Ciudadanizar para democratizar, por Marisol Bustamante
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Hoy, la mejor democracia se traduce en ejercicio pleno de derechos, trazabilidad de la gestión pública, transparencia, calidad de vida y desarrollo. Por lo que el disfrute de la misma debe cumplir con las condiciones de legitimidad, en cuanto a la elección directa de sus autoridades; de autonomía, independencia de los poderes públicos; Estado de Derecho, cumplimiento de la norma constitucional; y participación ciudadana, vinculación permanente de los ciudadanos en la gestión pública.
¿Pero qué pasa cuando algunas de estas condiciones dejan de cumplirse? Se inicia un proceso de deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos, que conlleva a una reducción de los niveles de confianza de las instituciones; y, dependiendo de los factores integrantes del ecosistema político y el contexto, la crisis pudiera tomar dimensiones de alta complejidad.
Y aunque esta explicación parezca contenido de conocimiento general, no lo es; y no lo es porque el ejercicio pleno de la democracia, lejos de ser simple teoría o retórica discursiva que repiten en métricas miles de dirigentes a diario, exige mucho más que declaraciones de fe. Ser demócrata tiene que ver con el ejercicio práctico del cumplimiento y de la exigencia.
Aquí entra en juego un principio fundamental, que será el desafío para la reinstitucionalización de nuestro país: la transparencia. Sin la debida transparencia en la trazabilidad de los procesos y sin las debidas reformas en el funcionamiento del Estado, la democracia y las libertades ciudadanas que tanto anhelamos quedarán solo en palabras.
No puede existir contradicciones en el ejercicio de la democracia: si no se es capaz de identificar los elementos que afectan el buen funcionamiento de la misma y de lo que pudiera perjudicar al proceso de reinstitucionalización, difícilmente logremos avanzar en un sistema pleno de libertades. Entonces será una gran mentira la lucha política de quienes dicen dejar su vida por la democracia.
¿Qué buscan en realidad quienes simulan una lucha que al final está llena de contradicciones? ¿Qué buscan quienes no ven la política como una herramienta de organización social, sino que, por el contrario, la siguen viendo como vía para lograr beneficios personales?
La democracia es un sistema de gobierno altamente exigente para quienes ejercen cargos en la administración pública; pero no menos exigente para el sector privado y ciudadanos en general. De allí que a la reconstrucción del país le urjan liderazgos con claridad en el quehacer de la democracia y responsabilidad en el ejercicio ciudadano.
Los venezolanos tenemos otra gran oportunidad de comenzar de nuevo la carrera por una democracia distinta a la del pasado, donde sus esfuerzos e intereses giren alrededor de la gente. Es muy importante enfatizar que la sostenibilidad de la misma dependerá de entender que esta será el mejor modelo de gobierno siempre y cuando hagamos de ella una forma de vida en la cual todos debamos ejercer un rol de forma consciente (compromiso individual).
Vivir en democracia cuesta y cuesta no solo una elección en determinado período electoral (como se modeló desde antes del chavismo). Vivir en democracia cuesta el esfuerzo de reconocernos en las diferencias para llegar a los consensos que nos funcionen como sociedad y que, sobre todo, sean sostenibles para las próximas generaciones.
*Lea también: El ostracismo de Machado, por Gregorio Salazar
Marisol Bustamante es politóloga
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