¿Hay una transición en Venezuela?, por Samuel J. Pérez Hermida
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En lo que llevamos del presente año 2026, no puede caber duda del lugar preponderante que ocupa, en el ranking de los temas más discutidos en nuestro país, el tópico de la transición política.
De hecho, y desde mucho antes del pasado mes de enero, respetados colegas profesores, como mi apreciado amigo John Magdaleno, han hecho de este tema un auténtico «Leitmotiv». Desde la perspectiva sociopolítica, politológica y académica, la respuesta a si Venezuela atraviesa actualmente por una «transición» depende estrictamente del marco teórico que se utilice. Hagamos entonces una breve aproximación.
En la ciencia política contemporánea, el concepto ha evolucionado desde los modelos lineales de la transitología de la década de 1980, hasta análisis más complejos sobre los sistemas híbridos y la resiliencia autocrática.
En el contexto actual de la Venezuela de 2026, tras los eventos disruptivos ocasionados por la intervención militar estadounidense de principios de año, el debate podría centrarse, en principio, en tres ejes fundamentales: El enfoque de la transitología clásica; el del autoritarismo competitivo y la resiliencia (Levitsky y Way) y el de la autocratización vs. la democratización, del V–Dem Institute.
En el primero de los ejes mencionados, de acuerdo con lo planteado por O’Donnell y Schmitter, una transición es el intervalo que corre entre un régimen político y otro. Bajo esta premisa, Venezuela podría considerarse en transición solo si existe una ruptura clara de las reglas de juego que estaban aplicándose hasta un momento determinado.
La extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores en enero de 2026 y la apertura de una «ventana de oportunidad» podrían sugerir, de acuerdo con este enfoque, que Venezuela ha entrado en una fase de liberalización, con la apertura de ciertos espacios políticos.
Sin embargo, no debe perderse de vista que el propio O’Donnell nos ha advertido que una transición no es sinónimo de democratización por sí sola. Las transiciones pueden derivar en una «dictablanda», en una «democradura» o simplemente en un colapso institucional sin rumbo claro; un estado de anomia desde el punto de vista sociológico.
En la dimensión del segundo eje, para autores como Steven Levitsky, Venezuela ha operado durante muchos años como un autoritarismo competitivo. En ese modelo, el sistema chavista ha utilizado instituciones democráticas como las elecciones y la Asamblea Nacional para ejercer un control autocrático.
Desde esta óptica, lo que vive Venezuela hoy no es necesariamente una transición hacia la democracia, sino una reconfiguración del autoritarismo. La teoría sugiere que, si las estructuras de control militar, judicial y territorial permanecen intactas a pesar del cambio de liderazgo, el sistema simplemente se adapta para sobrevivir, un fenómeno conocido como resiliencia autocrática.
En el último de los ejes propuestos, si observamos los datos de centros de investigación como el V–Dem Institute, el proceso global actual es de una «tercera ola de autocratización». En Venezuela, esto se traduce en que el desmantelamiento de la democracia producido por 27 años de gobiernos chavistas fue tan profundo que la «transición» requiere no solo de un cambio de gobierno, sino de una total reconstrucción del Estado.
Para determinar si el proceso en desarrollo en la Venezuela de 2026 es una transición real, la sociología política y la politología sugieren formularnos al menos tres preguntas: ¿Hay fracturas reales en la coalición dominante o solo un reacomodo de nombres?, ¿Siguen las fuerzas armadas siendo el gran árbitro político? y, por último, pero no menos importante, ¿Tiene la alternativa política democrática, actualmente atravesada por una seria fractura, la capacidad de gobernar y no solo de protestar?
En todo caso, debe recordarse siempre que, si algo muestra con claridad la experiencia histórica de las transiciones que lograron alcanzar con éxito formas democráticas, es que no existe un modelo único de transición, lo cual nos obliga a aceptar la existencia de múltiples posibilidades en el camino hacia un sistema democrático eventualmente viable. Es necesario tener conciencia de que los procesos de democratización no tienen un curso predeterminado.
Diversos investigadores, analistas y académicos, a cuyas lecturas de nuestra realidad presente me siento personalmente próximo, prefieren señalar que, en todo caso, en la Venezuela de hoy presenciamos una situación de crisis de régimen, en lugar de una verdadera transición política, ya que la palabra transición presupone un punto de llegada que, por el momento, sigue siendo incertidumbre y altamente contingente.
Samuel José Pérez Hermida es sociólogo. Profesor UCV. Jefe (E) del Departamento de Análisis Histórico Social de la Escuela de Sociología. [email protected]
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