«La miseria» de Cristóbal Rojas, por Valentina Rodríguez
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Este 2026 se cumplen 140 años de la creación de «La miseria» de Cristóbal Rojas, máxima expresión del realismo social y el naturalismo en la pintura nacional. Esta pieza de gran formato que, de cerca, impone un silencio respetuoso por la carga emocional que transmite; se encuentra en Caracas: es parte de la colección de la Galería de Arte Nacional (GAN), que también está de aniversario –de eso escribiré en los próximos días.

La obra presenta un interior lúgubre y humilde donde una mujer joven yace muerta (o agonizante) en una cama desvencijada, mientras un hombre visiblemente derrotado, se sienta a su lado con la cabeza apoyada en la mano. La habitación está casi vacía, la sensación es de carencia absoluta.
Cristóbal Rojas (Cúa, 1858 – Caracas, 1890) fue el gran cronista visual de las dificultades del siglo XIX. Se ocupó de bajar la pintura venezolana de los pedestales heroicos para llevarla a las habitaciones de la gente común. Su genio radicó en su capacidad para capturar el dolor humano, utilizando una técnica de dibujo perfecta y un manejo de la luz que le valió el respeto de la crítica internacional.
La imagen de «La miseria» la seguimos encontrando en las calles del país. Su vigencia es inquietante y fascinante a la vez. Conectarla con la actualidad no es solo un ejercicio artístico, sino un análisis sociológico crudo.
La imagen del hombre sentado, cabizbajo y en silencio, resuena con la resignación y el cansancio psicológico de muchos venezolanos que enfrentan crisis acumuladas. La «miseria» de Rojas no es solo falta de dinero; es una soledad profunda frente a la tragedia. Ese cuarto con escasez de objetos resuena con los hogares que han sido «vaciados» por la crisis, ya sea por la incapacidad de reponer lo básico o por la venta de pertenencias para sobrevivir o migrar.
«La miseria» sigue siendo un espejo incómodo, es un testimonio latente, nos recuerda que la injusticia social –esa con la que juraron acabar a finales de los 90 del siglo pasado– sigue siendo una herida abierta en el país, que en los últimos tres lustros se desgarró de forma bestial.
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Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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