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Fortín Curritín Calaberín Coquis, por Tulio Ramírez



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Fortín Curritín Calaberín Coquis
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Tulio Ramírez | @tulioramirezc | noviembre 17, 2025

X: @tulioramirezc


La lengua española nos ha legado dos verbos maravillosos: simular y disimular.

Simular es el arte de la mentira por adición. La palabra clave aquí es «fingir». Simular es crear una realidad que no existe, es la actuación, la fachada, el show, el montaje o, como dirían hoy los chamos, es el metaverso o espacio de creación de ilusiones a la medida y gusto de quien la crea. Por estos días lo califican como «Potes de Humo», pero mi querida comadre Camucha, quien no es versada en inteligencia artificial ni en política doméstica, diría que los que simulan, son más falsos que una platabanda de casabe.

Hay muchas maneras de simular. Las más comunes: alardear que se tiene lo que no se tiene o aparentar ser lo que realmente no se es. Es el caso, por ejemplo, de los filósofos de cafetín universitario que, sin haberse leído una página de El Capital de Carlos Marx , hablan del plusvalor, la ideología, la lucha de clases, el materialismo histórico y dialéctico como si los hubiesen arrullado en la cuna con «La Internacional» o «Bella Chao» , mientras le leían El Manifiesto Comunista. Son los que se venden como expertos y lo que hacen es hilvanar discursos cosiendo hilachas de información dispersa, retazos de tapas de libros, resúmenes de Wikipedia o trozos de disertaciones que escucharon de algún erudito o, peor, de otro fantoche.

Pero no solo se simula con el expreso interés de sacar ventaja, también se simula para sobrevivir. Es el caso de los que, atendiendo a directrices de funcionarios gubernamentales, asisten a marchas, mítines y actos proselitistas simulando adhesión y lealtad para evitar perder el trabajo o ser tildado de traidor. Es lo que se llama «simulación por necesidad» que, aunque parezca debilidad, es más bien estrategia. Recordemos que el camarada Sun Tzu recomendaba: «Cuando estés en desventaja, hazte el bolsa. Es preferible tener chamba que estar pasando aceite» (traducción literal del mandarín antiguo).

Disimular, en cambio, es el arte del engaño por sustracción. La palabra clave aquí es «ocultar». El disimulo es la negación, la evasión, el arte de la invisibilidad. Disimular requiere mucha más sutileza que simular, pues exige controlar y ocultar reacciones naturales. Imaginen a un animador de programa de concursos, disimular un intenso malestar estomacal mientras baila el merengue que funge como intro del programa. De situaciones como esa, surge la expresión: “hacer de tripas, corazón”.

Claro, es muy dificultoso disimular cosas que por su naturaleza están siempre a la vista, es el caso, como diría el expresidente Pérez, de la tos y el dinero. Afortunadamente los nuevos tiempos han quitado esa preocupación a muchos venezolanos. Ya no se puede disimular no tener dinero, porque no se puede disimular lo que no se tiene, en todo caso lo procedente es simular tenerlo y tal engaño sería una enorme estupidez ya que puede salir muy caro.

Echártelas de millonario sin serlo, te puede dar victorias tempranas, pero a la larga pasarás pena. Por otra parte, a los que hoy tienen fortunas, no les importa disimularlo, por el contrario, lo ostentan ya que lo más probable es que no les haya costado mucho esfuerzo obtenerlo.

Hace unos días, husmeando por internet, me conseguí con los resultados de la encuesta de 2025, sobre los países más felices en el mundo. Dos países latinoamericanos, Costa Rica en el puesto 6 y México en el puesto 10, entraron al top 10. Otros como Uruguay, se ubicó en el puesto 28, Brasil en el puesto 36 y El Salvador en el 37.

Venezuela ocupó el puesto 80 en el mundo y el último lugar en América Latina. El informe es una colaboración entre Gallup, el Centro de Investigación del Bienestar de Oxford, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y un consejo editorial.

Con una muestra de 80 mil personas, la encuesta pide a cada participante que califique su vida en general, y las clasificaciones se basan en esas evaluaciones. El informe analiza seis variables claves para explicar las evaluaciones de vida: PIB per cápita, apoyo social, esperanza de vida saludable, libertad, generosidad y percepción de corrupción.

Estos resultados me llamaron la atención ya que siempre nos hemos percibido como uno de los países más felices del mundo. Inclusive, Adrián White, un psicólogo social de la Universidad de Leicester en el Reino Unido, cuando publicó en 2007 el primer «Mapa Mundial de la Felicidad», ubicó a Venezuela en el primer lugar en Suramérica, segundo lugar en toda América Latina (solo superada por Costa Rica) y en el puesto 25 del mundo.

La gran pregunta, ¿qué pasó? ¿Será que ayer, por temor al poder, simulábamos ser felices sin serlo y hoy, solo por fastidiar al gobierno, disimulamos ser infelices, siendo realmente felices? Allí les dejo esas preguntas para que respondan libre y sinceramente.

*Lea también: Homenaje a Ozu, por Ángel Lombardi Lombardi

Finalizo echando mano de una expresión que le escuché por primera vez a nuestro querido profesor Simón Sáez Mérida. El profesor Sáez cuando tomaba una medida precautelativa para evitar un mal mayor, usaba la siguiente expresión: forxi fortín curritín calaberín coquis (en traducción libre es algo así como, «por si acaso»). Bueno, forxi fortín curritín calaberín coquis, no me hago responsable de las respuestas emitidas por mis apreciados lectores.

Tulio Ramírez es abogado, sociólogo y Doctor en Educación. Director del Doctorado en Educación UCAB. Profesor en UCAB, UCV y UPEL.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.

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Fortín Curritín Calaberín CoquisOpiniónTulio Ramírez


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