De rigor, por Marisa Iturriza
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En estos días finales del año 2025 acude a la memoria la para nosotros siniestra palabra deslave, usada para nombrar el arrasador evento que con irreparable pérdida y múltiples destrozos materiales, ocurrió en diciembre de 1999 en nuestro Litoral Central, coincidiendo con el final del ejercicio del anterior gobierno de entonces y la correspondiente entrega del mismo a la administración que actualmente manda en el país.
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Los que lo recordamos, esos decembrinos días finales de la administración anterior fueron como llorosos, nublados, húmedos, continuamente lluviosos, como premonitorios de lo que vendría y, claro, ríos, arroyos, corrientes, desagües obstruidos o inexistentes, se desbordaron ocasionando tragedias y destrozos hasta decir ¡basta! y no paraban, produciéndose damnificados a montón que ante la emergencia había que proteger, auxiliar, curar, movilizar y alojar de manera adecuada, lo cual pudo haber motivado alguna que otra contrariedad
¿Alguna? Mas de una. Miles… En fin, de una u otra manera la vida sigue.
A pesar de que las premoniciones para el futuro inmediato ¡ya! actualmente están empeñadas en amargarnos la vida más de lo que está, en contraste con lo recordado de ese trágico y doloroso deslave inicial, por lo menos en Caracas, para no entrar en comentarios sobre el costo del transporte, la falta de «real», lo caro que está todo etc., actualmente disfrutamos de temperaturas agradables, luz clara, cielos nítidamente azules, una que otra nube blanquísima y unas ganas locas de que la situación no empeore de lo que para la mayoría está, si no que entre todos -absolutamente todos- democrática y satisfactoriamente la superemos favorablemente y aquí les va lo de rigor:
¡FELIZ AÑO!
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