Carta abierta al secretario general de la ONU, por Estilito García
Respetuosos saludos, señor Antonio Guterres:
Como es sabido, el principal organismo internacional del planeta es el de las Naciones Unidas (ONU). El más elemental de sus objetivos se traduce en «cuidar y defender a los ciudadanos del mundo de tiranos y dictadores», velando así por el supremo y sagrado Derecho del individuo como es la libertad, tal como lo clarifica la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada el 10 de diciembre de 1948, cuya inspiración y práctica esencial no es otra que la de respetar y abogar fielmente por las decisiones soberanas de los pueblos por encima de cualquier otro propósito.
El carácter de régimen totalitarista, violador sistemático de los Derechos Humanos fundamentales, incluido, obviamente, el de la vida misma de los ciudadanos, que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela, está sustancial y contundentemente documentado en todas y cada una de las instancias de todos los organismos internacionales. Sendos informes, oficializados e instruidos por ellos mismos, reposan en sus arcas desde hace años, con actualizaciones periódicas que, una tras otra, se han visto superadas.
Como «maquinaria de represión consciente y planificada» describe al régimen venezolano, la Misión Internacional Independiente de determinación de Hechos de la ONU, creada en septiembre de 2019.
Además de reprimir, acosar, encarcelar arbitrariamente, torturar y hasta observarse como responsable de ciudadanos fallecidos bajo su custodia; una de las aberraciones mas descaradas es haber desconocido, delante de todo el mundo, el resultado real de la elección presidencial del 28 de julio de 2024, cuyos fidedignos escrutinios son de exacto conocimiento de la ONU y su Secretario General.
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¿Qué rol le corresponde? ¿Qué obligación moral natural debe condicionar la actuación urgente del Secretario General Antonio Guterres en este momento, que no sea responder a la decisión soberana del Pueblo venezolano de ese 28 de julio? Cuando le sea solicitado y exigido su pronunciamiento, como en efecto lo hacemos, no puede haber indiferencia señor Guterres, menos aún ambivalencias que supongan o reflejen «colaboraciones». El Pueblo venezolano clama por libertad y, además, por respeto a su voluntad soberana. Ya soportó en demasía y con extremada nobleza, la inacción de La ONU y sus resoluciones esquivas y carentes de Justeza, Justicia y Responsabilidad.
Pronúnciese, señor Guterres, cuídese de los influjos de la maldad, apóyese en sus principios de buen cristiano. Deje que sea el raciocinio soportado en la verdad verdadera lo que sostenga sus decisiones. Venezuela es un hervidero, usted lo sabe. Los tiempos que vivimos los venezolanos se visualizan en fase crucial muy delicados, la historia nos trajo hasta acá.
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