• Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • EEUU
  • Alianzas
    • Regiones
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
    • Connectas
  • Videos
    • Noche D
    • La Conversa ARI
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Especial Aniversario 26
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro
  • Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • EEUU
  • Alianzas
    • Regiones
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
    • Connectas
  • Videos
    • Noche D
    • La Conversa ARI
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Especial Aniversario 26
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro

El sensacional sábado del general Donovan, por Gustavo J. Villasmil Prieto



0
Comparte
  • Compartir en Facebook
  • Tuitealo

El sensacional sábado del general Donovan
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail
Gustavo J. Villasmil-Prieto | @gvillamil99 | mayo 30, 2026

X: @Gvillasmil99


Tras el asalto nocturno del general Páez al castillo de San Felipe en Puerto Cabello, el 7 de noviembre de 1823, el jefe realista Sebastián de la Calzada firmó la capitulación con la que se ponía fin a la presencia militar española de tres siglos en Venezuela. Desde entonces, nunca más soldado extranjero alguno portando sus armas puso pie en Venezuela. En 1895, Sifontes sacó a tiros a los ingleses que izaron la Unión Jack a orillas del Cuyuní.

No se diga que fue la tropa colombiana que entró en combate en San Cristóbal en 1901: su comandante, el general tachirense – y médico graduado en Francia – Carlos Rangel Gárbiras, resultó derrotado.

En 1903, ni la Hochseeflotte del Káiser pudo, pues el coronel Cárdenas casi les hunde el «Panther» frente a las costas de Maracaibo.

Y si se trata de los cubanos de Tucacas y Machurucuto, de esos buena cuenta dio el general Rigores, que se los mandó de vuelta a los Castro con los pantalones abajo.

Supongo que el defenestrado general Arnaldo Ochoa, como el Aureliano Buendía de García Márquez, lo habría de recordar años más tarde frente al pelotón de compatriotas suyos que lo fusiló por narcotraficante.

Las cosas ahora son distintas. Muy distintas.

El cielo de Caracas, tantas veces testigo de encendidos discursos sobre la soberanía inquebrantable, el antiimperialismo de micrófono y la defensa a ultranza de la dignidad nacional, amaneció el sábado 23 de mayo convertido en patio de recreo y entrenamiento de la aviación militar estadounidense.

Con el pretexto técnico de un «simulacro de evacuación ante eventuales contingencias médicas o catástrofes», dos imponentes aeronaves surcaron el espacio aéreo de la capital, realizando maniobras controladas y aterrizajes directos en los helipuertos de la sede diplomática estadounidense en Colinas de Valle Arriba.

Pero más que en el aire, el verdadero espectáculo – el más vergonzoso – se llevaba a cabo en tierra, en la flagrante estolidez de la multitud que corrió a vitorear, aplaudir, fotografiar y hasta celebrar el despliegue de una fuerza extranjera en suelo propio. No era el simple oportunismo de quien ansía una visa para ir a Miami.

La doble moral requiere, al menos, de un mínimo de cálculo político, de cinismo consciente y de una estrategia discursiva que esta peculiar masa de mirones claramente no poseía.

Antes bien, estábamos ante un alarmante ejercicio de letargo mental colectivo y de desprecio público por la memoria republicana.

Ver a cientos de ciudadanos apiñados en balcones y aceras cercanos al sitio, con sus teléfonos en alto registrando con júbilo infantil el sobrevuelo de aeronaves de guerra extranjeras, era el retrato vivo de una sociedad que parece haber sido despojada de toda racionalidad ciudadana. Y ojo a esto: no era el barrio, la Venezuela «popular», no. Era la clase media alta, la llamada – en teoría – a liderar esto.

Incapaces de procesar el peso geopolítico y simbólico que supone tener hélices extranjeras enseñoreadas con total libertad sobre sus cabezas, prefieren la humillación nacional y la transitan como quien pasea por un parque de atracciones en Florida.

«¿Y acaso antes no eran rusos, chinos y cubanos?», me espetan con ese talante propio de quienes en el fondo buscan justificarse a sí mismos.

Miseria la nuestra: pasar, con ovación de pie incluida, de una tutela extranjera a otra.

La espectacularización de la tragedia venezolana posterior al 3E – la tragedia de un pobre país que hoy aplaude a un nuevo procónsul extranjero que le resuelva la vida – me recuerda aquel maratónico programa sabatino de TV y su escuela de indefensión aprendida que inoculara en el imaginario colectivo venezolano la pedagogía del mesianismo.

Cada sábado, sus animadores tocaban a la puerta de un hogar pobre para proveerlo de electrodomésticos y muebles en plena transmisión «en vivo y directo».

Al transformar la superación de la pobreza en una lotería de la compasión en la que un agente externo descendía providencialmente a resolver las necesidades del sujeto pasivo, se validaba socialmente la cultura de la espera por encima de la agencia ciudadana y del esfuerzo propio.

Aquella misma matriz psicológica que ayer aguardaba ansiosa el arribo del camión del «resuelve» en una barriada caraqueña, es la misma que hoy reverbera en la parálisis de una Venezuela que traslada sus esperanzas de redención política al plano internacional; una sociedad postrada que, habiendo sido un día educada en el desvalimiento, renuncia hoy a la soberanía sobre su propio destino para sentarse a esperar de brazos cruzados a que el «Tío Sam» y su intervención hagan las veces de aquel animador televisivo de antaño, resolviéndole de un plumazo y desde afuera los traumas estructurales que los propios venezolanos no supimos dirimir.

El inusitado entusiasmo que entre muchos provoca la estafalaria tesis del estado 51 viene a demostrárnoslo.

El fenómeno denota una quiebra espiritual profunda entre nosotros.

