidente Donald Trump le quitó el arancel al whisky, cosa que debe haber sido ¡grandemente celebrada en el Reino Unido!
Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
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