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La crisis en Ucrania no es culpa de Occidente, por Gian Luca



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La crisis en Ucrania no es culpa de Occidente
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Opinión TalCual | mayo 26, 2022

Twitter:@Latinoamerica21


Algunos analistas culpan a Occidente, en particular a la expansión de la OTAN, por provocar la reacción rusa y la guerra en Ucrania. John Mearsheimer, de la Universidad de Chicago, ha suscitado un amplio debate internacional sosteniendo que Rusia actuó porque Occidente amenazó directamente su seguridad e intereses vitales. Esa teoría ignora la fuerte responsabilidad de Moscú, la ideología de Putin y su deseo de alterar el orden internacional. En este contexto, América Latina, quien también se vería afectada por las secuelas del conflicto, debería decidir de una vez y conjuntamente de qué lado está.

Nunca hubo amenaza real a la seguridad rusa

Entre 1999 y 2004 la OTAN se amplió a varios países de la ex área de influencia soviética. Rusia se opuso, pero aceptó, ya que los nuevos miembros no compartían una frontera extensa con Rusia, y Moscú se encontraba en una posición débil. El punto de no retorno se alcanzaría en 2008 con la cumbre de la OTAN en Bucarest. La declaración final afirmaba que en el futuro Georgia y Ucrania se convertirían en miembros de la OTAN.

Los temores de Rusia eran infundados. La Declaración de Bucarest apoyaba la futura solicitud de Ucrania y Georgia, pero también hacía hincapié en la necesidad de debatir las cuestiones pendientes. Francia y Alemania detuvieron la iniciativa precisamente para no alarmar a Rusia. De hecho, la OTAN nunca ofreció a Georgia y Ucrania un plan de adhesión y su proceso formal nunca se inició.

En 2020 la OTAN reconoció a Ucrania como «socio de oportunidades mejoradas». Esto permite consultas políticas regulares, intercambio de información, plataformas de interoperabilidad y ejercicios conjuntos. Finlandia, un país miembro de la Unión Europea y que tiene frontera directa con la Federación Rusa, goza del mismo estatus. Finlandia tiene, además, un ejército de 180.000 personas y compra regularmente material militar a Estados Unidos. ¿Deberíamos esperar una invasión rusa a Finlandia? Esperemos que no.

Promesas incumplidas y tratados violados

En la conferencia de seguridad de Munich de 2007, el presidente Putin se refirió explícitamente a las supuestas garantías de no ampliación de la OTAN ofrecidas en 1990 por el entonces secretario general de la OTAN, Wörner. Sin embargo, las palabras citadas por Putin estaban sacadas de contexto y se referían únicamente a la reunificación alemana.

*Lea también: Las memorias de Diego Arria sobre otra guerra europea, por Javier Conde

En 1990, a cambio de la unificación de las dos Alemanias, Gorbachov obtuvo una garantía informal de no expansión de la OTAN. Los documentos diplomáticos revelan que entre 1990 y 1991 el presidente estadounidense George H. Bush, Kohl de Alemania, Mitterrand de Francia y Major del Reino Unido, tranquilizaron a Gorbachov y a su ministro de Asuntos Exteriores, Shevardnadze, de que no habría expansión de la OTAN.

La versión de Occidente es que estas garantías se referían a la Unión Soviética y no podían aplicarse a Rusia en años posteriores. Es una justificación quizás algo improvisada, pero aceptada por algunos analistas, así como por el propio Shevardnadze. En cualquier caso, ¿bastaría eso para explicar la invasión a Ucrania treinta y dos años después?

Putin violó los tratados firmados por la Federación Rusa sobre Ucrania. En 1994 con el Memorando de Budapest, a cambio de ceder el arsenal nuclear ucraniano a Rusia, Moscú se comprometió a respetar la independencia, la soberanía y las fronteras de Ucrania, así como a abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza contra Ucrania. Rusia no ha cumplido ninguno de sus compromisos.

