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Entrevista imaginaria a Nicolás Maduro, por Alexander Cambero



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Entrevista imaginaria a Nicolás Maduro
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Opinión TalCual | abril 25, 2026

X: @alecambero


Nueva York entre todas las cartas de naipes. Apuramos el paso para encontrarnos con alguien que marcó la vida venezolana durante un buen trecho. La ciudad en miles de rostros que deambulan como hormigas en todas las direcciones. El tren es un hervidero de idiomas apurruñados. El distrito de Manhattan con su gran señorío arquitectónico que se ciñe solemnemente a la desembocadura del río Hudson.

Llegamos a Brooklyn con la certeza de que nos aproximábamos al encuentro pautado. Después de vencer un sinnúmero de trabas del sistema judicial norteamericano, estábamos en la cercanía de poder conversar con el protagonista de unas de las madrugadas con mayor insomnio colectivo que se recuerde en el último tiempo. Llegamos al centro penitenciario para entrevistar a Nicolás Maduro.

Fuertes medidas de seguridad mientras nos conducen a un pequeño recinto con dos sillas y tres fornidos guardias en actitud intimidatoria y vigilante. Un hombre alto vestido de beige con el número 00734-506 en la solapa nos observa con una mirada meditabunda, como en la búsqueda de las respuestas que no han encontrado asidero entre aquellas rejas.

¿Qué ocurrió en la madrugada del 3 de enero del 2026?

Habíamos seguido el protocolo ideado por el coronel Humberto Alfonso Roca Sánchez. Su experiencia militar era uno de sus más laureados pergaminos. Fue Jefe de Seguridad Nacional durante diez años. Estuvo a cargo del operativo de protección del exvicepresidente norteamericano John Kerry en su llegada a La Habana el 14 de agosto del año 2015. Personalmente se encargó de todo el dispositivo de la visita histórica del primer mandatario Barack Obama a Cuba del 20 al 22 de marzo de 2016. El resguardo de las más importantes figuras de la revolución cubana estuvo a su cargo.

Ese emblema antillano estaba acá. Bajo su coordinación se hacían reuniones a diario. Esa semana nos cambiamos cuatro veces de inmueble. Se había filtrado la información desde hacía meses de un posible secuestro. El primero fue el 8 de agosto, luego el 5 de noviembre, en donde nuestro sistema captó un mensaje originado en la base militar Fort Bliss en Texas. Cuatro días después escuchamos otro producido en el Fuerte Buchanan de San Juan de Puerto Rico; igualmente, captamos dos más desde la base naval Roosevelt situada en Ceiba.

Todo aquello fue una emboscada intencionalmente ideada por la inteligencia de Estados Unidos. Creíamos que habíamos develado su plan. Se utilizó un avión ruso TU-214RR4RR que volaba en la frontera con Alaska para detectar partes a larga distancia. El primer teniente Yunio Estévez era el encargado de esta área estratégica. Aquellas coordenadas fueron el alimento de nuestro duro revés. Nos engañaron de manera periódica dándonos un inteligente insumo envenenado.

Diciembre fue un mes de abundantes rumores. Nos confiamos en que todo aquello era parte de un show propagandístico de Donald Trump, un hombre muy ganado para la retórica. Aquella fatídica noche cenamos algo ligero y contestamos algunas llamadas. Como a las doce se dejaron oír unos fuegos artificiales al noroeste de Caracas, por los lados del 23 de Enero. Pensábamos en la alegría que siempre experimenta esta área de la capital. Aquello fue parte esencial de la celada, como elemento de distracción.

De pronto comenzamos a escuchar estruendos. El sonido era francamente ensordecedor. Rápidamente redujeron nuestras posibilidades de defensa y ataque. Eran ciento cincuenta aviones que supimos después partieron de múltiples bases aéreas. El mayor Rubiel Díaz Cabrera cubría con su pelotón la puerta de acceso. Luces azules profundas que enceguecían impregnaron el recinto cuando observé cómo nuestro equipo era reducido por las fuerzas Delta.

