La operación Dinorah, por Gonzalo González
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Antes de entrar en el tema de estas reflexiones, considero importante establecer algunos criterios que definen y condicionan el devenir político del país.
Los sucesos, del 3 de enero del presente año, han supuesto un cambio cualitativo importante desde el punto de vista político: la emergencia de un nuevo actor político diferente al régimen y al movimiento democrático, los Estados Unidos. Actor que pasa a ser el hegemón en el acontecer político nacional.
Esa condición le viene dada por su capacidad y voluntad para determinar el decurso presente y futuro del país, como en efecto lo viene haciendo. El escalamiento hasta lo militar de su intervención estuvo motivado principalmente –aunque no exclusivamente– por sus intereses geopolíticos que consideraba seriamente lesionados por la política internacional y de alianzas del régimen chavista.
De esas consideraciones y de la muy particular manera como perciben y consideran la defense de los mismos y de hacia dónde debe evolucionar la situación de Venezuela se origina el interinato y el Plan Rubio. Conviene a los actores políticos endógenos ser conscientes de esta realidad y actuar en consecuencia con el realismo y el pragmatismo dictado por la situación.
Esto último es aplicable para los dos lados en disputa por el poder, uno para garantizar el continuismo o para negociar supervivencia política pos interinato. Al otro para que la ventana de oportunidad de cambio político que abrió el 3 de enero se materialice.
Es en este contexto, en cual el tutor quiere controlar todo lo relevante y clave respecto del presente y el futuro del país llega la inopinada Operación Dinorah.
A bote pronto, –porque a falta conocer detalles y la letra pequeña de la operación encabezada por ella, concebida, organizada y facilitada por EEUU–, lo pertinente para las fuerzas de cambio es considerarla de entrada como positiva.
Lo es, en principio, porque: rompe la inercia y la incertidumbre existente en el país sobre la posibilidad real de que la tercera etapa del plan Rubio cristalice, busca promover un proceso negociado hacia le reinstitucionalización de la gobernanza del Estado que incluye designar un nuevo CNE –proceso que puede ser el preludio creíble de que habrá comicios que cumplan, no solo con los requisitos y garantías que establece la Constitución, sino también que la soberanía popular sea acatada–, así como nombrar un nuevo TSJ.
Puede afirmarse sin faltar a la realidad, que algunos de sus postulados y objetivos coinciden en términos generales con las propuestas y objetivos contenidos en el Manifiesto de Panamá.
Hasta aquí todo iría bien. El problema consiste en algunos detalles importantes de la operación que generan malestar. Empezando por el hecho de que el liderazgo visible y comprobado de las fuerzas de cambio ha sido marginado no solo en la concepción de la operación de marras, sino también por su ausencia en la comisión negociadora con el régimen que se propone instalar.
Porque los nombres contemplados para representar a las fuerzas de cambio en la mesa de negociación no han sido designados por el liderazgo democrático ni por las fuerzas políticas a las cuales pertenecen.
Al respecto de lo anterior, es grave que no se conozca la valoración clara y precisa de esos sectores sobre la iniciativa comentada. En consecuencia hay un déficit de representatividad política del lado democrático lo cual genera una minusvalía política en relación a la representación del régimen en la eventual comisión negociadora.
Por otro lado, no está claro cuáles serán sus formulaciones y propuestas ni en cuál escenario se debatieron y decidieron. La opacidad presente en todo esto tiene, necesariamente, que generar alarma, prevención y desconfianza tanto en la sociedad como en los actores políticos del mundo democrático.
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Es previsible que hechos como el comentado continuarán sucediendo mientras el mayoritario apoyo social al liderazgo de María Corina y a la política y estrategia que propugna siga siendo pasivo y declarativo; es necesario que ese apoyo se transforme en activo y movilizado en todo el territorio nacional.
Es indispensable mostrar musculatura política y orgánica. Porque al fin y al cabo la política es un asunto de fuerza.
En ese sentido es urgente que María Corina regrese cuanto antes para promover y encabezar ese esfuerzo.
No estoy proponiendo, de ninguna manera, el desconocimiento ni la oposición a la operación Dinorah sino impulsar los cambios necesarios en la misma para que gane representatividad y resuma el sentir nacional. Y para tratar de prevenir nuevos marginamientos al liderazgo democrático. Incluso para evitar la proscripción de la candidatura presidencial de María Corina; objetivo que persiguen el régimen y sectores no chavista, pero aliados del mismo.
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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