La momia en el banquete, por Aglaya Kinzbruner
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Dice Plutarco y no hay ninguna razón para no creerle, no era chismoso como Suetonio, quien aseveró que cuando se dio el gran incendio de Roma, en el 64, Nerón se sentó para cantar y tocar la lira admirado del espectáculo. En realidad, él abrió su casa, la Domus Aurea, para aliviar y acobijar a los que habían quedado sin techo. Volvemos a Plutarco, pues él decía que en el Egipto predinástico, si alguien se moría, se momificaba y se paseaba la momia reciente por el banquete funerario para evidenciar la transitoriedad de la vida.
Sin embargo, la transitoriedad es una cosa y la duda con respecto a la ética en las negociaciones es otra o quizás no. Veamos el porqué en un pequeño ejemplo. Un gran historiador, erudito, filólogo, antropólogo británico, curador del Departamento de Antigüedades Asirias y Egipcias del Museo Británico en el siglo pasado, Sir Ernest Alfred Wallis Budge, sostuvo la teoría de que en épocas antiguas los egipcios cometieron actos de canibalismo, luego refutados ampliamente por otros antropólogos. Se basó en hallazgos en Nagada y en un fragmento de los textos de las pirámides conocido como el «Himno Caníbal». Y también por unos huesitos todos roídos que encontró.
Debe su fama por haber llevado a Londres uno de los papiros más intrigantes del mundo, el papiro de Ani que contenía una bellísima copia ilustrada del Libro de los Muertos, además de fórmulas mágicas para sortear el paso al más allá. Como le llegó a la policía egipcia la noticia de este posible futuro choreo, no lo sabemos.
Pero cierto es que cuando llegaron a su casa, montó tremenda comida en el jardín delantero y los policías que en muchos países andan subpagados y, por ende, hambrientos, se detuvieron debido a los maravillosos olores que desprendían las carnes asadas mientras –apúrense, apúrense– los asistentes de Budge cavaban un túnel para salir o más bien escapar del país.
Wallis Budge, sin que el corazón le doliese ni un poquito, cortó los 23 mts. del papiro en 37 fragmentos. Para que todo el que los quiera admirar se encuentran hoy en día en el Museo Británico. Y a quien acuse a Budge de este impúdico acto de sustracción, él le diría, como me dijeron a mí en el susodicho museo, que allí estas obras serían más cuidadas que en ninguna otra parte del mundo.
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Y en esta ribera del Arauca vibrador nos están proponiendo un mega acuerdo petrolero, quizás más maga que mega, que puede que sea muy bueno pero del cual no se saben todos los detalles. Ahí está el detalle, diría Cantinflas. Y es en esta instancia que el pueblo hubiese querido la presencia de María Corina por el lazo afectivo que la une al país. Porque, mejoría económica o no, no se puede descontar nunca lo cercano en pos de una supuesta racionalidad.
No quiera Dios, y como están las cosas, que en pleno banquete ¡salgan a pasear la momia!
Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
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