Traté de llegar al búnker, pero me caí; tres hombres me sometieron, uno de ellos, en perfecto español, me dijo que estaba bajo control de los Estados Unidos. En una prueba de gran heroísmo, el mayor Hernán González Perera, junto con los capitanes Addriel Socarras Tamayo y Bismar Mora Aponte, valientemente ofrendaron su vida tratando de salvarme. El teniente Yasmani Domínguez Cordero se abrazó con el soldado Sandy Amita López como queriendo hacer un escudo, todo fue muy rápido, ellos tenían determinado el lugar.

Cuando me trasladaban, pude darme cuenta de que todo estaba perdido. Más de treinta hombres desperdigados por el piso en signos de muerte violenta, con la heroicidad de quien no se rindió. Antes que me pusieran la capucha y las esposas, tropecé con el cuerpo aún caliente del buen amigo coronel Lázaro Evangelio Rodríguez. Estudiamos en la Escuela de Cuadros Ñico López de La Habana en el año 1986.

La Liga Socialista hizo un convenio con el Partido Comunista de Cuba, me envió para que me formara ideológicamente allá. Fue una gran experiencia. Llegué a Cuba un jueves 27 de marzo. Nos registramos como estudiantes en la mañana siguiente. La clase magistral fue en el teatro Carlos Marx; la impartió el profesor Francisco Cueto Legrá. Aquella tarde conocí a Lázaro. Me recibió en su casa. Fue escolta de Fidel y vino a Venezuela como símbolo de amistad. Su muerte fue un golpe tremendo.

Me escoltaron; todavía escuchaba los estruendos. Luego me montaron en un helicóptero. Al descender, me explicaron que me estaban llevando al buque USS Iwo Jima. Allí me colocaron un uniforme, suministrándome lentes y protectores de oído para poder aguantar el ruido de los aparatos. Llegamos a Puerto Rico; un avión nos condujo hasta la base naval de Guantánamo. De Cuba en un Boeing 757 hasta la base Nacional Aérea de Stewart en el condado de Orange, Nueva York. Un helicóptero artillado que terminó llevándonos hasta Manhattan, donde diversos cuerpos de seguridad y en caravana nos trasladaron hasta el Metropolitan Detention Center de Brooklyn.

¿Por qué falló su sistema de seguridad?

Fue una combinación de cosas que hemos analizado. La guerra electrónica norteamericana inhabilitó nuestros radares. En varias oportunidades presentaban fallas; ahora caigo en que estaban probando su estrategia. Quizás no conocíamos el mecanismo de funcionamiento de estos equipos rusos. Creo que la falta de un mantenimiento adecuado para este tipo de tecnología nos jugó en contra. Sin negar el factor sorpresa estadounidense, su enorme capacidad, con el atenuante de que pensábamos que esto jamás nos pasaría.

El mayor error estuvo en descuidarnos. Nos estudiaron muy bien, su labor de inteligencia les rindió frutos. Sentir que no ocurriría absolutamente nada fue un patrón psicológico que ellos lograron poner en nuestra agenda. Con dos factores colaterales importantísimos: que nuestra cabeza tuviera un precio de 25 millones de dólares era algo tentador para quien no esté claro, además, ellos manejaron muy bien la especie en que no había escapatoria.

Eso posiblemente hizo que algunos pensaran en su propio pellejo. La otra es que los venezolanos somos muy dados a fanfarronear. Nos gusta creernos importantes. Quizás en alguna conversación familiar alguien filtró la información de que era parte de mi anillo de seguridad y fue contactado. Todo esto que digo son elucubraciones, pero algo así pudo ocurrir.

¿Por qué su seguridad estaba en manos de la inteligencia cubana?

