Lecciones del incumplimiento de los ODS 2030, por Marino J. González R.
El reciente documento de Cepal sobre el progreso de la Agenda 2030 en la región es contundente. Sin medias tintas. Al ritmo actual solo se alcanzará el 19% de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 en América Latina y el Caribe.
También se reconoce en el documento que el 42% de las metas están en la dirección correcta, aunque a lenta velocidad. Pero lo peor consiste en que 39% de las metas están estancadas o en retroceso cuando se comparan con la situación en 2015.
Después de toda la insistencia realizada por organismos internacionales, gobiernos de todo el mundo, y diversidad de organizaciones de la sociedad civil, los resultados no pueden ser más preocupantes. Alcanzar el desarrollo sostenible se ha convertido en un desafío muchas veces inalcanzable, evasivo.
Quizás lo primero que resulte útil es conocer cuáles han sido los avances. Para identificar la brecha con respecto a lo que no se ha podido conseguir.
Se señala en el documento que los avances resaltarían en cinco de los ODS (sobre un total de 17). Es importante señalar que estas apreciaciones se refieren al conjunto de la región, sin considerar las diferencias entre países.
Se han alcanzado varias metas del ODS 7, especialmente las asociadas con la participación de las energías renovables y la mejora en la eficiencia energética. También se constatan progresos en el ODS 3 en lo que respecta con la reducción de la mortalidad infantil y la contaminación en salud.
Otros avances se expresan en la conservación de las zonas costeras y marinas y en la regulación de las subvenciones a la pesca (ODS 14), en la reducción de la generación de desechos (ODS 12), y en el aumento de la cooperación internacional en ciencia y tecnología (ODS 17).
Las metas de los ODS en las cuales no se avanza a la velocidad requerida se ejemplifican en la lenta incorporación de acciones por el clima (ODS 13), y en la protección de la vida de los ecosistemas terrestres (ODS 15).
Los retrocesos se expresan en el aumento de las desigualdades y en las áreas de las políticas fiscales y sociales (todo lo contrario que se propone en el ODS 10), en la producción y consumo responsables, uso sostenible de los recursos naturales, y desperdicio de alimentos y gestión de los productos químicos (ODS 12), y en la gestión del agua y saneamiento, y en la calidad y el uso eficiente de los recursos hídricos (ODS 6).
Es bastante evidente que las causas de los retrasos y retrocesos en el cumplimiento de las metas de los ODS son múltiples. Además, están relacionadas con las específicas condiciones en los países. Identificar esas causas requiere el análisis particular en cada contexto nacional. Sin embargo, al menos dos factores deben considerarse.
El primer factor está asociado con la calidad de la gestión, especialmente de los gobiernos nacionales. Es bastante claro que el seguimiento del cumplimiento de los ODS no forma parte de la agenda de políticas públicas, ni en las campañas electorales, ni en la gestión de los gobiernos.
Sólo habría que imaginar lo que significaría que cada mes los gobiernos nacionales informaran sobre el seguimiento de las metas de los ODS 2030. El hecho de que esto no suceda es indicativo de la ausencia de este tema en la agenda de los gobiernos. Lo cual nos lleva directamente a la importancia que tiene la interacción permanente con los liderazgos políticos sobre las opciones de desarrollo sostenible.
El segundo factor que impide el seguimiento sistemático de los ODS es la ausencia de sistemas de información actualizados y pertinentes. Generar datos con una tardanza de dos o tres años afecta de entrada el seguimiento exitoso.
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Sencillamente porque la utilidad del seguimiento oportuno, especialmente por los cambios que podrían aplicarse en las políticas públicas, no se puede obtener. Todo esto significa que la formación de los liderazgos políticos y la generación de mejores sistemas de información sobre la gestión pública, se convierten en dos aspectos claves del desarrollo sostenible en la región.
Marino J. González es PhD en Políticas Públicas, profesor en la USB. Miembro Correspondiente Nacional de la Academia Nacional de Medicina. Miembro de la Academia de Ciencias de América Latina (ACAL).
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