El inmoral tutelaje de Trump, por Ezequiel Querales V.
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Desde siempre se ha estigmatizado el ejercicio de la política, como un invento del diablo.
Tanto los descalificados personajes que suelen ejercerla, como los perversos despropósitos que la acechan por dentro, y en su entorno, han contribuido de alguna manera, a esta perversa tachadura.
Se sigue afirmando, sin el menor pudor, que la política es lo más sucio que puede existir en la sociedad. Aunque en mejores instancias, se reacomoda el término, señalando que siempre será un duro hueso de roer, en cualquiera tiempo o circunstancia.
Pero el reciente y atrevido pronunciamiento del presidente Donald Trump, de convertir a Venezuela en el estado No 51 de Estados Unidos, derriba y arroja al cesto, cualquier consideración de la realpolitik.
No solo hace añicos toda posibilidad de enaltecer el civilizado ejercicio de la política, sino que abre viejas heridas y agrega nuevas controversias que invalidan rotundamente, la natural sindéresis política. Esa especie de brújula moral que siempre nos impulsa a buscar el bien y a erradicar el mal.
«El desquiciado y megalómano mandatario», estadounidense, (no merece otra consideración), rebasó tanto la raya amarilla, como las líneas rojas, de la sangre derramada por las guerras del mundo, con sus denigrantes afirmaciones sobre Venezuela.
Tal como lo expone el prohombre venezolano, Gustavo Coronel, en carta abierta dirigida al secretario de Estado Marcos Rubio, por considerarlo una persona honesta: «Al expresar públicamente su intención de apropiarse de Venezuela y convertirla en un Estado de la Unión, el presidente Trump viola los principios más elementales de respeto que un jefe de estado debe tener por la independencia de otro estado y, de paso, ofende a su propio país» (…).
Coronel se apoya en el último sondeo de la prestigiosa encuestadora Meganálisis, para negar que el pueblo venezolano «esté bailando alegre en las calles, con los bolsillos llenos de dinero petrolero suministrado por la acción benefactora estadounidense». (…)
Igualmente, muestra los resultados, para corroborar que «el 89,7% de los venezolanos rechazan la alianza contra natura entre una sangrienta dictadura (chavista) y la nación que dice ser la líder mundial de la democracia y libertad». (…).
Y añade: «ofende a su propio país, al violar abiertamente los principios de filosofía política y de ética ciudadana en los cuales los Estados Unidos ha basado su admirada excepcionalidad».
El inmoral tutelaje, que Donald Trump mantiene con la saqueada Venezuela, refleja la venenosa alianza que se puede llegar a construir, entre las grandes potencias, con las peores dictaduras del mundo, en aras de jugosos negocios y el dominio global.
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Según los analistas políticos, Trump ha aprendido a utilizar a su favor, la impredecibilidad en la política, convirtiéndola en un gancho estratégico. En una suerte de himno sin gloria del gobernante hegemónico de estos tiempos.
Que además, ha traficado con ella, cual héroe que se erige monumentos evocadores de sus trivialidades, para desviar la atención, superar, y hasta salir airoso, de los quemantes y controversiales conflictos.
Ezequiel Querales V. es periodista y analista político
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