El cara a cara de Figuera y Rodríguez, por Gregorio Salazar
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La reunión entre Dinorah Figuera, en representación de la Asamblea Nacional electa en 2015, y Jorge Rodríguez, presidente de la actual AN, puede resultar el hito más importante desde los sucesos del 3 de enero en busca de la ruta para que Venezuela retome la institucionalidad, base de la reconstrucción de la República que fue devastada durante los últimos 27 años.
Quienes estuvieron cara a cara en la reunión que sostuvieron la tarde del pasado jueves no han sido ni lejanamente coincidentes en la visión del país ni de la ruta que este debe transitar hacia un mejor destino. Todo lo contrario.
En el caso de Figuera regresa de un exilio de 8 años, durante el cual fue perseguida, vilipendiada e incluso despojada de su vivienda. Se enfrentó reciamente contra el régimen con su compañero de partido y compadre Fernando Albán, quien murió bajo custodia del régimen y, según se ha sostenido, víctima de un homicidio.
Figuera además ha sido la depositaria de bienes de la nación que fueron retiradas del control del régimen de Maduro, como Citgo y las 31 toneladas de oro que permanecen en resguardo en Inglaterra desde el 2008.
Rodríguez, por su parte, ha sido una figura cupular decisoria durante estos años de revolución chavista. Prácticamente no ha habido área de competencia gubernamental que no haya pasado por sus manos: alcalde, vicepresidente, jefe de estrategia política, presidente del CNE, presidente de la AN, jefe de campañas electorales y principal negociador en varias mesas de diálogo en representation del régimen. Pocos hicieron más que él para desconocer a la AN electa en 2015.
Las vueltas de la historia y en ese marco como detonante la supervisión del proceso por los Estados Unidos, los ha colocado en un rol histórico trascendente, sobre todo si se logra, como se anuncia, la definición de una agenda de trabajo sistemática y una hoja de ruta clara que permita la construcción de un escenario democrático, plural e institucional, orientado de manera a contribuir con la recuperación integral del país.
Las prioridades del trabajo por iniciar son tan ambiciosas como profunda ha sido la debacle del Estado de Derecho: la reconstrucción de las instituciones democráticas, el fortalecimiento de los organismos encargados de regir los procesos de votación, la restitución plena de las organizaciones de fines políticos y el establecimiento de garantías claras para todos los actores que hacen vida pública y el pleno respeto del ejercicio de la libertad de expresión.
Por supuesto que en esta ruta el objetivo de contar con un CNE creíble, como una institución fortalecida y con credibilidad cobra un papel fundamental. Son las elecciones las que permitirán la relegitimación de las instancias de poder, nacional, regional y municipal tras el triple fraude del 28 de julio del 2024 y los dos posteriores del 2025.
Y en esto tanto el perfil de quiénes integrarán el nuevo CNE y la elaboración de un cronograma con parámetros temporales razonables resultarán cruciales para la credibilidad del organismo y los comicios que organice.
Por lo pronto, la propia Figuera ha señalado que la reestructuración profunda del CNE tiene como fecha límite para entregar las reformas legislativas diciembre de 2026.
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Y en paralelo el restablecimiento de las tarjetas a las autoridades legítimas de los partidos políticos y el reconocimiento de los liderazgos en lo que, obviamente, se interpreta como la habilitación plena de los derechos políticos de la líder de la oposición María Corina Machado.
Figuera ha recalcado en este regreso al país después de un largo exilio en España que su papel es fundamentalmente institucional y centrado en el interés de la población venezolana de todos los sectores que siguen levantando las banderas de la fe, de la esperanza y de la justicia para la reconstrucción de Venezuela en todos los órdenes.
El país ha entrado en un nuevo ciclo que deberá culminar con la restitución plena de la soberanía nacional.
Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.
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