Mientras el aparato político oficialista coordinaba de manera obsecuente y sumisa las frecuencias radiofónicas, despejaba las rutas aéreas y resguardaba el perímetro con bomberos y paramédicos locales para garantizar el confort de la misión militar extranjera, la calle respondía con el aplauso bobo del ignorante.

El discurso de la «patria soberana» que durante dos décadas se inyectó en el imaginario popular se desmoronó en apenas un par de horas, disuelto por el rugido de los motores estadounidenses.

El entusiasmo desbordado de tantos no es un síntoma de reconciliación ni de civismo, sino manifestación de docilidad pasmosa ante el brillo del poderío ajeno. Es el aplauso automático de quien se sabe sometido y, trágicamente, parece contento con su destino.

Es esa misma estolidez nacional, ahora generalizada, borra de un plumazo el decoro elemental que cualquier nación independiente debería exigir ante la presencia militar de una potencia extranjera.

Al final, el famoso simulacro desnudó nuestra peor y más cruda realidad: no solo somos un territorio de soberanía severamente vulnerada, con las altas esferas del poder firmando sin chistar cuanto papel le pongan por delante – que lo diga el señor Wright – ; somos también una sociedad sumida en una profunda desconexión con nosotros mismos, masa huérfana de orgullo que, mirando al cielo, aplaude con entusiasmo a los aviones que llegan para recordarle, con el viento de sus hélices, su propia debilidad y su absoluta irrelevancia.

*Lea también: Jefe del Comando Sur aterriza en Caracas como parte del simulacro de EEUU

De que el actual momento político venezolano es consecuencia directa de los hechos del 3E ninguna duda cabe. Pero cosa muy distinta es que lo celebremos.

En 40 años de ejercicio médico jamás vi a nadie salir a festejar un diagnóstico ominoso.

El general Donovan no vino de invitado al desfile del 5 de Julio en Los Próceres: su escolta, armada para entrar en combate, estaba allí para recordárnoslo. Como tampoco vino a repartir neveras y colchones por TV. Vino a ratificarnos que un nuevo proyecto imperial está en marcha: si nos parece, bien y si no, también.Seguramente le pondrán una estrella más en el uniforme por ello.

A Venezuela, quizás, apenas le toque el vestidito de encaje de la «cenicienta sensacional».

 

Gustavo Villasmil-Prieto es médico, politólogo y profesor universitario.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo

Post Views: 1.457
FacebookTwitterWhatsAppTelegramEmail
0
Comparte
  • Compartir en Facebook
  • Tuitealo

general DonovanGustavo J. Villasmil PrietoOpinión


  • Noticias relacionadas

    • La condición humana, por Aglaya Kinzbruner
      septiembre 29, 2026
    • El cambio de época en la Venezuela de 2026, por Omar Ávila
      septiembre 29, 2026
    • Donald y Delcy, por Fernando Mires
      septiembre 29, 2026
    • El error fatal de Trump en la ONU, por Jipson Briceño Domínguez
      septiembre 29, 2026
    • Existir y política, por Gisela Ortega
      septiembre 28, 2026

  • Noticias recientes

    • El Niño obliga a Venezuela a coordinar una respuesta que vaya más allá de la emergencia
    • La condición humana, por Aglaya Kinzbruner
    • El cambio de época en la Venezuela de 2026, por Omar Ávila
    • Donald y Delcy, por Fernando Mires
    • El error fatal de Trump en la ONU, por Jipson Briceño Domínguez

También te puede interesar

El mito democrático de la Cuarta Transformación, por Ernesto Hernández Norzagaray
septiembre 28, 2026
El desmantelamiento de la dictadura judicial (II), por Juan Miguel Matheus
septiembre 27, 2026
Delcy, la renacida, por Gregorio Salazar
septiembre 27, 2026
¿Bueno… y la justicia?, por Fernando Rodríguez
septiembre 27, 2026
  • Portal venezolano fundado por Teodoro Petkoff, comprometido con la verdad, ejerciendo la libertad de expresión. 26 años ofreciendo actualidad informativa, reportajes, investigaciones, análisis y opinión. Un producto de Editorial La Mosca Analfabeta.

  • Contacto: [email protected]

    Síguenos
  • Noticias

    • TalCualVerifica | La cifra de la matrícula escolar...
      septiembre 28, 2026
    • OFAC emite nuevas licencias que amplian operaciones...
      septiembre 28, 2026
    • Gremios y familiares de presos policios protestan este...
      septiembre 28, 2026

  • A Fondo

    • El Niño obliga a Venezuela a coordinar una respuesta...
      septiembre 29, 2026
    • «Decidir no es delito»: buzón de TalCual recoge...
      septiembre 28, 2026
    • Comida más cara, menos luz y trasnochados: la factura...
      septiembre 28, 2026

  • Opinión

    • La condición humana, por Aglaya Kinzbruner
      septiembre 29, 2026
    • El cambio de época en la Venezuela de 2026, por Omar...
      septiembre 29, 2026
    • Donald y Delcy, por Fernando Mires
      septiembre 29, 2026


Diseñado y Desarrollado por Binaural
  • Noticias
  • A Fondo
  • Lo Nuestro
  • Opinión
  • Migrantes
  • EEUU
  • Alianzas
    • Regiones
    • Alianza Rebelde Investiga
    • #LaHoradeVenezuela
    • Connectas
  • Videos
    • Noche D
    • La Conversa ARI
    • La República que Tortura
      • Documental en Youtube
  • Especial Aniversario 26
  • Nosotros
    • Principios editoriales
    • Manual de estilo
    • Nuestra historia
    • Editoriales
    • Teodoro
Presione enter para comenzar su búsqueda