Revisionismo ruso y causas complejas

No es el activismo de la OTAN lo que explica la guerra rusa en Ucrania, sino la forma en que Putin ha decidido gradualmente oponerse a ello, dentro de un diseño más amplio de revisionismo y redefinición del orden internacional liberal liderado por Occidente.

Analistas rusos confirman este argumento. Andrey Sushentsov, del Instituto de Estudios Internacionales del Ministerio de Asuntos Exteriores, señala que con la invasión rusa a Ucrania la era de la búsqueda de Rusia de su lugar en el mundo centrado en Occidente ha terminado. Sergei Karaganov, del Consejo de Política Exterior y Defensa en Moscú, habla de una estrategia rusa de «utilizar diversos instrumentos de política exterior, incluidos los militares” y de sustituir el actual sistema de seguridad euroatlántico por uno euroasiático.

El ministro de Asuntos Exteriores Lavrov arremetió contra el orden liberal y acusó a Occidente de arrogarse un derecho autoperpetuado a remodelar los países «no democráticos» según las normas occidentales, una posición que calificó de «imperial y neocolonial». Las relaciones internacionales, agregó, están experimentando cambios fundamentales y la era de la dominación occidental está llegando a su fin.

Pero las supuestas amenazas a Rusia no están en el ámbito de la seguridad militar sino en el de los valores. La difusión de la democracia, los derechos individuales y el respeto a la ley socavan el orden autocrático ruso. Las élites rusas harían bien en preguntarse cómo es que tantos países anhelan un futuro más cercano a Occidente y libre de Moscú.

América Latina es parte de Occidente

Las consecuencias de un conflicto de largo plazo en Ucrania afectarían sensiblemente a América Latina. El costo de materias primas y alimentos a nivel mundial crecerá impactando el precio de los productos manufacturados que América Latina importa. La aceleración europea hacia una energía y economía verde tendrán impactos mundiales tanto en lo económico como en lo político. Estados Unidos y Europa irán buscando aliados confiables y estables y América Latina tendrá que definir su lugar entre Occidente y los países autocráticos.

América Latina es históricamente y culturalmente parte de Occidente. Los líderes continentales subrayan los valores compartidos con EEUU y Europa como la democracia, el respeto de los derechos humanos y del derecho internacional. Pero al momento de actuar, la región está dividida. En las resoluciones de condena de la agresión rusa en la ONU y en la OEA, algunos países latinoamericanos se abstuvieron, negando así sus propios valores en favor de convenientes posturas ideológicas y de posibles retornos económicos y políticos.

La ocasión es propicia para reanudar una relación más equitativa y ventajosa con Occidente y balancear la creciente influencia política, económica e ideológica china, cuyas consecuencias permanecen dudosas.

Escenarios futuros

Occidente haría bien en buscar un acercamiento con Moscú después de una paz justa en Ucrania. El Kremlin sería un socio importante para gestionar la situación en Siria, Libia, Afganistán y la lucha contra el terrorismo. Además, Rusia sería un aliado clave para contener a China si se volviese más revisionista y asertiva. De hecho, la cautela de Pekín sobre Ucrania podría presagiar tensiones en Taiwán.

Es el momento de un profundo replanteamiento. Occidente debería acabar con la retórica de la decadencia y la «crítica a ultranza» y potenciar la coherencia entre los valores que encarna y sus acciones. América Latina, por su parte, debería actuar consecuentemente con los valores que proclama. Tendría que tomar una posición conjunta al lado de aquellos que defienden dichos valores y no flirtear con aquellos que los debilitan. Los valores conforman los intereses de largo plazo.

 

Gian Luca Gardini es catedrático de Historia de las Relaciones Internacionales en la Universidad de Udine, Italia. También es el titular de la cátedra ad personam “Carlos Saavedra Lamas” en relaciones internacionales en la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg, Alemania.

 

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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