La soberanía ante todo, por Fernando Rodríguez
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Venezuela es un país. ¿Ah, usted lo sabía? Bueno, conciudadano, hay que ponerse mosca porque por el momento no lo somos.
No sé exactamente qué diablos somos, pero a mí me da la impresión que estamos más cerca de tener una estructura colonial que de otra cosa, simplemente porque al parecer las decisiones mayores se toman en la ciudad de Washington y las muy mayores las elabora el zángano de Trump y su corte inmediata, tan zángana como él.
Pero país, nación, república y demás como dice el himno, la constitución y otros solemnes decires, pues no, ¡no!
Casi todos los venezolanos dirán que son patriotas –salvo unos pocos pitiyankis, enfermos, sarnosos– lo cual, si uno lo piensa un momento, implica unas cuantas cosas, para empezar nuestra célula de identidad.
Luego el abuelo de Caripe que, cierto, vino de Génova, ciudad de Italia, pero que jugó tanto dominó, bebió tanto ron y preñó unas cuantas lugareñas –entre 7 y 11 hijos– que fue un verdadero cacique del poblado.
De manera que por sus papeles identitarios como por el viejo querido, que murió de 90, usted está amarrado a esta tierra donde nació y creció y se hizo hombre o mujer o híbrido, que se enamoró como un loco y se casó y tuvo hijos que andan por ahí y se divorció, toda una epopeya.
A lo mejor fue a la UCV y votó en elecciones por el MAS o por AD (los de antes). Todo eso crea una deuda. Una deuda del corazón, de la memoria, de los cojones.
Eso es, no crea en identidades nacionales (bastante fascista). Ni mucho menos en celebraciones patrióticas. Todavía menos en gloriosas fuerzas armadas y otras instituciones solemnes y bellacas.
Y la historia buena, mi general Sucre por ejemplo, recuérdela pero de cuando en vez. Su tierra es usted, su vida vivida, las carajitas del liceo y las hembras de la universidad, sus viejos bajo tierra hace ya un rato pero que ahí siguen nocturnos y queridos.
La patria tiene su nombre y sus cuentos y lágrimas y arrecheras y luchas. Tan suya que ningún gringo va a venir a sacarla del Caribe y pegarla al norte de América, a Gringolandia, disque el Estado 51 ¿Un chiste de Donald? Donald es un chiste, cruel, muy cruel.
Pero yo no quiero hablar de los delitos que están en la cabeza del vándalo. Es ahora, compañero, connacional.
El destino de Venezuela lo deciden los yanquis, hasta tienen una tropa de espías y expertos en la Embajada en Caracas y en lujosísimos hoteles.
Sus mandatos los concretan y ejecutan unos tipejos que se pasaron varias décadas hablando pendejadas de una ideología que no conocían, y destrozando y devorando mi país, tu país.
Es de no creerse, es muy raro: se llevaron para masacrarlo al Jefe y señora y dejaron toda la banda.
Tan raro y eficaz es que somos el «modelo venezolano» que se desea aplicar en otros lados, cuando fuese posible. Somos cosmopolitas, no es poca cosa para este paisito nuestro.
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Bueno, nada. Aquí van pasar muchas cosas importantes, que nos conciernen por supuesto y debemos participar. Que si fulana o sultana, que las tres etapas, presos viejos y presos nuevos, elecciones a lo mejor, etc.
Pero, ante todo, damas y caballeros, hay que proteger la soberanía, la tierra de nuestros vivos y nuestros muertos, Venezuela libre, no dejarse pisotear. Yanquis go home. Traidores, vende patrias, acompáñelos.
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