Cerrar heridas para reconstruir la República, por Stalin González
Las instituciones del Estado existen para servir al pueblo, no para proteger intereses particulares. En Venezuela es necesario recuperar la institucionalidad y el Estado de derecho si aspiramos a salir de la crisis en la que nos encontramos desde hace tantos años. Recuperar esa noción básica es indispensable si queremos reconstruir el país y abrir, de una vez por todas, el camino de retorno a la democracia.
El debate de ideas, el respeto a las libertades y a los derechos de todos no son concesiones del poder, son deberes esenciales de cualquier República. El 5 de enero en nuestra primera intervención en la instalación de la Asamblea Nacional, hablamos de la necesidad de una amnistía por el reencuentro de los venezolanos, creemos que democracia sólo es posible si se garantiza el ejercicio político sin temor a represalias y sabemos que ese es el gesto de Estado que Venezuela merece.
Por ello vemos una oportunidad política que no puede ser desaprovechada en la aprobación en primera discusión de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. Esta ley debe servir, en primer lugar, para que recuperen su libertad plena todas las personas privadas de ella por razones políticas.
Pero su alcance va mucho más allá: debe ser el punto de partida para el cese de la persecución política, para el reencuentro desde la civilidad y para la reconstrucción de una República donde disentir no sea un delito, donde expresar una opinión no sea un riesgo.
Uno de los objetivos centrales tiene que ser desactivar la polarización extrema y comenzar a recomponer el tejido social. Venezuela necesita cerrar heridas, reducir la confrontación permanente y construir, al menos, consensos mínimos que permitan la coexistencia democrática.
La amnistía también implica un reconocimiento político y moral a sectores que han sido criminalizados durante años por participar, organizarse o expresar posiciones distintas al poder. Normalizar la vida política pasa necesariamente por permitir la reintegración de actores excluidos, devolverles sus derechos y abrir espacios reales de participación.
Sin pluralismo no hay gobernabilidad posible, y sin inclusión no hay estabilidad institucional duradera. Esto representa un primer paso para la reconstrucción de la república. Es indispensable dejar claro que este instrumento no puede traducirse en impunidad frente a crímenes graves, violaciones sistemáticas de derechos humanos o delitos de lesa humanidad.
La reconciliación verdadera solo es posible cuando se respetan los límites que impone la justicia. No es un olvido a los daños ocasionados por el extremismo, es un paso importante para reencontrarnos como país. Sabemos que muchos venezolanos miran estos procesos con desconfianza, cansados de promesas incumplidas y de acuerdos que nunca se tradujeron en mejoras concretas.
*Lea también: La amnistía desde siempre en la historia de Venezuela, por Rafael A. Sanabria M.
La política durante muchos años les falló. Esa desconfianza es comprensible. Sin embargo, esta sigue siendo una vía pacífica para construir soluciones que beneficien a la inmensa mayoría que exige respuestas. Con trabajo, la ley puede ser un medio para que la política vuelva a estar al servicio de las personas y de sus necesidades.
Hoy más que nunca, el país necesita hechos y no discursos. Si se habla de reconciliación, hay que demostrarla con acciones. Si se invoca la Constitución, hay que respetarla. La política solo tiene sentido si sirve para aliviar el sufrimiento de la gente y abrir un horizonte de futuro para Venezuela. Que este sea el trayecto para hacer nación desde la política, desde lo civil y desde las libertades y derechos para todos.
Stalin González es político, abogado y dirigente nacional del partido Un Nuevo Tiempo
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