La navidad en Venezuela: Un mapa de afectos, sonidos y colores, por Nelson Oyarzábal P.
La Navidad se representa y celebra en muchas regiones del mundo como un acontecimiento trascendental para conmemorar el nacimiento de Jesucristo en Belén, tal como lo establece la religión católica. Cada pueblo, cada cultura graba su huella y teje en su memoria los más sublimes y selectos repertorios para configurar un amplio catálogo que certifica la riqueza, la diversidad y la capacidad creadora que identifica a millones de personas en multitud de territorios a lo largo y ancho del planeta.
En ese concierto polifónico y multicultural que brindan pueblos y naciones para celebrarla, Venezuela no se queda atrás. Año tras año, renueva sus energías con la puesta en práctica de diversas festividades en casi todos los rincones del país, configurando así un maravilloso mapa de colores, afectos, sonidos y memorias.
La tarea es un tanto difícil para abarcar en estas breves líneas la vasta producción cultural navideña. Nos toca reseñar, al menos a vuelo de pájaro, parte del extenso repertorio que se cultiva en nuestro país como expresión de una rica y cimentada herencia cultural a flor de piel que sigue sorprendiendo tanto a propios como a extraños.
Y para arrancar en este itinerario cultural nos posamos territorialmente en algunas localidades de los estados Aragua, Carabobo, Cojedes –como Mariara, San Joaquín, Aguas Calientes, Tinaquillo- donde cada 24 de diciembre se celebra la Romería de los Pastores, una festividad colorida y multitudinaria. Siguiendo el relieve del mapa hacia el occidente, destaca Yaracuy con la belleza de sus aguinaldos y parrandas.
Continuamos hacia Falcón, Lara y Portuguesa. Además de poseer una vasta producción de aguinaldos y salves, estos tres estados coinciden en la celebración del Día de los Inocentes con la “Fiesta de Locos y Locainas”.
Desde allí, nos dirigimos a los Andes, donde la tradición se hace sentir con las Paraduras, el Robo y Búsqueda del Niño Jesús, los Giros de San Benito y la “Quema del Año Viejo”. Hacia los Llanos, San Juan de los Morros (Guárico) destaca por sus devotos cánticos al Niño.
Por su parte, los zulianos hacen alarde de sus hermosas gaitas que, desde hace muchos años han trascendido su influencia a todo el país. Además de las gaitas también se cultiva la fiesta de San Benito en los pueblos del sur del Lago de Maracaibo (Bobures Gibraltar).
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Al cambiar la ruta hacia el otro extremo del país, Barlovento resalta por sus sonoras parrandas callejeras. Más adelante, destacan Tacarigua de Mamporal y El Clavo donde el uso de saxos y trompetas invita a bailar a todos los presentes hasta el amanecer. Muy cerca de allí, El Guapo sorprende por la devoción y el entusiasmo de sus habitantes en honor al Niño Jesús.
El Oriente entero es una sola fiesta. Sucre y Nueva Esparta con sus aguinaldos, comparsas y diversiones pascuales. Bolívar se hace presente a través de importantes cultores y agrupaciones emblemáticas enraizadas en la auténtica tradición musical. Monagas destaca con la multitudinaria Fiesta del Mono, en Caicara de Maturín cada 28 de diciembre. Ese mismo día, en el Litoral Central (La Guaira) las mujeres de Naiguatá y La Sabana (Vargas) instalan “El Gobierno de las Mujeres”, con una singular celebración callejera donde se asumen como autoridades únicas de la población.
Todo el país vibra en un mismo sentir, en una fiesta acompasada de alegría que enriquece un sentimiento, una tradición y una forma muy particular de celebrar y recrear la navidad. No obstante, preocupa que el venezolano común al hablar de estas fechas, las asocie únicamente con gaitas y, en algunos casos, con uno que otro aguinaldo o villancico.
Una importante tarea sigue pendiente en el proceso de recuperar nuestra memoria cultural y fortalecer nuestra identidad. Valorar, reconocer y difundir todo aquello que nos une culturalmente y nos identifica como un pueblo sensible, alegre y creador es uno de los pendientes históricos que debemos asumir con firmeza y determinación en los próximos tiempos.
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