¿Estado 51?, por Samuel J. Pérez Hermida
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Como sabemos, la intervención militar estadounidense del pasado 3 de enero ha dejado a Venezuela bajo un protectorado de facto. En ese contexto, el presidente Donald Trump ha sugerido en varias ocasiones que nuestro país podría convertirse en el estado 51 de los Estados Unidos.
La idea, más allá de la provocación, ha desatado un aluvión de opiniones en las redes sociales y medios electrónicos, abriendo un debate cargado de implicaciones legales, políticas y culturales. Como quiera que las declaraciones de Trump son un hecho, analicemos el asunto.
Comencemos por señalar que, desde el punto de vista de las normas legales y constitucionales de los Estados Unidos, la pretensión trumpista es inicialmente inviable. El procedimiento constitucional estadounidense contempla solo la incorporación como estados de la unión de territorios que hayan estado previamente bajo su soberanía.
Venezuela, pese al protectorado de facto actual, ante la comunidad internacional sigue siendo un país soberano, miembro de la ONU desde la propia fundación del organismo.
Una anexión bajo la forma que probablemente le gustaría aplicar a Trump violaría principios básicos del derecho internacional y marcaría un precedente sin paralelo; históricamente ningún país independiente ha sido convertido en un estado de los EEUU.
En segundo lugar, el choque cultural sería muy profundo. La experiencia histórica de Puerto Rico demuestra que la estadidad no borra las diferencias ni resuelve las desigualdades. Los puertorriqueños, aunque poseen el estatus de ciudadanos estadounidenses, mantienen una identidad propia y enfrentan debates constantes sobre su condición.
A pesar de las dificultades presentes durante el proceso de nuestra formación histórico social, Venezuela logró en el siglo XX constituir finalmente una identidad nacional, que tiene a la figura histórica de Simón Bolívar como uno de sus ejes fundamentales. ¿Podría el imaginario político venezolano, fraguado a partir del pensamiento bolivariano, convivir con la idea de ser ciudadanos de los EEUU?
El idioma es otro punto crítico. Aunque EEUU no tiene lengua oficial, el inglés domina la vida pública. La transición hacia un bilingüismo forzado o la resistencia a perder el español generaría tensiones en el sistema educativo y en la vida cotidiana.
A ello se sumaría la diferencia existente entre la sociedad venezolana, construida en la matriz cultural de la hispanidad, que tiende a ser colectivista y centrada en la familia extendida, y el individualismo anglosajón del “self-made man”.
El factor racial tampoco puede ignorarse. Venezuela es una sociedad mestiza, y su incorporación introduciría millones de hispanohablantes en un país donde persisten la xenofobia y el racismo sistémico. El riesgo de que los venezolanos seamos relegados a la categoría de «minoría» es real.
En ese contexto, hay un importante elemento de ingeniería política que no podemos dejar de lado; en la hipotética posibilidad de la «estadidad», Venezuela llegaría a tener un peso electoral masivo, que podría llegar a más de 20 escaños en la Cámara de Representantes, lo cual de seguro generaría rechazo político y resistencias inmediatas en el Mainland estadounidense.
La estadidad quizá podría solucionar eventualmente las actuales carencias materiales padecidas por los venezolanos, trayendo recursos económicos y asistencia técnica, pero a costa de diluir nuestra identidad y exponernos a nuevas formas de exclusión, insertando a nuestra población en un sistema donde el racismo sistémico y la xenofobia podrían convertir a los «nuevos estadounidenses» en ciudadanos de segunda dentro de su propio territorio.
Convertirnos en un apéndice de la unión estadounidense sería más una negación de nuestra historia que una solución real a nuestros problemas.
*Lea también: El Estado 51 y la demolición de la identidad republicana, por Xavier Padilla
Por el momento, la opinión pública venezolana en redes sociales parece inclinarse hacia el rechazo de las aparentes intenciones de Trump. Sin embargo, la prolongada crisis ocasionada por 27 años de gobiernos chavistas, ha abierto espacio a voces que, fundamentalmente desde el pragmatismo económico, consideran la anexión como una opción discutible.
El pasado viernes, a manera de experimento, le pregunté a mis estudiantes de primer semestre si ellos estarían de acuerdo con convertir a Venezuela en el estado 51 de los EEUU.
Aunque la muestra obviamente no tiene valor estadístico, debo decir que la derrota 23 a 0 de la estadidad me permitió irme a casa pensando que no todo está perdido en nuestro país.
Ante un posible incremento de las posturas entreguistas, y frente a las pretensiones de Trump, nuestro deber es defender la cultura que nos ha definido durante más de dos siglos. La estadidad estadounidense no es un camino viable, es una ilusión peligrosa que amenaza con convertirnos en extranjeros dentro de nuestra propia tierra.
Samuel J. Pérez Hermida es sociólogo. Profesor UCV. Jefe (E) del Departamento de Análisis Histórico Social de la Escuela de Sociología.
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