«Corazón en Blanco», por Valentina Rodríguez
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El corazón es uno de los símbolos más antiguos, complejos y polisémicos de la historia del arte. A diferencia de otros elementos visuales que mantienen un significado rígido, la carga simbólica del corazón ha ido sufriendo varias metamorfosis según la época, la religión, la corriente estética y la psicología del artista.
Antes de convertirse en el emblema del amor romántico, el corazón era visto como el núcleo anatómico y espiritual de la existencia humana: los antiguos egipcios consideraban el corazón como el órgano más vital del cuerpo y lo identificaban como la fuente de la inteligencia, los sentimientos, las acciones y la memoria; en esencia, el alma.
En el siglo XX, los artistas abandonan el corazón como mero «adorno romántico» para devolverle su viabilidad física y utilizarlo como metáfora de la angustia existencial, la identidad y el trauma personal. En las prácticas artísticas actuales, el corazón ha trascendido la representación individual para convertirse en un módulo de sanación social y memoria pública; en este último punto es donde me quiero detener.
El pasado 24 de julio, cuando se cumplió un mes del doble terremoto que sacudió a Venezuela, la Dirección de Cultura de la UCV ofreció un memorial efímero, «un homenaje multidisciplinario cargado de arte, memoria y esperanza». Una de las piezas centrales de la propuesta era el «Corazón en blanco» del artista venezolano Miguel Martínez Sánchez (MarSan), una escultura monumental que invitaba a ser intervenida por los asistentes con sus mensajes y deseos. La obra fue presentada durante la primera edición de «¡Hora de la Cultura!», evento organizado por la Embajada de Suiza en Caracas y el Goethe-Institut Venezuela; y visitará varios espacios.

Miguel Martín Sánchez, conocido artísticamente como Miguel MarSan, es un artista plástico, escultor y fotógrafo venezolano nacido en Caracas en 1979. Su trabajo destaca por la fusión de disciplinas, el lenguaje conceptual y la constante búsqueda de diálogo interactivo con el público.
Antes de llegar a la escultura, los asistentes al encuentro transitaron un camino lleno de reflexiones, frases y principios sobre el diálogo intercultural. ”Buscar la armonía en la voz del otro”; “Hacer puente de la palabra”; y “Valorar las manos que crean” eran algunas de las citas que se leían en telas transparentes. A medida que fueron pasando las horas el «Corazón en blanco» se fue llenando de mensajes de reconciliación, identidad, inclusión, equidad, amor y llamados a la paz.

Esta obra de MarSan me hizo pensar que quizás es una de las metáforas más acertadas del vacío, dolor y shock que han sufrido muchos venezolanos tras el doblete sísmico del Día de San Juan: millones quedamos con el corazón roto y en blanco, órgano que con los días hemos tratado de recomponer y reanimar con acciones, acompañamiento y mensajes de aliento; corazones que volverán a condiciones saludables cuando consigan justicia por el desamparo estatal tras el temblor.
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Valentina Rodríguez es licenciada en comunicación social y magíster en arte contemporáneo.
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