Destino manifiesto, siglo XXI, por A. R. Lombardi Boscán
«La guerra no restituye derechos, redefine poderes».
Hannah Arendt
Ya hablar de la independencia como mito fundacional y epicentro del discurso ideológico del poder en Venezuela ya no será posible. En menos de tres horas todo quedó hecho polvo cósmico. Traiciones, complicidades y entreguismo. Símbolos cauterizados. Patria humillada.
1902 y 1908. 2026.
1902, bloqueo de Inglaterra, Alemania e Italia sobre las costas y puertos de Venezuela «para cobrar deudas».
1908, J. V. Gómez da un golpe de Estado con apoyo activo estadounidense a cambio de petróleo.
2026, EEUU ataca a Venezuela para controlar su petróleo y espantar a China, Irán y Rusia.
Los paralelismos son evidentes. Venezuela y su soberanía siempre fueron retóricas. EEUU, por el contrario, desde 1776, ha puesto en práctica un «Destino manifiesto» que implica expansión territorial e imperial.
«El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino».
Lo anterior fue escrito por John L. O’Sullivan y publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, en el número de julio-agosto de 1845. Luego vendrían las anexiones de Texas y Oregón. Y la mitad del territorio de México.
El mar Caribe es el mar interior de EEUU. Y han asumido al resto de América Latina como su zona de influencia natural. Mientras existieron presidentes cuerdos se ejerció un tenso equilibrio entre democracia e imperio. Se procuraron guardar las formas junto a los bombazos. Hoy, las bombas son primero, y luego, la diplomacia.
La Guerra Fría (1945-1991) dio paso a una reconfiguración del poder mundial. Primero la amenaza terrorista cuajada por el resentimiento islámico de sus radicales. Luego la rivalidad comercial, tecnológica y espacial.
EEUU, que debía cobrar fuerte por su victoria sobre la URSS, se encontró desorientada por unos adversarios asimétricos en muchos focos conflictivos abiertos: Somalia, Afganistán, Libia, Kuwait, Irak y otros. A pesar de todo, su fortaleza militar nunca fue puesta en duda. Aunque se creó una matriz de opinión de que el gigante del norte ya empezaba a decaer.
Que la insurgencia de China a nivel global producto de su vertiginosa economía podría desplazar en el mediano y largo plazo la primacía de EEUU (trampa de Tucídides). Todo esto cambió con la llegada de Trump y su nueva estrategia global de reposicionar a EEUU como el imperio mayor.
En el Medio Oriente, de la mano de Israel, tienen en jaque a Irán y al extremismo islámico. El ataque a Venezuela consolidó la nueva Doctrina Monroe con su inciso o corolario: Trump. El objetivo es uno solo: América para los americanos. Rusos, chinos e iraníes o cualquier enemigo de EEUU debe abandonar el continente que funcionará bajo la tutela de EEUU.
Europa «es débil» de acuerdo a esta nueva geopolítica estadounidense. Débil respecto a rusos y chinos. EEUU quiere que Europa siga pagando peaje por la «liberación» luego de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), aunque de un modo más activo. Groenlandia es su próximo objetivo imperial.
Con Trump todas las formas se han volado por el cielo. Putin es camarada. Porque en este Nuevo Orden Mundial solo vale la razón de la fuerza. «Los poderosos hacen lo que quieren, los débiles hacen lo que pueden» (Tucídides dixit).
A China se le va a contener por todos los medios posibles. Y a países débiles e inorgánicos como Venezuela se les controlará desde un nuevo neocolonialismo más eficiente que no implique tropas en el terreno. Solo vigilancia, chantaje y el monitoreo de los colaboradores internos.
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Visto así el asunto, la tragedia de los países pequeños es doble: víctimas de poderes externos y de la miopía de élites cuya sobrevivencia política pasa por doblegarse. Como es costumbre, el pueblo no cuenta prácticamente en nada, salvo ser el eslabón más dañado de todo este proceso.
Ángel Rafael Lombardi Boscán es Historiador, profesor de la Universidad del Zulia. Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ. Premio Nacional de Historia. Representante de los Profesores ante el Consejo Universitario de LUZ
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