La vejez ¿cómo memoria, o desafío…?, por Ezequiel Querales V.
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Ya el consagrado cantautor, Joan Manuel Serrat, lanzó su oportuno SOS: «Debemos recuperar la centralidad de la experiencia, y alertar sobre el riesgo de una indolente sociedad sin memoria intergeneracional».
Aludía, al aumento de las expectativas de vida que se ha venido dando los últimos años, en muchos lugares del mundo en el segmento de la tercera edad, (Con Japón a la cabeza) y paralelamente, surgen trabas, irónicamente impuestas, por la misma sociedad.
Se aclara, que la idea no es volver a la ilusa pretensión de la inmortalidad o eterna juventud, polémicos temas tan manejados desde los mismos albores de la civilización, sino alertar sobre solapado «ácido humor y discriminación» que suele filtrarse cada vez con mayor virulencia contra los adultos mayores.
Ya es imposible, esconder el crecimiento de la longevidad mundial, sobre todo, los últimos 50 o 60 años, quizás mucho más tiempo. Pues ya Oscar Wilde, (1890), la miraba desde otra ingeniosa perspectiva, en su famosa novela El Retrato de Dorian Gray.
Y como es sabido, durante las distintas épocas de la humanidad, predominó el mito de la eterna juventud.
Igualmente la ficción sobre la mortalidad y la eterna juventud, primero en la antigua mitología y luego la historia y la literatura, exploraron el anhelo humano de burlar el tiempo como una barrera existencial a vencer.
Lejos de ser un simple cuento de hadas, la literatura y el cine, han abordado muchas veces este tema como una advertencia: «vivir para siempre a menudo se convierte en una condena psicológica, una distopia social o reflexión sobre el verdadero sentido de la vida».
Entonces surge la ácida interrogante: ¿Para qué vivir más tiempo si en la mayor parte del mundo, no existen condiciones mínimas necesarias, de ocupación, atención, recreación, alojamiento, salud, expectativas de desarrollo en general, para las personas mayores?.
Como si no bastaran inconvenientes, se destaca, que a tan avanzada edad, ya no hay amigos, pues se han muerto, o están distanciados y solo se pueden ver y hablar digitalmente.
Igual ocurre con los familiares, separados del amor y de la amistad, de sus seres queridos. Lo que según los expertos, constituyen las fuentes más importante de la felicidad humana.
La longevidad, ha tomado tal importancia, que destacadas universidades como Harvard y Stanford, en EEUU, han creado especialidades, para enseñar, incluso, como cultivar la amistad y el amor a la familia, temas que poco a poco han ido desapareciendo.
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Apologistas cristianos como Clive Staples Lewis, profundiza la polémica, cuando declara: «que nunca eres demasiado viejo para fijarte metas o tener nuevos sueños. La edad es solo un número y la motivación, la curiosidad o las ganas de reinventar no tienen fecha de caducidad». Apunta.
Convencidos longevos como Joan Manuel Serrat, de 82 años, son categóricos en sus duras reflexiones: «Me gusta estar vivo y sentirme útil, por eso me rebelo contra el mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad».
Todos a uno, agrian la polémica, cuando chocan con sus ideas indeclinables «sobre la vejez como memoria o desafío», y hacen interminable el tema existencial..
Con Información de CLIC-BBC-Harvard Business Review”- Redes Sociales.
Ezequiel Querales V. es periodista y analista político
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