“Diastrofismos”, por Valentina Rodríguez
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A finales del año 2017 se celebró en Santiago de Chile la 13ª Bienal de Artes Mediales de Chile (BAM). El «Temblor» fue el tema de la cita, que apeló a la sismicidad no solo como un fenómeno geológico, sino como una metáfora de las crisis, tensiones y mutaciones que sacuden a las sociedades contemporáneas.
Más de 70 artistas, entre locales e internacionales, participaron con obras en distintos formatos y en las que abordaron los cruces entre arte, ciencia, tecnología y sociedad.
«Diastrofismos» fue una de las propuestas que se expusieron en el encuentro organizado por la Corporación Chilena de Video. La pieza, una instalación sonora e interactiva, realizada por Thomas Sánchez Lengeling, Yasushi Sakai y Nicole L’Huillier estuvo en los espacios del Museo de Arte Contemporáneo de Chile.
La obra está conformada por restos de edificaciones afectadas por desastres naturales. El elemento central de la instalación es un fragmento de escombro del edificio Alto Río, destruido durante el terremoto que estremeció Chile el 27 de febrero de 2010 -uno de los casos más polémicos del sacudón. Sobre su superficie, diversos dispositivos percuten el material, generando patrones sonoros. «La disposición de los artefactos en zonas de distinta densidad del escombro propicia variaciones acústicas y resonancias diversas. Los dispositivos se comunican entre sí. Cada patrón rítmico transmite sonoramente un píxel; así, tras varios ritmos, comienza a emerger una imagen resultante», detalla la presentación de la pieza.

«Diastrofismos» es la ruina viva. El escombro como testigo, protagonista y vocero del trauma. El escombro como archivo vivo del impacto de la geología, de posibles fallas gubernamentales y de la vulnerabilidad humana. «La instalación intenta ser un retrato sonoro o ‘voz’ del escombro», asegura Sanchez Lengeling en su página web, donde también detalla que esta se gestó en colaboración con la Fundación Proyecta Memoria de Chile, una organización que se dedica a proteger y poner en valor los «escombros simbólicos» para que no se pierda la memoria histórica de las catástrofes.
Llegué a esta obra fantástica y poética –que no he visto en vivo– luego de pasar días viendo imágenes de escombros, de tratar de entender –y leer– el «paisaje» actual de los lugares marcados por el doble terremoto del 24 de junio en Venezuela y de volver sobre la representación de las ruinas en la Historia del Arte. Con «Diastrofismos» recordé que el escombro no siempre se debe desechar –y nunca arrojar al mar–, que donde reina la opacidad son esenciales para contar historias y hallar responsables.
Onai Quiñonez, por Valentina Rodríguez
Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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