El fracaso de la otra estrategia, por Marisela Betancourt
Desde hace unos años, se ha posicionado en la opinión pública la idea de que existen dos tipos de oposición: una violenta y otra pacífica, una radical y otra moderada, una de ultraderecha y otra de centro; y que solo esta última está capacitada para mediar en un proceso de transición.
Tras el fracaso del gobierno interino en 2019 y la posterior consolidación de un entorno de normalización represiva y terror social, la oposición se ha bifurcado en dos senderos de supervivencia.
Mientras tanto, el poder de la élite dominante muta de forma cohesionada debido a que posee incentivos completamente centralizados; es decir, el chavismo en el poder no tiene razón alguna para dejarlo de forma voluntaria mientras las condiciones le permitan continuar.
Pero del otro lado, la periferia democrática, representada en todas sus formas de oposición al poder, se ha desmoronado durante años en la atomización.
Politólogas como Jennifer Gandhi explican que, ante las dictaduras, las oposiciones suelen cometer el error de imitar lógicas corporativas que erosionan la acción colectiva, una dinámica obligatoria en los procesos democratizadores.
Es así como vemos que un sector de la oposición legalizada ha intentado legitimar su accionar bajo la narrativa del centro y la moderación.
Esto nos lleva a preguntarnos de qué centro estamos hablando, considerando que el centro ideológico en Venezuela es una entelequia y que el clivaje real en esta coyuntura no se desplaza en el eje horizontal de izquierda o derecha, sino entre autocracia y democracia, entre el mantenimiento del statu quo y el cambio estructural. ¿Dónde queda el centro entonces?
Quienes promueven este centro moderado pretenden monopolizar la racionalidad calificando al gobierno de represor y a la oposición mayoritaria de insurreccional, lo cual es una falacia, toda vez que la oposición mayoritaria ha canalizado el descontento de forma estrictamente civil y electoral por lo menos desde la última década.
El centro, en este caso, no propone un equilibrio doctrinal, sino una capitulación política: un centro transaccional que acepta la tutela de facto a cambio de burbujas de flexibilización.
La reciente incorporación de figuras otrora opositoras al aparato estatal –como Oliver Blanco en la Cancillería, Eglée González Lobato en la Defensoría del Pueblo o Timoteo Zambrano en la Embajada de España– evidencia una segunda fase de cooptación obscena con mecanismos más sofisticados.
La primera etapa de cooptación masiva ocurrió en 2014 a través de la intervención de todos los principales partidos políticos de la oposición por vía del Tribunal Supremo de Justicia; pero estos nuevos actores incorporados al aparato estatal atribuyen su inserción a la premisa de que sientan las bases para una reinstitucionalización necesaria para la transición.
*Lea también: El espejo amargo, por Omar Ávila
No obstante, el poder central no ha cedido un solo espacio real de toma de decisiones, como demostró la sexta ratificación consecutiva de Jorge Rodríguez en la Asamblea Nacional frente a las propuestas de la oposición.
El error de este sector radica en un diagnóstico académico equivocado, inspirado en las teorías clásicas de transiciones pactadas, las cuales explican que la democratización surge cuando los moderados de ambos bandos cooperan.
Pero para que la moderación opositora tenga éxito, se requiere la existencia de facciones reformistas dentro del gobierno, y en el chavismo gobernante los actores blandos no existen.
Sin competencia real ni movilización de masas, la oposición legalizada queda en un limbo involuntario; no ejerce el elitismo competitivo de Schumpeter, sino un elitismo cooperativo: una estrategia que no opera como puente hacia la democracia, sino como un engranaje funcional al autoritarismo.
Marisela Betancourt es politóloga egresada de la Universidad de Los Andes y maestrante en el Centro de Estudios de América Latina (Cepsal) de la misma universidad. Consultora de análisis de entorno y riesgo, editora del newsletter «25 años de chavismo: entre la transición y la metamorfosis» y colaboradora en distintos medios de comunicación.
TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas por el autor de este artículo.