Es una muestra de la solidaridad entre nuestros pueblos. Dieron su vida defendiendo nuestra revolución. Dejaron casa y familia para hacer suya nuestra causa, que también es de ellos. Su lealtad siempre estará a la altura de los héroes de este proceso. Sin embargo, tengo que decir que la coordinación de toda la seguridad nacional está en manos de venezolanos. Somos nosotros los que tomábamos las últimas decisiones.

El internacionalismo es algo que existe entre nosotros. El coronel Ramiro Valdés siempre hizo énfasis en ello. Recuerden que en el año 2007 nuestro comandante eterno Hugo Chávez señaló «que éramos una sola nación», por supuesto, en la línea estratégica de luchar contra el imperio. De Cuba siempre obtuvimos gran apoyo en materia de asesorías para los grandes planes de la patria. Una de las características del cubano es su integridad. Ni su familia conoce sus misiones. No estoy diciendo que los nuestros no lo sean, solo que destaco este renglón de ellos.

¿No siente que fue traicionado por colaboradores cercanos?

No puedo descartar absolutamente nada. Gozábamos de un sistema que creíamos inexpugnable. Cómo fue penetrado es algo que tiene que analizarse. El tiempo con las acciones de algunos develará la verdad que está detrás del secuestro del presidente de Venezuela y la primera combatiente. Aún es muy pronto para descubrir todo lo que ocurrió. Como decía nuestro Libertador Simón Bolívar, el tiempo terminará haciendo prodigios. En particular, estoy tranquilo. Con la confianza en que pronto estaré de vuelta.

¿Por qué no aceptó la oferta del presidente Donald Trump de salir del poder por las buenas?

Aquello era una posición inaceptable. Me hubiera convertido en un presidente que traicionó la voluntad de su pueblo, privilegiando el bienestar particular por encima del interés de los más necesitados. Fueron varias las ofertas que siempre recibieron un contundente y sonoro no. Uno de los últimos de esos ofrecimientos ocurrió el 15 de diciembre. Recibí en la madrugada una llamada del presidente Trump junto con el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance.

Duró treinta y seis minutos. Allí les ratifiqué que estaba abierto a buscar una mejor relación con los EEUU, que podíamos avanzar en una agenda de acuerdos, pero que claudicar no estaba en discusión. Seguimos hablando hasta el 23 de diciembre, cuando nos pusimos alerta ante una posible intervención. Navidad nos trajo cierta tranquilidad que terminamos pagando con creces. Los errores en política se pagan caro.

¿No se arrepiente de haber solicitado que EEUU viniera a buscarlo?

Ese tipo de declaraciones son propias de la efervescencia política del momento. Uno no puede transmitir otra cosa que no sea que está dispuesto a luchar para defender la revolución. La idea es llevar optimismo y entrega a todas nuestras estructuras organizativas. En aquel momento teníamos que tener la guardia en alto. Rendirse jamás estuvo en los planes.

¿Cómo es su rutina en la cárcel?

Obviamente, es una realidad muy dura. Tengo dos salidas semanales al patio. No tengo contacto directo con otros presos. Estoy recluido en un espacio de cuatro metros. La mayor parte del tiempo lo utilizo en leer. No solo son textos políticos, la literatura hace que pueda disfrutar de otros mundos; allí logro traspasar los barrotes y ser libre. En las noches leo la Biblia en la búsqueda de Dios.

Recuerdo que el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal me había regalado una en un viaje a Managua. Aprovecho el día para leer y escribir cartas que me han enviado desde muchas partes del mundo. Estar recluido te hace pensar en todo aquello que es el poder y sus extrañas circunstancias. Quien gobierna es tentado y adulado por muchos que se aproximan buscando prebendas. La lealtad comienza a escasear cuando los intereses les ponen coto a los principios, no todos los que te acompañan son sinceros.

