La importancia de la verdad en la catástrofe, por Marino J. González R.
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Después de dos semanas de los terremotos del 24 de junio, el país sigue conmovido. La atención a las personas afectadas ha sido una tarea a la que se ha sumado toda la sociedad con el inmenso apoyo de la solidaridad internacional.
Ha sido prioritario el rescate de aquellos que tenían posibilidades de sobrevivir, y la atención a los heridos, damnificados, y a aquellos que sufren la pérdida de familiares, amigos, viviendas. Todos hemos perdido con esta terrible catástrofe.
Es fundamental comenzar a reflexionar sobre lo ocurrido. Lo que se pudo evitar, lo que no se debió hacer, las fallas y omisiones en la gestión de la catástrofe.
Y también es muy relevante que la sociedad acuerde lo que se debe mejorar, lo que se requiere para disminuir sistemáticamente los riesgos individuales, familiares y colectivos ante las amenazas naturales. Es imperativo que se salga de esta catástrofe con un compromiso para ser una sociedad más protegida. La más protegida posible.
Para alcanzar un acuerdo para una sociedad más protegida, se requiere conocer toda la verdad sobre la catástrofe. En la medida que la verdad sea completa, contundente, consistente, entonces se pueden enfrentar con mayor firmeza los próximos retos.
De la misma forma, mientras la verdad sea contradictoria, incompleta, inconsistente, se impondrán dudas e imprecisiones. En consecuencia, acordar sobre la verdad es el primer paso para diseñar la ruta de transformación.
La primera parte de la verdad es conocer quiénes son cada una de las personas fallecidas. Existe una responsabilidad ética ante cada una de esas personas y sus familias.
En muchos casos la identificación de los fallecidos puede ser muy laboriosa, agravada por las limitaciones de recursos. Es deber de los organismos oficiales cumplir con estas tareas de la manera más rigurosa posible. También es deseable conocer los detalles de los fallecidos que permitan una mejor valoración de los daños de la catástrofe.
Vinculado con la verdad sobre los fallecidos están los desaparecidos. Por la inmensa destrucción de los terremotos, los cadáveres de muchas personas se encuentran todavía debajo de los escombros.
La recuperación de muchos de estos cadáveres puede ser una labor muy complicada. Por lo tanto, la utilización de múltiples fuentes de datos será crítica para estimar con mayor precisión el número de desaparecidos.
La verdad sobre los heridos es necesaria para estimar los daños individuales y discapacidades ocasionadas por la catástrofe. Muchas de estas personas pueden estar hospitalizadas en este momento, y quizás requerirán atención en las próximas semanas o meses.
Las personas que requirieron amputaciones deberán contar con las respectivas compensaciones. El registro de los heridos es indispensable para conocer el impacto en las condiciones de vida de los supervivientes de la catástrofe.
Conocer el número y características de las personas que han resultado damnificados es un factor crítico para las tareas de transformación posteriores a la catástrofe. La atención de los damnificados exige la habilitación de sitios de albergue y atención por un período variable.
Lo cual requiere la asignación de equipos de personas y recursos de manera ordenada. La resolución de cada uno de los casos de las familias damnificadas se convierte en un objetivo relevante de la atención post catástrofe.
La estimación de la magnitud de los daños a viviendas, infraestructuras, servicios, empresas, es un requisito para el diseño de las mejores alternativas de transformación post catástrofe.
Esto también supone la utilización de múltiples métodos de contabilización, especialmente aquellos que incluyen tecnologías avanzadas de mapeo y registro. Los terremotos del 24 de junio afectaron amplias áreas del país, por eso el recuento debe abarcar todos los sectores con daños.
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Establecer la verdad sobre la catástrofe no es solamente un proceso de documentación, ya de por sí de gran significación. También es el primer paso para la profunda transformación que debe suceder a una catástrofe de estas proporciones.
Recopilar y sistematizar la verdad de esta catástrofe, es un requisito indispensable para progresar hacia una sociedad más protegida.
Marino J. González es PhD en Políticas Públicas, profesor en la USB. Miembro Correspondiente Nacional de la Academia Nacional de Medicina. Miembro de la Academia de Ciencias de América Latina (ACAL).
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