Deseos no empreñan, por Gonzalo González
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El refrán que titula estas reflexiones expresa con claridad que no basta con desear algo, aun intensamente, para que se realice; sugiere, sin decirlo expresamente, que es necesario ser proactivo para concretarlo.
Ella y su derivación retratan, de alguna manera, una de las carencias de la sociedad venezolana pos-3 de enero. Existe consenso sobre el deseo –inmensamente mayoritario– de cambio político; aspiración que resulta de la convicción de que ello es necesario para que la esperanza de vivir en un país libre, próspero y seguro se materialice y de que ello solo es posible mediante la política.
El problema al cual nos referimos es que la sociedad no transforma ese deseo de cambio en acción política, de que no trasciende de expresarse verbalmente o por escrito. Y eso está sobradamente demostrado aquí y en otras naciones como insuficiente.
No pasamos por alto ni subestimamos que los efectos del terrorismo de Estado aplicado por el régimen luego del fraude del 28 de julio de 2024 continúen presentes, pero me atrevo a decir que ya no parecieran existir las condiciones objetivas suficientes para que el interinato pueda ejercerlo sin pagar un altísimo costo terminal.
Al respecto de lo anterior, podemos citar dos experiencias: la española, que condujo a la transición a la democracia a la muerte de Franco, y la nuestra del 23 de enero de 1958.
En España, a pesar de que el jefe del Estado y el de Gobierno que sucedieron al dictador y buena parte de los poderes del Estado, así como los fácticos, estaban de acuerdo con la transición, fue necesaria una intensa, masiva y creciente movilización ciudadana para neutralizar a los todavía poderosos sectores refractarios a ella.
En Venezuela, en 1958, después de la huida del dictador, sectores militares afectos al régimen pretendieron copar la Junta de Gobierno provisional e imponer una integración exclusivamente castrense y que el cambio solo fuese de nombres y no de régimen. Una intensa movilización ciudadana apoyada por la joven oficialidad de la FAN abortó esa operación.
Pudiéramos citar otros casos –que, guardando las diferencias pertinentes– en los cuales la movilización ciudadana fue clave en iniciar o reforzar procesos de transición, pero creemos que los dos citados son suficientes.
Hoy nos encontramos ante el inicio de un nuevo proceso de diálogo –esta vez impuesto e impulsado por Estados Unidos– cuyo objetivo es promover una negociación que sea el comienzo de la reinstitucionalización del Estado venezolano, que comenzaría con la renovación de los poderes electoral y judicial.
La sociedad venezolana, los partidos políticos democráticos y la sociedad civil organizada deben movilizarse y presionar de diferentes formas y vías para lograr que esa posible negociación no solo se adelante, sino que su resultado sea efectivamente el inicio de la transición hacia un nuevo régimen proveniente de la soberanía popular libremente expresada y reconocida.
De lo contrario, se corre el riesgo de que el derrotero de ese proceso no se traduzca en la materialización del cambio político necesario y aspirado por la mayoría determinante del cuerpo social.
Ratificamos nuestra convicción de que el 3 de enero resquebrajó el statu quo impuesto desde el fraude del 28 de julio de 2024 y abrió una ventana de oportunidad al cambio político. Es indispensable que la sociedad se movilice en función de que esa ventana de oportunidad termine de abrirse y dé paso a la transición hacia un nuevo orden basado en la vigencia y observancia plena de la Constitución.
Esa movilización debe comenzar lo antes posible, sin esperar el regreso de María Corina para que lo lidere in situ –que sería lo ideal– porque es mucho lo que nos jugamos; casi que el futuro como sociedad.
En definitiva, hay que hacerle entender tanto a Estados Unidos como al interinato que los venezolanos no estamos dispuestos a aceptar otra cosa que no sea la reinstitucionalización plena del Estado y la instauración de un nuevo gobierno electo en elecciones prontas, libres, justas, inclusivas y verificables.
Gonzalo González es politólogo. Fue diputado al Congreso Nacional.
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