A veces, estar apartado te da la verdadera dimensión de dónde estabas pisando. No todo quien te asegura ser un colaborador sincero lo es en realidad. Fidel llegó a decírmelo en uno de nuestros últimos encuentros. Fuimos de sorpresa para celebrar su cumpleaños ochenta y ocho. Estamos hablando del 13 de agosto del año 2014. Estuvimos en su inmueble en Siboney. Nos reunimos durante una hora en el jardín del complejo cero. Me insistió que todo lo manejara fuera en un círculo muy pequeño para impedir peligrosas delaciones. Aquello fue clarividente sin lugar a dudas.

*Lea también: Nombrar para intervenir: soberanía y terrorismo en AL, por Thallita Lima

¿Cree que puede ser liberado?

Estoy convencido de que seré liberado. Las pruebas que tienen tendrán que probarlas. Sigo siendo el presidente de la República y haremos valer que fui víctima de un secuestro. Mi equipo de abogados está organizando toda la defensa. Solo es cuestión de mantenerse con la calma suficiente para actuar sin cometer errores.

¿Las pruebas parecen ser irrebatibles? ¿Está preparado para ser condenado?

Uno siempre aspira a lograr la absolución. Confiamos en que podamos lograr demostrar mi inocencia ante la corte. Estoy persuadido de que puedo lograrlo. No pienso en ser condenado, eso no está en mis pensamientos. Estoy aferrado en regresar a Venezuela en el tiempo que sea perentorio. Por lo pronto, tenemos que esperar que el juicio se inicie.

¿Qué opina de la gestión que desarrolla Delcy Rodríguez al frente del gobierno?

La compañera Delcy Rodríguez es una persona de mi absoluta confianza. Está llevando a cabo una administración que atraviesa un periodo especial. Es tiempo de manejarse con las neuronas y no con las hormonas. Pisamos terreno peligroso. Lo ideal es estabilizar económicamente al país, buscar acuerdos entre los distintos factores para avanzar en paz.

Por supuesto que eso conlleva un gran esfuerzo de reconocimiento entre los diferentes factores que hacen vida en la nación. La coyuntura histórica que vivimos es muy diferente a la del año 2002. Esta vez el imperio secuestró al presidente para llevárselo a su territorio. La presidenta encargada asume una responsabilidad tremenda en un momento incierto para la patria.

¿Sabe que ella viene borrando toda la memoria histórica de la revolución, plegándose dócilmente a Washington?

Nosotros tenemos un pueblo lo suficientemente consciente de lo que significa ser revolucionario. Es la consecuencia de una idea lo que prevalecerá. Las posiciones son momentáneas. Lo eterno es la lealtad a todo lo que hemos construido. Es fundamental mantenernos unidos. Las diferencias se discuten en privado, para salir al combate férreamente con una misma postura. Debemos dejar de lado las bajas pasiones y las zancadillas. Que se maten nuestros adversarios. Nosotros unidos como lo enseñó nuestro comandante eterno. Otro asunto es comprender quién es el enemigo histórico. Jamás puede existir sumisión ante el imperio norteamericano.

¿Usted acusa a la oposición de ser instrumento de EEUU, pero no dice nada de su incondicionalidad con Cuba, China, Rusia e Irán?

No es incondicionalidad. Es la solidaridad de pueblos que creen en un mundo multipolar. Frente a la pretensión hegemónica norteamericana, es necesario un frente que contrarreste su acción, que podamos lograr mantenernos con la capacidad suficiente para ir avanzando. Estamos en contracorriente de una nación súper poderosa que quiere imponernos su modelo. Pretende que volvamos a los tiempos de ser colonia. Desean nuestro petróleo. Que el hidrocarburo venezolano sirva para engordar sus arcas. Y para impedirlo necesitamos de la solidaridad internacional.

El tiempo expiró. Quedaron preguntas flotando en el pesado ambiente. Otra vez las rejas como el testimonio férreo de alguien que ahora es pasado.

 

Alexander Cambero es periodista, locutor, presentador, poeta y escritor.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

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