Expectativas en transición, por Ezequiel Querales
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A casi un mes del fulminante bombardeo del 3 de enero y la espectacular captura de Maduro y Cilia, «tsunami» que dejó absorto a todo mundo, los tan esperados cambios para el país se están dando a paso lento, pero a opinión de los expertos y varios periodistas consultados, avanzan por buen camino.
Sin embargo, sigue siendo abrumador el aluvión de noticias, análisis, evaluaciones, críticas y cuestionamientos que se procesan día a día en medios de comunicación, programas de opinión y redes sociales, en torno al controversial proceso de transición iniciado entre EEUU y Venezuela para el retorno de la democracia y las libertades.
Estamos contestes que cada quien es libre de opinar, analizar, discutir y cuestionar lo que se hace, pero es bueno ponderar que los conceptos que se emitan, al menos, contengan razonabilidad y sustento en el desarrollo de los hechos. Y que no se filtren en las indeseables maniobras politiqueras de fake news.
Como vemos, las expectativas son inmensas, pero deben manejarse con la mayor suma de virtud, calma y cordura, como aconsejara el buen oficiante de la histórica transición de la dictadura de Gómez a la democracia, Eleazar López Contreras. También las expectativas deben entrar en este momento en un concienzudo y profundo proceso de observación.
La historia da cuenta que toda transición política de un modelo dictatorial a otra forma de gobierno más civilizado y potable siempre ha sido compleja y hasta peligrosa, pero es un paso necesario para volver al país idealmente deseable que se busca restablecer.
Y como es obvio, su desarrollo, postergación y definitiva culminación nunca responde al capricho de las delirantes mayorías, sino al sabio y oportuno pragmatismo político que suelen llevar a cabo quienes manejan la enrevesada negociación.
No queremos adelantarnos al curso de los acontecimientos que se ventilan, pero convenimos con los autorizados analistas políticos en torno al «papelón» de Delcy Rodríguez en su difícil rol antagónico de someterse al tutelaje obligante de Donald Trump, sin «manchar» la indoblegable causa y venganza revolucionaria del «Patria o muerte».
En criterio de los experimentados observadores, a la presidenta interina no le queda de otra, «tal como lo ha hecho hasta ahora», que vociferar su revolución antinorteamericana «de la boca para afuera», a ver si convence a lo que queda del chavismo, que a menudo la urge a retomar el camino de Hugo Chávez.
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«A nadie sorprende que Delcy y Jorge Rodríguez sigan firmes en lo que mejor saben hacer: chantajear, urdir tretas para ganar tiempo e imponer su criterio. Y ahora, para burlar la indudable sospecha de traición que pesa sobre ambos por haber facilitado la entrega de Maduro a los marines», apuntan los analistas.
Añaden que el 3 de enero de 2026 deja un grato sabor de libertad al país, «porque aparte de descolocar al chavismo, deja claro que Venezuela ya no será otra Cuba, como aspiraba el castrocomunismo».
En tanto, la intervención y transición, conducida por Donald Trump, goza del apoyo de más del 67% del país nacional, y sigue subiendo.
Ezequiel Querales V. es periodista y analista político
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