La maniobra canina, por Aglaya Kinzbruner
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En una reunión en la residencia de verano de Vladimir Putin en Sochi, cursando el año 2007 se dio la así llamada por Angela Merkel, maniobra canina.
Resulta que la entonces Canciller que siempre le tuvo tremenda fobia a los perros, o no siempre sino desde que uno la mordió, en el distrito de Uckermark, Alemania, mientras iba en bicicleta.
Tuvo que permanecer estoicamente indiferente cuando el inmenso perro labrador negro de Putin, Koni, se paseó entre los allí reunidos olfateando indiscretamente, los perros son así, indiscretos en grado sumo, quién sabe qué información coligen con eso.
Maniobra canina de poder, la llamó la Merkel y así se quedó, por más que Putin luego se disculpó que algo de caballero tiene.
Y pensamos en la Merkel, ahora una venerable setentona, porque al saberse de la victoria de Alice Weidel con su AfD queríamos saber su reacción.»Me sangra el corazón» dijo y no podía ser menos. Resulta que Weidel ganó en Sajonia Anhalt con el 43.8% de los votos. Algunos la acusan de nazi pero eso es como mucho. De extrema derecha, quizás.
Nos enteramos por internet, intermitente colaborador electrónico de los trabajadores de la prensa.
Porque estamos bien lejos del casi alto paleolítico cuando en los quioscos de Caracas se conseguían el Time, Newsweek, Der Spiegel y cuanta revista uno quisiera a discreción.
Otra maniobra canina fue cuando el gobierno alemán comenzó a financiar las ONGs que socorrían inmigrantes ilegales en el Mediterráneo. Eso comenzó a copar los puertos italianos. A este respecto Giorgia Meloni le escribió a Olaf Scholtz una carta de protesta en Septiembre del 2023.
Hay otras maniobras caninas que sin duda vienen a cuento.
Hablemos, por ejemplo, de las novelitas cortas escritas obviamente por IA que salen en los teléfonos.
Nos ha pasado y lo declaramos con la mano en el corazón. Estamos leyendo las noticias y de repente desaparecen y aparece una historia, siempre es la misma, solo cambian los sujetos, a saber: una malvada madrastra envenena poco a poco a la niña de la casa que casi se muere.
Decimos casi porque si quiere leer el resto de la historia pase a parte dos.
Segunda variante, está por morirse una rica heredera y la malvada suegra junto con el marido la quieren obligar a firmar un testamento a su favor.
Si quiere saber el resto de la historia, también pida parte dos.
Parece que la IA se especializa en bodrios.
Las historias están mal escritas, ni tan siquiera concuerdan los adjetivos con los sujetos, si el sujeto es masculino el adjetivo será femenino y así, ad nauseam, son morbosas, perversas, pero tienen su público que está dispuesto a pagar un poco más a ciertas compañías telefónicas que las producen que a otras que sólo se ocupan de teléfonos que funcionen bien.
En Venezuela las maniobras caninas son tantas que enumerarlas se hace algo cansón. Porque, ¿Qué otra cosa se puede llamar encarcelar un excarcelado por segunda vez? Y ¿los maltratos y traslados de los presos? Y ¿qué sucede con tantas promesas del dúo dinámico, Donald Trump y Marco Rubio? Pero no pierdan las esperanzas, ¡nos busca en la Parte Dos de esta historia!
Aglaya Kinzbruner es narradora y cronista venezolana.
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