El país necesita un revulsivo, por Gonzalo González
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Entre la velocidad morrocoyuna de la Comisión de Negociación y la pasividad ciudadana se está consolidando una situación de calma espesa, de marasmo, que conspira a favor del interinato y daña en igual proporción a los intereses nacionales y la posibilidad cierta y oportuna en el tiempo del cambio político.
No es que no esté pasando nada, se sabe de mucho conciliábulo y ñemeo que pretende al margen de las mayorías nacionales y sus legítimos representantes dibujar y forjar el futuro inmediato y mediato del país para favorecer intereses parciales, sacar ventajas espurias de la situación; verbigracia: el madrugonazo del acuerdo petrolero inconsulto – aprobado a posteriori y sin el debido debate y las consultas del caso por la an (minúsculas exprofeso) para salvar la cara –; y abortar o diferir al máximo posible el aprovechamiento cónsono con los intereses de la nación de la ventana de oportunidad abierta por los sucesos del 3 de enero.
En el campo democrático, los partidos, las organizaciones sociales y las oenegés tratan de aprovechar las rendijas abiertas – aunque insuficientes, porque se mantiene el status autoritario y represivo, allí está el caso de los presos políticos y de quienes sufren medidas cautelares – para reconstruirse y salir a la luz pública.
Su praxis actual no logra conectar con la ciudadanía. Esa debilidad incide, seguramente, junto con el precedente de la aplicación del terrorismo de Estado luego del 28 de julio, a explicar la pasividad social.
Conscientes estamos de que los cambios necesarios en los poderes Judicial y electoral demandan cierto tiempo para que sean eficaces, legales y legítimos de acuerdo a los requerimientos de la situación grave por la cual atraviesa la república y la sociedad. Sin embargo, la sensación compartida por amplios sectores es que la gestión de los mismos pareciera tener el pie en el freno y no la velocidad de crucero necesaria. Es por ello que las mediciones de opinión serias reflejan la ausencia de confianza de la sociedad en los actores políticos involucrados.
La persistencia de esta situación debe ser revertida, su permanencia o remisión influirá de manera importante en el desenvolvimiento y destino de la situación actual, y en lo que finalmente termine de ocurrir.
En otras palabras, de no mediar cambios sustantivos que hagan irreversible la transición hacia la democracia, se corre el riesgo serio de que el interinato perdure sine die con los efectos y consecuencias negativas del caso.
Vistas las cosas y la situación, ese revulsivo, esa piedra arrojada en el estanque que remueva las aguas no puede ser otro que el regreso de María Corina, cuyo liderazgo es ampliamente reconocido por la sociedad y renovado por su diagnóstico acertado de que después del fraude la política correcta era la de la resistencia y no la de asimilarse al sistema, participar de sus instituciones ilegítimas, convalidar sus maniobras continuistas y por su valentía de quedarse en el país – corriendo los riesgos entrañados por la situación – todo el tiempo que fuese posible y conveniente para la causa de la liberación de Venezuela.
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Su pronto regreso – según ha anunciado públicamente – es para comenzar una Campaña Admirable destinada a movilizar a la sociedad – al igual que en el 2023 y el 2024 – para lograr, en esta ocasión, que se resuelva un calendario electoral que le permita a la ciudadanía votar por un nuevo gobierno. Porque en resumidas cuentas, la lucha es «Hasta el final».
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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