El Helicoide en las artes plásticas, por Valentina Rodríguez
X: @valenntinus
Luego de los sucesos del 3 de enero en Venezuela, entre los deseos y opiniones que circulaban en redes sociales estaba la salida del Sebin de El Helicoide y que esta edificación pasara a ser un lugar para la memoria o la cultura. Esta idea volvió a estar en las conversaciones en X (antes Twitter) desde el anuncio del 30 de enero de la presidencia encargada, que informó que solicitará a la Asamblea Nacional la aprobación de una Ley de Amnistía General y el cierre del elefante blanco de Roca Tarpeya.
Tras conocer ambas decisiones –además de cruzar los dedos para que se dé lo más pronto la Ley de Amnistía– recordé algunos de los trabajo que han realizado artistas plásticos venezolanos sobre esta joya arquitectónica del modernismo; en especial las muestras realizadas en Caracas por Proyecto Helicoide: «Helicoides posibles: visiones fantásticas» (2014) y «Helicoides fallidos: proyectos, ocupaciones y usos de El Helicoide de la Roca Tarpeya» (2014).

Proyecto Helicoide se creó en 2013 por la historiadora cultural Celeste Olalquiaga, una iniciativa de investigación y rescate histórico; que tenía como objetivo documentar, preservar y difundir la memoria de este edificio diseñado en 1955 por Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst; a través de una serie de exposiciones, publicaciones y actividades pedagógicas. Editaron el libro «Downward Spiral: El Helicoide’s Descent from Mall to Prison», que narra la transformación del sitio; y realizaron varias exposiciones.
Para «Helicoides posibles: visiones fantásticas» convocaron a un grupo de artistas y arquitectos a que imaginaran usos alternativos o «fantásticos» para el espacio, rescatándolo de su realidad como sede policial –en ese momento no se conocía como «centro de tortura»#. Eduardo Kairuz, Daniel Medina, Pancho Quilici, Alexander Apostol, Rodrigo Figueroa, Marjiatta Gottopo, Gerardo Rojas, Yaneth Rivas y Federico Ovalles-Ar fueron algunos de los artistas que participaron en la muestra. También los arquitectos, Ricardo Sanz, Elisa Silva y el colectivo de arquitectos ADJKM.

De esa exposición recuerdo especialmente el trabajo de Kairuz, «Thanatown», obra en la que reflexionaba sobre el vínculo del edificio con la muerte y el abandono.
La historia de El Helicoide es tan fascinante como aterradora. A mediados del siglo pasado el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) exhibió la maqueta del edificio por considerarlo «una maravilla del ingenio humano»; mientras que Salvador Dalí se ofreció para decorar el interior de la cúpula y los espacios comerciales, «fascinado por la forma de espiral». Hoy se conoce como «el mayor centro de tortura de Latinoamérica».

En qué debería convertirse El Helicoide no lo sé. A lo mejor es muy pronto para dar con esa respuesta. Lo que sí creo es que no debe desaparecer como pasó con La Rotunda –así como tampoco debió eliminarse de la medalla del Maratón CAF. El Helicoide no debe ser invisibilizado de nuevo ni callado.
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Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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