La Doble D que nos gobierna, por Gregorio Salazar
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Nunca sonaron tan desafinadas las trompetas ni tan destemplados los redoblantes, nunca parecieron tan huecas las consignas ni tan postiza, en suma, una parada militar como la reciente donde las FAN juraron lealtad –eterna, se supone— a la nueva mandataria nacional y ministra de hidrocarburos.
No lo decimos por desairar, sino porque resulta difícil escuchar nuevos juramentos y manifestaciones de «lealtad absoluta» por parte del ministro del ramo, a tan pocas semanas de haber asegurado que defendería la soberanía «a costa de lo que sea» y ver luego cómo se llevaban al comandante en jefe sin hacer que las fuerzas invasoras pagaran el costo de tan inconcebible e insolente afrenta.
Se entiende que pretendan fingir que se avanza «con el honor intacto». Pero a las claras está que por un lado va el ceremonial con derroche de simbolismos y de las gastadas letanías revolucionarias de siempre y otros son los derroteros por los que marcha la patria administrada a distancia por el imperialismo norteño que dicen detestar.
Esa es la fría y áspera arena a la que acaban de llegar, exhaustos de tanto nadar para arrancar a Venezuela de la órbita geopolítica de los EEUU y terminar aprobando, sin más alternativas, los cambios legales y otras sumisiones determinadas por el voraz apetito petrolero del imperialismo a quien tanto se insultó, se repudió, se despreció vacua, imprudente e innecesariamente.
Fue un cuarto de siglo de rompimiento insensato, del insistente calco de la narrativa castrista como si Venezuela no llevara para el momento en que Chávez llegó al poder casi noventa años de desarrollo de una industria petrolera —siempre con gran protagonismo de los EEUU— que cambió la historia nacional y nos catapultó a los primeros lugares entre los centros energéticos mundiales, mientras la población vivía un largo período de movilidad social.
Ahora, con más dependencia financiera y tecnológica y —¡of course!— con menos soberanía debemos reiniciar la ruta para levantar a la esmirriada Pdvsa, recuperar sus instalaciones y su recurso humano, y obtener de las riquezas de nuestro subsuelo las ganancias que permitan a la población salir de las deplorables condiciones de vida a la que fueron condenadas por la copia de un modelo político y económico anacrónico y fracasado, ofrecido bajo el envoltorio del Socialismo del Siglo XXI.
A tan sólo un mes del desalojo por la fuerza de quien usurpaba la presidencia de la República, son torrentes de agua los que han pasado bajo los puentes. La historia irrumpe con rasgos inverosímiles: la revolución domesticada se da la mano con el imperio, coinciden estrechamente en sus metas, aunque por razones muy distintas. Donald y Delcy son la Doble D que nos gobierna en esta fase entrante de capitalismo autoritario.
Que el chavismo se quiera quedar en el poder no es cosa nueva, es justamente su desiderátum. Pero que lo pueda intentar contando con los espaldarazos cotidianos de su otrora encarnizado rival eso sí que no estaba en los pronósticos.
Una muestra se aprecia en el rol que le está tocando jugar a María Corina Machado, líder indiscutida de la oposición mayoritaria. No la quiere en suelo patrio el chavismo, que ya sabe lo que es morder el humillante polvo de la derrota frente a ella.
Y no la quiere aquí tampoco el «mejor nuevo amigo» del norte para poder recorrer la nueva ruta económica sin los sobresaltos de la polarización doméstica. Estabilización, recuperación y transición es la ruta. A esto último, se supone, llegaremos algún día, pero por ahora lo último «no tiene horario ni fecha en el calendario», como diría nuestro gran tonadista.
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El chavismo, sin duda, está frente a otra gran oportunidad de alargar su continuismo de vocación totalitaria. La nueva masa de dinero que recibirá —$10 mil millones adicionales en 2026, se estima— buscarán convertirla en la varita mágica para la anhelada reconexión popular vía salud y alimentación.
Que el tiempo corra y la reinstitucionalización se demore o no se cumpla por algún traspiés electoral o legal de Trump, y que la señora Machado permanezca atada de pies y manos, hasta que ellos sean electoralmente competitivos. Para nada es un imposible.
Ya que se reabrieron los espacios aéreos, los venezolanos aspiran a que se reabra también el espacio político con todas las dimensiones que se requieren para volver a la democracia y esta vez alrededor un proyecto de país no excluyente ni impuesto, sino plural, libertario y con vigencia del Estado de Derecho, compartido por la inmensa mayoría de los venezolanos.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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